El Reino Unido desarrolla DragonFire, un arma láser de bajo costo y alta precisión para enfrentar drones y misiles con eficiencia sin precedentes.
El Reino Unido impulsa una revolución con armas láser de alta precisión
Con el desarrollo de DragonFire, el Reino Unido ha dado un paso significativo en el campo de las armas de energía dirigida. Este sistema láser, liderado por el Defence Science and Technology Laboratory (Dstl) y empresas como MBDA UK, Leonardo UK y QinetiQ, representa una nueva fase en la evolución de la defensa aérea. Desde su presentación inicial en la feria DSEI 2017, ha pasado de ser un prototipo a convertirse en una realidad operativa, capaz de neutralizar amenazas con una precisión sin precedentes.
DragonFire surge como respuesta a los altos costos de los sistemas tradicionales de defensa aérea. En un contexto donde derribar drones de bajo costo con misiles multimillonarios resulta inviable, el láser británico ofrece una solución radical: un coste estimado de £10 por disparo, comparado con los más de $2 millones que cuesta un misil Standard Missile-2 estadounidense. Este sistema, además de económico, puede mantenerse operativo indefinidamente siempre que cuente con suministro energético.
Las capacidades técnicas de DragonFire lo colocan entre los sistemas más potentes en su categoría. Utiliza una tecnología pionera de combinación de haces, que incrementa la densidad del láser y reduce el tiempo necesario para destruir objetivos. Con una potencia de 50 kW, el arma ha demostrado que puede alcanzar blancos con una precisión milimétrica, acertando a objetos del tamaño de una moneda de £1 desde un kilómetro de distancia, según datos del Ministerio de Defensa.
Su estructura modular y su diseño escalable permiten ajustar la potencia según la misión. Además, el sistema de puntería incorpora una cámara electro-óptica y un láser secundario para rastreo, lo que asegura una alta efectividad contra objetivos rápidos como drones o misiles.
Características técnicas clave del sistema láser DragonFire
- Funciona con tecnología de combinación de haces mediante fibras ópticas.
- Posee una potencia láser estimada de 50 kW.
- Su precisión permite impactar blancos de 23 mm desde 1 km.
- El costo por disparo es de aproximadamente £10 ($13 USD).
- Diseñado para derribar drones, misiles y otros objetivos de bajo costo.
Las pruebas de campo confirman su eficacia y aceleran su despliegue
Las evaluaciones del sistema comenzaron tras varios retrasos iniciales. En 2022, DragonFire se sometió a pruebas en el campo de las Hébridas Exteriores, en Escocia. Las primeras pruebas de baja potencia confirmaron su capacidad para seguir objetivos aéreos y marítimos con gran exactitud. Más adelante, en noviembre de ese año, se realizaron los primeros ensayos de alta potencia, logrando neutralizar blancos a distancias de hasta 3,4 kilómetros.
El avance más destacado se registró en enero de 2024, cuando DragonFire efectuó su primer disparo de alta potencia contra un objetivo aéreo real. Este éxito, que el Ministerio de Defensa calificó como “crucial”, marcó un paso decisivo hacia su implementación operativa en entornos reales.
Aunque el alcance exacto del sistema sigue siendo clasificado, se sabe que es un arma de línea de visión, lo que significa que puede atacar cualquier objetivo visible en su rango efectivo. Su velocidad de acción es la de la luz, lo que lo hace particularmente eficaz frente a amenazas rápidas o múltiples, como enjambres de drones.
DragonFire también se perfila como un componente clave en las estrategias de defensa de la Royal Navy, el Ejército Británico y la Royal Air Force. Se prevé su integración en buques de guerra, vehículos blindados y potencialmente en el futuro caza Tempest. Una fragata Tipo 23 y un vehículo Wolfhound serán plataformas de prueba iniciales.
