Un alto diplomático árabe declaró que, aunque el aparente asesinato del líder supremo de Irán, Alí Jamenei, supone un golpe severo para la República Islámica, el régimen en Teherán se preparó para afrontar ese escenario y mantener su funcionamiento pese a la pérdida del dirigente.
A principios de este mes, The New York Times informó que Jamenei activó planes minuciosos para su sucesión y estableció cadenas de mando de emergencia, con el objetivo de responder si él u otros altos responsables eran asesinados en eventuales ataques estadounidenses o israelíes.
Según el reporte, entre esas previsiones figuró la elevación del leal Ali Larijani para gestionar la crisis. El periódico señaló que ese esquema buscaba asegurar la continuidad del poder y ordenar la respuesta del aparato estatal en una situación de máxima presión.
“Irán sabe que Estados Unidos quiere que esta campaña militar termine lo antes posible y tratará de alargarla”, afirma el alto diplomático árabe. En su valoración, Teherán entiende que Washington persigue un cierre rápido y ajustará su estrategia para estirar la guerra.
“En este momento, la mera supervivencia se consideraría una victoria” para el régimen, añade el diplomático, que habla bajo condición de anonimato. Su lectura sitúa el objetivo inmediato del poder iraní en sostenerse ante el embate y resistir el momento crítico.
Los ataques de represalia de Irán contra los Estados árabes vecinos dañaron aún más su posición en la región. Sin embargo, Teherán espera que esas acciones lleven a los países afectados a intensificar su presión sobre Washington para que concluya antes su campaña militar, especula el diplomático.
