Aviones cisterna de reabastecimiento en vuelo y aeronaves de carga de Estados Unidos estuvieron durante las últimas 24 horas en el aeropuerto internacional Ben Gurión, el principal terminal civil de Israel, mientras Washington acelera el traslado de medios militares a Oriente Medio y mantiene abierta la opción de usar la fuerza contra Irán.
Observadores divulgaron imágenes de los aparatos en la plataforma entre el domingo 22 y el lunes 23 de febrero, sin que una autoridad israelí aclarara el motivo del movimiento. Las autoridades tampoco indicaron si los aviones hicieron una escala logística o si se quedaron por un periodo más largo.
El uso de Ben Gurión, a pocos kilómetros de Tel Aviv y con tráfico comercial regular, incorpora un rasgo poco habitual en un despliegue que hasta ahora se concentró en bases militares de la región y en grupos navales situados en el Mediterráneo oriental y el mar Arábigo.

Lo observado —cisternas y cargueros— se ajusta a una campaña de proyección aérea sostenida. Los cisternas amplían el radio de acción y el tiempo de patrulla de cazas y aeronaves de vigilancia, y los cargueros mantienen el suministro de repuestos, municiones, equipos de mantenimiento y personal.
Un grupo de analistas de fuentes abiertas que rastrea vuelos militares y gubernamentales registró, desde mediados de febrero, más de 85 aviones cisterna y más de 170 aviones de carga con destino a la zona. Esa cifra describe un puente aéreo continuo orientado a reforzar operaciones y defensas.
En paralelo, la vía diplomática conserva un calendario inmediato. Irán y Estados Unidos fijaron para el jueves 26 de febrero una tercera ronda de conversaciones nucleares indirectas en Ginebra con mediación de Omán. En ese marco, Donald Trump advirtió que “pasarán cosas realmente malas” si no se cierra un acuerdo.

Su enviado, Steve Witkoff, sostuvo que el presidente observa con “curiosidad” que Teherán no haya “capitulado”. El canciller iraní Abbas Araqchi respondió con una frase breve: “¿Curiosos por saber por qué no capitulamos? Porque somos iraníes”.
El despliegue militar acompaña esa presión. Washington envió un segundo grupo de portaaviones hacia Oriente Medio y prevé completar el posicionamiento de fuerzas para mediados de marzo, dentro de un plan que contempla desde ataques limitados hasta operaciones más prolongadas si Trump ordena un golpe contra Irán.
El presidente declaró que el Pentágono llevará “un poder tremendo” a la zona y relacionó el refuerzo naval con la posibilidad de que la negociación fracase. En ese contexto, la percepción de riesgo también afectó la presencia diplomática estadounidense en la región.
El Departamento de Estado ordenó la salida de personal no esencial y familiares elegibles de la embajada en Beirut. Una fuente en la sede diplomática habló de 50 evacuados, y un funcionario del aeropuerto de Beirut situó en 32 a los empleados que salieron ese lunes con familiares.
Hasta la tarde del lunes 23 de febrero, Israel mantuvo el silencio sobre el paso de aviones militares estadounidenses por su mayor aeropuerto civil, y Washington no vinculó públicamente esa presencia a una misión específica. La escena coincide con un aumento sostenido de la logística aérea y naval alrededor de Irán, con la cita de Ginebra ya fechada.
