¿Cuánto puede resistir un piloto solo, herido y escondido en territorio enemigo? Esa es ahora la pregunta que rodea a un aviador de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, después de que su F-15E fuera abatido sobre Irán.
El caza habría caído cerca de la frontera con Kuwait, en la región montañosa del sur iraní. Dos tripulantes lograron eyectarse, pero solo uno había sido rescatado hasta el momento. El otro seguía allí. Solo.
En ese escenario, el tiempo pesa distinto. Cualquier intento por recuperar al segundo piloto depende, en parte, del entrenamiento de supervivencia, evasión, resistencia y escape, conocido como SERE, que reciben los aviadores estadounidenses.
La eyección no deja intacto a nadie. Puede provocar fracturas, luxaciones o conmoción. Justo ahí entra el SERE: prepara al piloto para mantenerse con vida, incluso herido, el tiempo suficiente para ser rescatado o alcanzar una zona segura.
El curso, obligatorio para tripulaciones aéreas y fuerzas especiales, nació de una lección dura de la Segunda Guerra Mundial, cuando los aviadores derribados eran capturados y explotados por el enemigo. Desde entonces, el objetivo no cambió: sobrevivir, no rendirse al terreno ni al perseguidor.
La primera fase enseña lo esencial. Cómo levantar un refugio. Cómo encontrar agua segura. Cómo orientarse en un entorno hostil. Cómo buscar alimento si no queda otra salida. No se trata de comodidad. Se trata de seguir vivo.
Luego llega la evasión. Movimiento silencioso, camuflaje, formas de evitar la detección y control de la fatiga cuando la mente empieza a fallar. El principio es simple, pero brutal: resistir lo suficiente para no desaparecer antes del rescate.
Entrar a ese curso no es sencillo. Los candidatos deben completar al menos 40 flexiones en dos minutos, 8 dominadas, 48 abdominales en el mismo tiempo y correr 1,5 millas, unos 2,4 kilómetros, en menos de 11 minutos. También necesitan un nivel seguro de natación.
Es probable que el aviador desaparecido cuente con un dispositivo de localización que transmita su posición a las fuerzas estadounidenses. Si ese enlace sigue activo, Washington ya tendría en marcha un equipo de Búsqueda y Rescate en Combate, o CSAR, para intentar sacarlo.
“Esta es una situación muy, muy peligrosa a la que ahora se enfrenta el piloto”, dijo al Telegraph Chris Ryan, veterano del SAS británico. Ryan sabe de qué habla. En la Guerra del Golfo de 1991, fue el único miembro de un equipo de ocho hombres que logró evadir la captura tras una misión fallida en Irak. Recorrió casi 320 kilómetros en ocho días, bajo cero y con una pérdida de más de 16 kilos, hasta cruzar a Siria.
Para Ryan, la regla es clara. “La opción más segura para el piloto es esconderse, ocultarse y mantenerse alejado de cualquier civilización”. Y añadió: “Cuando caiga la noche, pueden pensar en moverse. Pero si lo hacen durante el día, serán capturados”.
El vice-mariscal del aire retirado Sean Bell, expiloto de Harrier, recordó que la eyección es un proceso violento. “No es como en Top Gun: Maverick… es un viaje bastante brutal”, dijo a Sky News. “Es probable que el piloto esté conmocionado y, aunque pueda caminar, es muy poco probable que recorra largas distancias”.
Ni siquiera un entrenamiento exhaustivo asegura el desenlace. En la Guerra del Golfo de 1991, los pilotos británicos John Nicol y John Peters fueron derribados sobre Irak y pasaron siete semanas como prisioneros de guerra, sometidos a interrogatorios brutales y torturas.
En una publicación reciente para el Fondo de Beneficencia de la Real Fuerza Aérea, Nicol recordó el encierro con una frase seca: “Cuando estaba en cautiverio, hubo momentos en los que pensé que mi vida podría haber terminado. Lo peor no era la tortura en sí, sino el miedo a lo desconocido. Temía el ruido de las puertas y los pasos porque pensaba: «¿Qué van a hacer ahora?»”.
Esa es precisamente la siguiente capa del SERE. En la fase de resistencia, los alumnos aprenden a soportar interrogatorios y tortura psicológica y física. No para vencer al captor, sino para limitar el daño y proteger información sensible.
Si el piloto evita la captura, el rescate recaerá en un equipo CSAR, por lo general con helicópteros. Pero incluso entonces no habrá alivio inmediato. El rescatado será tratado como una posible amenaza hasta que se confirme su identidad. “Es algo bastante traumático”, explicó el mariscal del aire retirado Greg Bagwell. “Tienes que tratar a la persona que recoges como un ‘malo’. Te meterán a la fuerza y te llevarán hasta que se demuestre que eres quien eres”.
El problema no termina en el campo. Los expertos advierten que, si Irán captura al piloto, el valor propagandístico para Teherán sería enorme. Bell lo resumió sin rodeos: “Imagina ahora que Irán pudiera pasear a alguien por las calles. ¿Cómo dejaría eso al presidente Trump? ¿Dónde dejaría eso a los estadounidenses?”.