Su impacto estratégico supera el ámbito tecnológico
El Ministerio de Defensa ha adelantado su cronograma de despliegue a 2027, cinco años antes de lo previsto originalmente. Esta aceleración responde a la urgencia de enfrentar amenazas como las recientes incursiones con drones en el mar Rojo. A medida que los conflictos asimétricos evolucionan, DragonFire representa una solución adaptable y económica.
A nivel internacional, el Reino Unido se posiciona como líder en este tipo de tecnología. Países como Estados Unidos, China y Rusia también desarrollan armas láser, pero el sistema británico destaca por su eficiencia operativa y precisión. Según el secretario de Defensa, Grant Shapps, esta arma reducirá la dependencia de costosas municiones y minimizará los daños colaterales.
Entre las tecnologías complementarias que podrían integrarse al sistema figura el Flywheel Energy Storage System (FESS), una innovación que garantizaría el suministro energético necesario para mantener el láser activo en situaciones críticas. El proyecto aún se encuentra en fase de investigación, pero su implementación podría aumentar la autonomía del arma.
En el plano industrial, DragonFire ha fortalecido la base tecnológica británica. Con una inversión de £100 millones financiada por el Ministerio de Defensa y empresas del sector, el programa ha generado empleos altamente calificados y consolidado la experiencia de empresas como Leonardo UK, que lidera el mercado global de láseres de alta energía.
Desafíos técnicos y proyección internacional del sistema británico
A pesar de sus avances, DragonFire aún enfrenta barreras que deben superarse antes de su despliegue definitivo. Muchos de los componentes actuales son de grado comercial (COTS), por lo que se requiere su reemplazo por equivalentes militarizados (MOTS), capaces de soportar condiciones extremas como vibraciones, temperaturas elevadas o interferencias electromagnéticas.
Empresas como Leonardo UK ya desarrollan amplificadores de fibra resistentes, mientras que MBDA y QinetiQ trabajan en reducir el tamaño, el peso y el consumo del sistema. Esta optimización es clave para adaptar el láser a plataformas móviles terrestres y navales sin comprometer su rendimiento.
Fuera del Reino Unido, DragonFire ha despertado interés por su potencial en conflictos reales. En octubre de 2024, el ministro de Defensa ucraniano, Rustem Umerov, mantuvo conversaciones con su homólogo británico sobre la posibilidad de enviar este sistema a Ucrania. Su implementación permitiría interceptar drones rusos, aunque se requerirían soluciones para garantizar un suministro eléctrico estable en medio de una infraestructura dañada.
El secretario Shapps ha sugerido incluso la entrega anticipada del sistema a aliados, antes de su entrada formal en servicio, si las condiciones lo requieren. Esta postura demuestra la flexibilidad estratégica del programa, que busca responder de manera rápida y eficaz a las amenazas emergentes.
DragonFire marca el inicio de una nueva etapa en la guerra moderna
La entrada en servicio de DragonFire está prevista para antes de 2027. Si bien sus pruebas han sido exitosas, queda pendiente evaluar su desempeño en condiciones reales de combate. Factores como la meteorología, la dispersión del rayo láser y la posibilidad de contramedidas —como superficies reflectantes— podrían reducir su efectividad en ciertos escenarios.
Sin embargo, su bajo coste, alta precisión y posibilidad de uso continuo posicionan a DragonFire como una alternativa viable y escalable frente a sistemas antiaéreos tradicionales. La tecnología también puede disuadir una escalada armamentística en el ámbito de la energía dirigida, al establecer estándares de accesibilidad y eficacia operativa.
Como sistema pionero, DragonFire representa un equilibrio entre innovación técnica y estrategia militar. A medida que se integre plenamente en las fuerzas armadas británicas, marcará un hito en la evolución de la defensa aérea, sentando un precedente para otros países que desarrollan capacidades similares.
Su potencial para redefinir la defensa en entornos complejos convierte a DragonFire en un proyecto clave para el futuro militar del Reino Unido y sus aliados. En una época en la que los conflictos se libran también en el dominio tecnológico, esta arma láser encarna el tipo de soluciones que marcarán la diferencia en los campos de batalla del siglo XXI.