Defensas antiaéreas rusas habrían derribado con alta probabilidad un caza Su-35S propio durante una misión de combate sobre Tokmak ocupado en Ucrania.
Tokmak bajo presión y evaluación británica sobre fuego amigo probable
En la noche del 28 de septiembre de 2023, sobre Tokmak, ciudad de Zaporiyia ocupada por Rusia, un Su-35S ruso cayó durante una misión de combate. La actualización diaria de inteligencia del ministerio de Defensa británico, difundida el 4 de octubre, evaluó con alta probabilidad que defensas antiaéreas rusas abatieron el aparato. La información no nació de un parte oficial ruso, sino de vídeos nocturnos, fotografías y mensajes publicados en canales de Telegram vinculados al conflicto.
En ese momento, Tokmak sostuvo relevancia operacional dentro del despliegue ruso en el sur, a decenas de kilómetros de la línea de contacto. La evaluación británica indicó que la pérdida se habría producido aproximadamente a veinte kilómetros detrás del frente. Ese tipo de localizaciones suele concentrar puestos de mando, con defensas antiaéreas de corto y medio alcance y un nivel de alerta elevado frente a ataques ucranianos en profundidad, sobre todo durante la noche.
El debate documental exigió separar planos que suelen mezclarse: la existencia de un aparato perdido, la causa del siniestro y la autoría del derribo. Restos o imágenes geolocalizadas acreditan la caída; la hipótesis de un misil antiaéreo requiere indicios adicionales; la atribución a una batería propia, sin reconocimiento estatal, suele quedar como inferencia. Medios occidentales y analistas citaron el razonamiento británico y, al mismo tiempo, señalaron la ausencia de confirmaciones oficiales de Rusia o de Ucrania.

Antes de esa atribución, la información se consolidó por un patrón habitual de esta guerra: imágenes parciales, publicaciones en redes y comentarios de canales próximos a cada bando. The War Zone describió que la pérdida se sostuvo durante horas en vídeos de un punto luminoso en caída y en mensajes de Telegram. Fighterbomber difundió la fotografía de un Flanker y un mensaje de despedida, interpretados como confirmación indirecta y posible muerte del piloto, sin verificación independiente.
Claves verificables del incidente y sus fuentes citadas
- Noche del 28 de septiembre de 2023 sobre Tokmak, Zaporiyia.
- Aeronave: Su-35S de las Fuerzas Aeroespaciales rusas.
- Evaluación del ministerio de Defensa británico difundida el 4 de octubre.
- Ausencia de confirmación pública de Rusia sobre fuego amigo.
- Evidencia visual y recuentos como Oryx sin atribución de autoría.
El papel del Su-35S y pérdidas documentadas con prueba visual pública
El Su-35S cumple funciones de superioridad aérea y escolta dentro de la aviación táctica rusa y figura entre los modelos más avanzados en servicio. En la actualización citada por medios británicos, la inteligencia del Reino Unido ubicó el episodio en un marco mayor: Rusia habría perdido unas noventa aeronaves de ala fija desde el inicio de la invasión. Tokmak sería probablemente la quinta pérdida de un Su-35S, con menor frecuencia confirmada frente a otros aparatos.
Oryx, un proyecto de recuento basado en evidencia gráfica y limitado a material destruido, dañado o capturado con verificación visual, incorporó la familia Su-35S en su lista. En su inventario accesible, la cifra acumulada para Su-35S aparece como ocho aparatos destruidos, sin identificación de causas caso por caso. En Tokmak, el valor de Oryx no consistió en atribuir autoría, sino en mostrar pérdidas documentadas mediante rastros visuales previos a cualquier reconocimiento estatal.

El Instituto para el Estudio de la Guerra señaló el 29 de septiembre de 2023 que defensas rusas informaron del derribo de un Su-35 cerca de Tokmak. También advirtió que la situación permanecía incierta y que fuentes rusas no reconocieron ni negaron el episodio. En un entorno donde ambos bandos emplean plataformas de origen soviético, el riesgo de identificación errónea aumenta por la superposición de perfiles y por la densidad de amenazas reales.
La actualización británica del 4 de octubre añadió contexto para explicar por qué un sistema antiaéreo puede disparar contra un avión propio sin demostrar un fallo estructural general. Según Business Insider, la inteligencia del Reino Unido consideró que puestos de mando en esas localizaciones se protegen con sistemas dedicados y permanecen en alerta elevada. En términos operativos, esa alerta reduce tiempo para clasificar contactos, coordinar con aviación y evitar respuestas automáticas de noche y bajo presión.
Reportes posteriores y estado verificable del caso hasta enero de 2026
A finales de octubre de 2023, Breaking Defense informó que, según reportes, unidades antiaéreas rusas derribaron dos Su-35S en pocos días: uno cerca de Tokmak y otro el 6 de octubre cerca de Mariúpol, con el piloto supuestamente eyectado y con vida. El texto relacionó esos reportes con posibles fallos de identificación amigo-enemigo o problemas de coordinación, además de comentarios de blogueros rusos. La secuencia se sostuvo en reportes y su reproducción, no en comunicados oficiales.
En 2024, la discusión sobre fuego amigo reapareció en Crimea y el mar Negro, con certezas desiguales. El 3 de enero, Newsweek informó un disparo de S-400 contra un Su-35 cerca de Krasnoperekopsk, sin confirmación pública. El 28 de marzo, Reuters reportó un avión ruso caído al mar cerca de Sebastopol y la eyección del piloto; el ISW recogió versiones rusas sobre fuego amigo contra un Su-27 o un Su-35.

Con todos esos elementos, el plano verificable permite afirmar un punto básico: el ministerio de Defensa británico difundió una valoración explícita con alta probabilidad sobre un derribo propio de un Su-35S sobre Tokmak. La evaluación encuadró el incidente en la presión de ataques ucranianos en profundidad y en el alto estado de alerta de defensas dedicadas a puestos de mando. En paralelo, imágenes y mensajes contemporáneos apuntan a una pérdida real del aparato.
En cambio, persisten vacíos en documentación pública: no existe una admisión rusa sobre fuego amigo en Tokmak ni un informe técnico que detalle confusión del aparato, fallos de coordinación, problemas de identificación o efectos de guerra electrónica. Tampoco aparece un parte concluyente sobre la suerte del piloto. En enero de 2026, el episodio permanece como una atribución sustentada en inteligencia británica, reforzada por rastros visuales y análisis independientes, sin investigación rusa publicada.
