Autoridades iraníes presionan a manifestantes y familias para presentar víctimas de la represión como miembros del Basij atacados por protestas recientes en Irán.
Presiones para falsificar pertenencia al Basij y justificar muertes
Relatos procedentes del interior de Irán describen presiones de agentes del régimen sobre manifestantes y familiares para presentar a personas asesinadas como integrantes del Basij supuestamente atacados por manifestantes. Tres activistas iraníes antirrégimen en Reino Unido y Canadá recibieron los testimonios a través de conocidos dentro del país y los remitieron para difundir los hechos pese al apagón de internet y la represión, que incluyó miles de muertes durante la reciente ola de protestas.
Las exigencias de atribuir pertenencias ficticias a milicias buscan, según esos relatos, una justificación retroactiva del uso de fuerza letal generalizada. No hubo corroboración independiente, aunque las versiones coinciden con informes citados por la ONU. Un residente de Teherán explicó que obligan a familias a pagar por las balas, a aceptar horarios y lugares de entierro, y a declarar en la televisión estatal que la víctima pertenecía al Basij y murió por ataques de manifestantes.
Testimonios recientes difundidos por Iran International, un medio vinculado a disidentes, refuerzan el patrón descrito: autoridades exigen pagos antes de liberar cuerpos de manifestantes asesinados. Observadores de derechos humanos indicaron que, en algunos casos, ofrecen la entrega sin pago si las familias aceptan carnés póstumos de pertenencia al Basij. Informes sobre confesiones forzadas aparecieron citados por el Relator Especial de la ONU durante una sesión del Consejo de Derechos Humanos.
Activistas y especialistas señalaron que las protestas antigubernamentales desde finales de diciembre y la respuesta letal del régimen carecieron de precedentes por su escala. Human Rights Activists News Agency, con sede en Estados Unidos, informó el martes de al menos 6.126 personas muertas. La agencia advirtió que el número podría resultar mayor y citó verificaciones de activistas dentro de Irán pese a restricciones y apagones que impidieron una imagen completa.
Puntos clave extraídos de testimonios y reportes citados
- Obligaciones a familias para pagar balas y aceptar entierros bajo condiciones.
- Exigencia de carnés póstumos del Basij a cambio de liberar cuerpos sin cobro.
- Relatos sin corroboración independiente que coinciden con referencias de la ONU.
- Señalamientos de miles de muertos y de manipulación post mortem de identidades.
Casos de Saeed Golsorkhi y Mohammad Zareh narrados por familiares

Un familiar de Saeed Golsorkhi, de 31 años y residente en Shahrud, describió que recibió disparos el 9 de enero durante las protestas nacionales. Mientras lo atendían en un hospital, fuerzas de seguridad irrumpieron para detener a heridos, aunque él salió del lugar y se refugió en casa de su madre. Días después, efectivos armados entraron en la vivienda y lo sacaron por la fuerza, con golpes y amenazas según la misma familia.
De acuerdo con ese testimonio, lo presionaron para firmar documentos que lo presentaban falsamente como miembro del Basij. Según el familiar, esa maniobra permitiría a las autoridades sostener que manifestantes lo atacaron y no fuerzas gubernamentales. Tras negarse, le dispararon en la cabeza y la espalda. Imágenes enviadas a activistas mostraron un cuerpo con hematomas severos y heridas de bala en el ojo derecho y el torso, de acuerdo con esa descripción.
Los activistas añadieron que uno de los hermanos de Golsorkhi cayó detenido la semana pasada después de permanecer oculto durante varios días, y que su paradero continúa sin conocerse. En conjunto, las versiones difundidas por la familia apuntaron a coacciones para fabricar pertenencias al Basij como paso previo a un relato oficial que exculpara a las fuerzas de seguridad y trasladara la responsabilidad a los manifestantes.
Un familiar de Mohammad Zareh, de 40 años y oriundo de Isfahán, relató a un activista del Reino Unido un caso similar. Según esa fuente, integrantes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica lo abatieron con munición real y exigieron dinero a la familia para entregar el cuerpo. Primero lo acusaron de vínculos con ISIS; más tarde, sin pruebas, medios estatales lo presentaron como mártir y miembro del Basij muerto durante las protestas.
Cifras de muertos, arrestos y control social reportadas por HRANA en Irán
Human Rights Activists News Agency informó de al menos 6.126 muertos y precisó un recuento verificado por activistas dentro del país. Según su desglose, hubo 5.777 manifestantes muertos, 214 integrantes de fuerzas afiliadas al gobierno, 86 niños y 49 civiles no participantes. La agencia alertó que las protestas fueron sofocadas con brutalidad unas dos semanas atrás y que el total real podría resultar mayor, con algunos grupos que mencionan decenas de miles.

