Teherán enfrenta amenazas sobre liderazgo, nucleares e infraestructura, pero conserva misiles y aliados capaces de golpear bases y rutas petroleras en la región.
La asimetría militar abre opciones de ataque y cálculo de represalia
Tras la decisión del gobierno de Estados Unidos de concentrar fuerzas en Oriente Medio, Irán queda expuesto a posibles ataques del ejército estadounidense. Esas acciones podrían apuntar a la dirigencia política, la alta jerarquía militar, las instalaciones nucleares y la infraestructura crítica. La asimetría ya era amplia y se profundizó después de la guerra del año pasado con Israel y tras las recientes protestas antigubernamentales, según el contexto descrito.
Aun con esa desventaja, Irán conserva capacidad para dañar a fuerzas y aliados de Estados Unidos. Ese margen puede sostener un cálculo de supervivencia: si Teherán concluye que la continuidad de la República Islámica está en riesgo, puede decidir que debe emplear sus recursos militares. En estimaciones israelíes, pese a las grandes pérdidas de junio, Irán mantiene cientos de misiles con alcance suficiente para impactar en Israel.
Además del inventario de largo alcance, Teherán dispone de un arsenal mayor de proyectiles de menor alcance. Esos sistemas pueden atacar bases estadounidenses en países del Golfo y fuerzas desplegadas en alta mar, donde pronto operará un segundo portaaviones. En ese marco, el gobierno iraní advirtió que podría cerrar el estrecho de Ormuz, una vía esencial del comercio mundial de petróleo, y afirmó que lo cerró parcialmente durante ejercicios militares.

Las advertencias incluyeron mensajes sobre el uso de fuerza contra objetivos estadounidenses. El líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, dijo que Irán podría hundir buques de guerra estadounidenses. Altos funcionarios añadieron que un ataque de Estados Unidos provocaría una guerra regional y, ante la ONU, el embajador Amir Saeid Iravani declaró que “todas las bases, instalaciones y activos de la fuerza hostil en la región” serían objetivos legítimos.
Principales amenazas y capacidades mencionadas en el intercambio de mensajes
- Posibles ataques estadounidenses contra dirigencia, jerarquía militar, sitios nucleares e infraestructura crítica iraní.
- Cientos de misiles iraníes con alcance para impactar en Israel, según estimaciones israelíes.
- Proyectiles de menor alcance capaces de atacar bases de EE. UU. en el Golfo y fuerzas en alta mar.
- Advertencias sobre el estrecho de Ormuz y un cierre parcial durante ejercicios militares, según Irán.
- Declaración ante la ONU sobre bases e instalaciones estadounidenses como objetivos legítimos en la región.
Daños de la guerra de junio y opciones iraníes contra fuerzas de EE. UU.
El cruce de mensajes llegó después de la guerra de 12 días de junio. Durante ese conflicto, Israel ejecutó ataques intensos contra misiles iraníes de mayor alcance, la jerarquía militar y el programa nuclear. Estados Unidos atacó los principales sitios nucleares, y el presidente Donald Trump afirmó que habían sido “aniquilados”. Sin embargo, el alcance real del daño y el grado de reconstrucción permanecen sin esclarecer.
Hasta el alto el fuego, Irán sostuvo lanzamientos de misiles y drones contra Israel y con frecuencia logró superar sus defensas antiaéreas. Danny Citrinowicz, experto en Irán del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel, señaló que el arsenal de menor alcance quedó en gran medida intacto. Ese factor puede empujar a Teherán a ordenar represalias contra decenas de miles de efectivos estadounidenses desplegados en Qatar y Arabia Saudita.

El mismo experto vinculó el riesgo a despliegues en Jordania, Emiratos Árabes Unidos y otros puntos. En Estados Unidos, análisis recientes plantearon una conclusión similar. Nate Swanson, jefe del Proyecto de Estrategia sobre Irán del Atlantic Council, escribió en Foreign Affairs que Irán puede ser débil, pero aún tiene formas de infligir dolor real a Estados Unidos. Añadió que los funcionarios iraníes sienten presión por golpear a Trump.
Existen precedentes cercanos de acciones directas contra objetivos estadounidenses. En 2020, tras el asesinato de su principal general, Irán disparó misiles contra una base de EE. UU. en Irak. Cerca del final de la guerra del año pasado atacó otra base en Qatar. Ambos ataques, según el relato, tuvieron aviso previo; causaron daños, pero no víctimas mortales, porque los sistemas de alerta temprana y las defensas antimisiles respondieron.
Presión regional, petróleo y negociaciones sobre el programa nuclear
Irán también puede planear ataques fuera de su entorno inmediato. Ha sido acusado de utilizar bandas criminales y grupos armados para planear o ejecutar operaciones en distintos países, con atentados contra disidentes, israelíes y objetivos judíos. Los bombardeos israelíes del año pasado mataron a generales de alto rango y científicos nucleares, y expusieron vulnerabilidades. En un momento, Trump afirmó que EE. UU. sabía dónde se escondía Jamenei y lo llamó “objetivo fácil”.
En ese marco, y tras la captura del líder venezolano Nicolás Maduro, Trump podría evaluar ataques dirigidos a eliminar a la dirigencia para derribar la teocracia chiita iraní, algo que dijo que “sería lo mejor que podría pasar”. No obstante, ocho meses después, autoridades iraníes tuvieron tiempo para corregir fallos y reforzar la seguridad interna. Citrinowicz indicó que existe un plan: el poder pasaría a un pequeño comité si asesinan a Jamenei.

