Durante cinco décadas de operaciones activas, el icónico Lockheed Martin F-16 Fighting Falcon, apodado cariñosamente “Viper” por sus operadores, ha mantenido su prestigio como un piloto de carne y hueso, lo guía a través de los cielos.
A fecha de abril de 2024, este renombrado caza ha servido en las fuerzas aéreas de 25 naciones, alcanzando temporalmente un pico de 27 países. Este número promete incrementarse en el futuro cercano. No obstante, una nueva iniciativa de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos apunta a llevar a algunos de estos F-16 hacia la autonomía aérea.
Experimentando con Vipers: Hacia un Modelo Operativo de Próxima Generación

Bajo la égida del Proyecto Venom, o Modelo de Operaciones y Experimentación de Viper de Próxima Generación, la Fuerza Aérea estadounidense planea transformar seis F-16 en laboratorios voladores para ensayar programas de pilotaje autónomo.
El teniente coronel Joe Gagnon, al frente del 85º Escuadrón de Prueba y Evaluación (TES), enfatizó el 2 de abril en declaraciones al Comando de Combate Aéreo que, aunque estos ensayos impulsarán la autonomía, un piloto siempre formará parte del sistema de control en tiempo real, asegurando la posibilidad de activar o desactivar algoritmos específicos cuando sea necesario.
Gagnon aclara: “En ningún punto un avión VENOM operará de manera completamente autónoma, sin supervisión humana”. De este modo, los Viper no se transformarán en meras máquinas de combate independientes, sino que funcionarán como apoyo adicional bajo el mando directo de un piloto humano, con quien compartirán el espacio aéreo.
Estas aeronaves autónomas están diseñadas para asistir en operaciones como combate aéreo, ataques electrónicos y la supresión de defensas antiaéreas enemigas, reduciendo la presencia humana en escenarios de conflicto y los considerables gastos asociados a la formación y cuidado de pilotos.

Mike “Pako” Benítez, en el Podcast de Pilotos de Combate, arroja luz sobre las capacidades de estos pilotos autónomos para realizar cálculos complejos que asisten al piloto humano en misiones aire-aire.
Estas aeronaves programadas permiten ejecutar misiones con precisión según las necesidades del líder humano en el campo de batalla. En palabras de Benítez: “La confianza en tus aliados pilotos de combate se forja con el entrenamiento diario…
Lo fascinante de desarrollar este piloto IA es la capacidad de replicarlo y distribuirlo a través de múltiples plataformas, manteniendo la continuidad en el entrenamiento y la confianza, algo esencial en la táctica de combate. Sabes qué esperar de ellos, sus capacidades y limitaciones, y cómo interactuar en el momento óptimo”. Este enfoque no solo mantiene, sino que refuerza la cohesión y eficacia táctica dentro del escuadrón.
Avanzando hacia la Integración de Aviones de Combate Colaborativos
El futuro de la aviación militar se centra en la sinergia entre los Aviones de Combate Colaborativos (CCA) y las plataformas de vanguardia, como los sistemas del Dominio Aéreo de Próxima Generación.
En este contexto emergente, surge la pregunta: ¿Cuál es el papel de los F-16 en esta nueva era de combate aéreo? El teniente coronel Robert Waller, líder del 40º Escuadrón de Pruebas de Vuelo en la Base de la Fuerza Aérea Eglin, Florida, proporciona claridad sobre esta transición.
Citado en la revista Popular Science el 4 de abril, Waller destaca la transformación del F-16 en un banco de pruebas para tecnologías de vuelo autónomo: “Estamos evolucionando el F-16 en un campo de pruebas para la autonomía de combate, incorporando sistemas de armamento, radar avanzado, y capacidades de guerra electrónica para evaluar cómo estas entidades autónomas interactúan con equipos y armamentos reales, más allá de la simulación”.

Este enfoque garantiza que, mientras los F-16 se preparan para volar en configuraciones autónomas, no participarán en pruebas de armamento reales, preservando la seguridad al máximo al realizar pruebas sobre aguas abiertas desde la Base Aérea Eglin en Florida.
El desarrollo del software implicará tanto a escuadrones de pruebas de desarrollo como operativos, fomentando una colaboración integral.
Heather “Lucky” Penney y los Cinco Imperativos para CCA
La perspectiva de Heather “Lucky” Penney, una distinguida veterana de la Fuerza Aérea de EE. UU. con experiencia en misiones de defensa aérea y ataque terrestre en el F-16, refuerza este enfoque hacia los CCA.
Penney, autora de los “Cinco imperativos para el desarrollo de aviones de combate colaborativos para operaciones de equipo” del Instituto Mitchell, argumenta que el desarrollo de sistemas CCA sin una integración efectiva de las dinámicas de equipo humano podría resultar en soluciones de software que no faciliten la cooperación o que sean complicadas de manejar, potencialmente erosionando la confianza en estos sistemas autónomos.

Su solución es incorporar a pilotos de combate reales en el proceso de desarrollo de los CCA, asegurando que estas tecnologías se alineen con las estrategias de equipo efectivas y transformen radicalmente el campo de batalla.
Este enfoque colaborativo, que pone a los pilotos experimentados en el corazón del desarrollo de los CCA desde sus etapas iniciales, es fundamental para el éxito del Proyecto Venom. Tal sinergia asegura que las tecnologías emergentes se integren de manera que revolucione las tácticas de combate, solidificando el papel de los F-16 como pilares en la transición hacia una nueva era de dominio aéreo.