Una red de buques y sensores aporta datos del fondo marino y de la columna de agua para mejorar navegación, ocultamiento y sonar.
La campaña combina prospección del fondo y vigilancia ambiental
Al desplegar 42 buques de investigación y cientos de sensores en el Pacífico, el Índico y el Ártico, China sostiene desde hace más de cinco años una campaña destinada a reunir datos operativos del entorno submarino. Esa base de información tiene aplicación directa en la guerra naval, porque mejora la navegación de submarinos, reduce la incertidumbre táctica y aporta referencias útiles en zonas sensibles próximas a Taiwán, Guam y el estrecho de Malaca.
Con mediciones sobre relieve del lecho marino, temperatura, salinidad y corrientes, la red describe el medio físico y también define cómo cambia el movimiento de un submarino y cómo se propaga el sonido bajo el agua. Esos factores resultan decisivos para detectar, seguir o eludir unidades adversarias, de modo que cada registro refuerza tanto el ocultamiento propio como la capacidad de localizar fuerzas enemigas en corredores disputados.
Cuando las prospecciones vuelven a los mismos corredores marítimos y los registros se actualizan de forma continua, las cartas básicas dejan paso a modelos ambientales detallados para cada ubicación. Ese salto reduce vacíos de información y facilita la preparación de misiones submarinas, porque ofrece una lectura más precisa de cada área disputada y permite anticipar con menos margen de error el efecto del entorno sobre la navegación, la discreción acústica y el empleo de sensores.

Mediante recorridos paralelos muy próximos entre sí, la flota obtiene mapas batimétricos de alta resolución con gradientes de profundidad, composición del lecho, dorsales, pendientes y capas de sedimentos. Al menos ocho buques han ejecutado misiones dedicadas de cartografía y otros diez llevan sistemas de cartografiado a bordo, de modo que la capacidad no depende de una sola plataforma y puede validarse con campañas repetidas a lo largo del tiempo.
Claves operativas de la red oceanográfica con aplicación militar
- La campaña reúne 42 buques de investigación y cientos de sensores repartidos entre el Pacífico, el Índico y el Ártico.
- Los datos principales abarcan relieve del lecho marino, temperatura, salinidad, corrientes y movimiento submarino.
- La repetición de misiones en los mismos corredores permite pasar de cartas básicas a modelos ambientales específicos.
- Las áreas citadas incluyen entornos próximos a Taiwán, Guam, Japón, Filipinas, Sri Lanka, Malaca y Alaska.
El Dong Fang Hong 3 y la red fija de sensores refuerzan la cobertura
Entre 2024 y 2025, el Dong Fang Hong 3 efectuó misiones repetidas en aguas cercanas a Taiwán, en el entorno de Guam y en sectores estratégicos del océano Índico. En octubre de 2024 inspeccionó sistemas de sensores del fondo marino cerca de Japón capaces de detectar objetos submarinos y regresó al mismo punto en mayo de 2025, un patrón compatible con tareas de seguimiento, recalibración o recuperación de datos.
En marzo de 2025, ese mismo buque trazó líneas densas de prospección entre Sri Lanka e Indonesia, con cobertura de los accesos al estrecho de Malaca. La ruta coincide con un corredor clave para las importaciones energéticas y para el tránsito naval, por lo que la reiteración de misiones en esa franja sugiere una cartografía sistemática y sostenida, más cercana a un programa de preparación operativa que a una salida exploratoria aislada.

Junto a esas operaciones aparecen misiones civiles, como estudios climáticos y análisis del fondo marino, pero los datos obtenidos admiten uso militar. Reuters ya había señalado ese perfil de doble uso en varios de los buques implicados, un rasgo que permite mantener una recopilación constante sin separar de forma nítida la investigación científica de las necesidades de la guerra submarina y antisubmarina.
A esa actividad móvil se suma una red fija con sensores en el fondo, boyas fondeadas y sistemas submarinos al este de Japón, al este de Filipinas y alrededor de Guam, además de instalaciones en el Índico, cerca de Sri Lanka y a lo largo de la cordillera Ninety East. Como esos equipos registran temperatura, salinidad, corrientes y movimiento submarino, la cobertura persiste más allá del tiempo de estancia de cada buque.
Los datos acústicos y geográficos elevan la ventaja táctica china
Al depender de gradientes térmicos, niveles de salinidad y presión, la propagación del sonido bajo el agua cambia con rapidez según la zona y la estación. Esas variaciones generan termoclinas y otras capas capaces de refractar o absorber ondas acústicas, de modo que, al cruzar esa información con la cartografía del fondo marino, resulta posible anticipar con mayor precisión el comportamiento del sonar en un punto concreto y ajustar la planificación táctica.
Con ese modelado, las fuerzas submarinas pueden identificar áreas donde el alcance de detección del sonar disminuye o se amplía. El relieve del fondo ofrece cobertura natural para maniobras de evasión, mientras el conocimiento de las capas térmicas ayuda a elegir posiciones dentro de zonas de sombra acústica, donde la eficacia del sonar enemigo baja y la discreción de la plataforma propia aumenta en operaciones de tránsito, acecho o retirada.

La misma base de datos respalda la guerra antisubmarina. Con mediciones locales precisas, los sistemas de sonar pueden ajustarse a cada entorno y elevar la probabilidad de detectar unidades que operan en esas condiciones. Además, la cartografía del lecho marino permite definir rutas probables de tránsito y seleccionar posiciones más favorables para sensores fijos o para otros sistemas de vigilancia en puntos de paso obligados.
Por eso la actividad china se concentra en áreas de alto valor operativo para Estados Unidos, como la Primera Cadena de Islas al este de Filipinas, las aguas próximas a Taiwán y Guam, además de regiones cercanas a Hawái, al atolón Wake y a rutas del Índico y del Ártico próximas a Alaska. En conjunto, esa infraestructura actúa como multiplicador de fuerza para una flota que podría llegar a 80 submarinos en 2035.