Aun con planes de contingencia, expertos sostienen que la muerte de Jamenei, de 86 años y en el poder desde hace más de tres décadas, no implicaría por sí sola el colapso de la República Islámica. El control podría recaer en un miembro del círculo íntimo, como ocurrió en Venezuela, o en la Guardia Revolucionaria iraní. Mientras tanto, aliados de Washington expresan inquietud por una guerra regional, y Benjamin Netanyahu advirtió una respuesta masiva ante ataques contra Israel.
La preocupación se extiende al Golfo. Estados árabes desconfían de Irán y dependen de Estados Unidos para su defensa, pero rechazan quedar involucrados en un conflicto; Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, con miles de militares estadounidenses, dijeron que no permitirían el uso de su espacio aéreo. Un diplomático del Golfo habló de contactos para frenar la escalada y citó consecuencias graves, como un aumento del precio del petróleo.
Ormuz como punto de presión y dudas sobre uranio e inspecciones
Irán cuenta con aliados: los hutíes en Yemen, grupos armados en Irak, Hezbolá en Líbano y Hamás en territorios palestinos. Sin embargo, su Eje de la Resistencia sufrió pérdidas severas en los combates que se expandieron por la región tras el ataque de Hamás de octubre de 2023 contra Israel desde Gaza. En objetivos próximos a Irán, el estrecho de Ormuz ofrece un punto de presión adicional para Teherán.
Cerca de una quinta parte del petróleo comercializado pasa por ese paso marítimo, frente a la costa iraní. La Marina de Estados Unidos mantiene el compromiso de conservar abierta esa ruta, aunque ataques iraníes podrían alterar el flujo, como los hutíes, mucho más débiles, lograron hacerlo en el mar Rojo durante gran parte de los últimos dos años. En el enfrentamiento actual, Irán no amenazó de forma explícita con atacar el estrecho, pero lo cerró parcialmente durante maniobras.

Más allá de Ormuz, otros activos petroleros críticos quedan al alcance. En 2019, ataques contra infraestructura redujeron temporalmente a la mitad la producción de Arabia Saudita; los hutíes de Yemen asumieron la autoría, pero funcionarios estadounidenses responsabilizaron después a Irán. En paralelo, Trump modificó su enfoque: tras amenazas iniciales por la muerte de manifestantes, reorientó la presión hacia el programa nuclear y advirtió “cosas malas” sin un acuerdo.
El jueves, ambas partes celebraron en Ginebra otra ronda de conversaciones indirectas, descrita como potencialmente decisiva. Irán sostiene que su programa nuclear es pacífico, aunque enriquece uranio a niveles sin aplicación civil, y mantiene su objetivo de destruir a Israel. Estados Unidos y potencias occidentales sospechan desde hace tiempo una búsqueda de armas; después de que Trump descartó el acuerdo de 2015, Irán aceleró el enriquecimiento y acumuló reservas cercanas al grado armamentístico.
Daño en sitios nucleares y bloqueo de inspecciones tras los ataques
En junio, ataques estadounidenses e israelíes alcanzaron los principales sitios iraníes y causaron daños significativos en superficie. Persiste la incertidumbre sobre si el uranio enriquecido salió antes de los bombardeos o quedó sepultado. Irán afirma que desde entonces no ha podido enriquecer, pero también bloqueó inspecciones. Esa combinación deja sin esclarecer el estado real del programa y limita verificaciones externas en un contexto de presión política y militar.
En paralelo, el debate sobre una escalada se cruza con el cálculo de riesgos regionales y energéticos. La posibilidad de represalias contra bases y activos de Estados Unidos, junto con amenazas sobre Ormuz y sobre infraestructuras petroleras, amplifica la inquietud de aliados de Washington. En el relato, esa tensión convive con negociaciones indirectas en Ginebra, donde la presión estadounidense se concentra en el expediente nuclear y en la exigencia de un acuerdo.

El escenario descrito combina capacidades militares dispares, daños no cuantificados y advertencias explícitas. Israel golpeó misiles de largo alcance y mandos, Estados Unidos atacó sitios nucleares y Trump afirmó que quedaron “aniquilados”, pero el texto subraya que el alcance real del daño permanece abierto. Irán, por su parte, sostuvo ataques hasta el alto el fuego y conserva recursos de corto alcance que, según expertos citados, mantienen el riesgo para fuerzas estadounidenses.
Con ese trasfondo, el intercambio público de amenazas y la cautela de gobiernos del Golfo retratan un equilibrio frágil. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos dijeron que no permitirían el uso de su espacio aéreo, mientras líderes regionales sostienen contactos con Irán y Estados Unidos para frenar la escalada. El texto sitúa el petróleo, el estrecho de Ormuz y la cuestión nuclear como ejes que conectan la seguridad regional con decisiones políticas en Washington y Teherán.
