Las Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos ejecutaron en el interior de Irán una misión de rescate para recuperar a un miembro de la tripulación de un F-15E Strike Eagle de la Fuerza Aérea que había sido derribado. La operación contó con apoyo de una campaña de engaño atribuida a la CIA y permitió extraer al aviador de una de las zonas con mayores defensas y trasladarlo a territorio seguro.
De acuerdo con esas versiones, el operativo combinó fuerzas de operaciones especiales de primer nivel, un ardid de inteligencia coordinado y la instalación rápida de una zona temporal avanzada de aterrizaje dentro de territorio hostil. Esa combinación permitió llegar con rapidez al militar aislado y demorar la respuesta iraní durante el intervalo necesario para completar la extracción.
Además, los reportes sitúan en la misión al SEAL Team 6, nombre con el que se conoce al Grupo de Desarrollo de Guerra Especial Naval, o DEVGRU, que es la unidad de misión especial de la Armada de EE. UU. destinada a operaciones de máximo riesgo y alta sensibilidad. La presencia de ese componente indica que se trató de una operación conjunta pensada para recuperar personal en una zona disputada y sometida a vigilancia intensa.
Después del fracaso de la Operación Eagle Claw en Irán, DEVGRU fue creado en 1980. Desde entonces opera bajo el Mando Conjunto de Operaciones Especiales junto a otras formaciones de élite, como Delta Force, y mantiene capacidad para contraterrorismo, rescate de rehenes y despliegues rápidos en operaciones sujetas a restricciones políticas y militares severas.
Aunque una parte importante de su estructura sigue clasificada, la información de fuentes abiertas y los datos reconocidos oficialmente lo describen como una unidad formada por operadores con experiencia previa en la fuerza SEAL, con apoyo de especialistas en inteligencia, comunicaciones y funciones técnicas. También suele describirse como una organización distribuida en varios escuadrones de asalto con capacidad para actuar de manera independiente, a los que se suman elementos de reconocimiento y equipos de apoyo a la misión.
Como DEVGRU obtiene a sus operadores de la estructura SEAL más amplia, conviene situarlo dentro del componente marítimo del Mando de Operaciones Especiales de EE. UU., que depende del Mando de Guerra Especial Naval. Esa estructura reúne entre 8.000 y 9.000 personas, entre operadores y personal de apoyo, y cuenta con unos 2.500 SEAL en servicio activo distribuidos en los Equipos 1, 2, 3, 4, 5, 7, 8 y 10, repartidos entre la costa oeste y la costa este para cubrir distintos teatros de operaciones.
A su vez, cada Equipo SEAL se organiza en pelotones desplegables de alrededor de 16 operadores, lo que permite actuar con unidades pequeñas y autónomas o integrarse en fuerzas de tarea conjuntas de mayor tamaño. A ello se suman unidades especializadas, como los Equipos de Vehículos de Entrega SEAL para inserción marítima clandestina, además de componentes de apoyo dedicados a inteligencia, comunicaciones y logística.
Entre las misiones principales de los Navy SEALs figuran la acción directa, el reconocimiento especial, el contraterrorismo, la guerra no convencional, la defensa interna extranjera y la interdicción marítima. Por esas capacidades, pueden operar en áreas hostiles o políticamente sensibles, con prioridad en precisión, rapidez y adaptación táctica.
Dentro de esa misma estructura, DEVGRU reúne el mayor grado de especialización. Sus operadores reciben entrenamiento en combate cuerpo a cuerpo, rescate de rehenes y operaciones contra objetivos de alto valor, además de acceso directo a la fusión de inteligencia a nivel del Mando Conjunto de Operaciones Especiales y a apoyo aéreo especializado para actuar con tiempos muy reducidos.
En el caso de la recuperación del tripulante del F-15E en Irán, la unidad habría actuado, según los reportes, como principal elemento terrestre. Su tarea consistía en localizar y asegurar al aviador, impedir su captura, obtener control táctico local inmediato y mantener un perímetro hasta completar la extracción.
Como el tiempo tenía un valor decisivo, la operación exigía coordinación precisa con aviación de operaciones especiales, activos de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, patrullas aéreas de protección y una zona temporal avanzada de aterrizaje dentro del territorio hostil. Esa exigencia respondía a que, en un escenario como Irán, las fuerzas adversarias pueden converger con rapidez una vez detectada la presencia de personal estadounidense.
Por esa necesidad operativa, el esfuerzo de engaño atribuido a la CIA habría buscado desorientar o retrasar a las fuerzas iraníes para abrir ese intervalo de acción. La planificación comparte, en sus principios, varios rasgos con la incursión de 2011 contra Osama bin Laden en Pakistán: penetración en un área sensible, integración entre inteligencia y fuerzas militares y ejecución rápida bajo alto riesgo, aunque en este caso aplicada a una misión de recuperación de personal.