La misma organización señaló más de 41.800 arrestos. El gobierno iraní situó el total en 3.117, aseguró que 2.427 correspondían a civiles y fuerzas de seguridad, y calificó al resto como terroristas. En episodios anteriores, la teocracia subcontó o no informó víctimas mortales, y el apagón de internet dificultó una evaluación clara. Las afirmaciones oficiales contrastaron con los recuentos alternativos y con testimonios que circularon desde diversas ciudades.
Un residente de Teherán que usó el seudónimo Amir describió un ambiente completamente controlado. Dijo que, ante cualquier sospecha, agentes revisan teléfonos y que el detalle más pequeño puede derivar en un grave peligro. También señaló medidas visibles en espacios públicos: bancos y otros lugares permanecen cubiertos con láminas de hierro, como prisiones o bóvedas, y la entrada a centros comerciales quedó bajo fuerte custodia de varias fuerzas de seguridad.
Según Amir, controles que antes requerían un único guardia de seguridad ahora involucran tres, cuatro o cinco efectivos del régimen. La percepción de normalidad que el gobierno intenta proyectar, afirmó, oculta una realidad distinta para quienes circulan por la ciudad y viven bajo vigilancia constante. En ese contexto, la vida cotidiana quedó asfixiada por inspecciones, amenazas y el temor persistente a nuevas detenciones y a un uso letal de la fuerza.
Cortes de internet, llamados a sanciones y abusos en hospitales en Irán

En notas de voz, Amir pidió una intervención de la comunidad internacional y sanciones contra responsables de tácticas letales. Preguntó cuánto tardarán en sancionar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y subrayó que cada hora de retraso implica más arrestos, torturas y asesinatos. Una mujer identificada como Ava, de 33 años y residente en Teherán, solicitó ayuda externa y afirmó que Estados Unidos no actuaba, por lo que apeló a apoyos y difusión.
Ava señaló que, tras una reconexión parcial de internet desde la noche anterior, era probable un nuevo corte ese mismo día, lo que devolvería el silencio. En paralelo, el jefe de la empresa de telecomunicaciones de Irán dijo el sábado a medios locales que el servicio se restablecería en los próximos días, aunque resultó difícil determinar el alcance real de la reconexión por falta de detalles y por la situación en terreno.
La mujer, que llegó a Teherán esa semana desde otra zona del país, sostuvo que las secuelas resultaron aún peores en ciudades pequeñas. Afirmó que en localidades de veinte o treinta mil habitantes se reportaron cifras de cientos o más, con referencias a mil muertos o a 700 u 800 en algunos casos. Describió escenas que, a su juicio, superaron una matanza masiva y calificó lo visto como horroroso.
Un activista en Canadá añadió el relato de un médico iraní de Isfahán que informó de cientos de muertos en zonas periféricas, además de atrocidades dentro de la ciudad. Según esa versión, fuerzas del régimen atacaron un hospital y entraron al quirófano durante el incidente descrito. Dispararon contra personal sanitario que intentó impedir la sustracción de un cuerpo y retiraron cadáveres a la fuerza, con pérdidas de médicos y trabajadores valiosos.
