Estados Unidos derribó un dron iraní Shahed-139 que se dirigía al portaaviones Abraham Lincoln en el mar Arábigo, días antes de conversaciones previstas entre Washington y Teherán.
Derribo de dron iraní en mar Arábigo por caza estadounidense
El martes 3 de febrero de 2026, Estados Unidos derribó un dron de Irán que se dirigía hacia el portaaviones Abraham Lincoln porque este operó en el mar Arábigo. Un funcionario estadounidense confirmó que el aparato era un Shahed-139 y que fue abatido por un caza F-35, según Reuters. La acción ocurrió a pocos días de unas conversaciones previstas entre Washington y Teherán, y en una fase en la que la presencia naval y aérea estadounidense en la región había vuelto a crecer con rapidez.
La escena operativa, de acuerdo con portavoces militares en declaraciones posteriores, situó al portaaviones en tránsito por el mar Arábigo a unas 500 millas de la costa sur iraní —unos 800 kilómetros— cuando el dron “maniobró” hacia el buque con un propósito no aclarado. En esa versión, el derribo se ejecutó “en defensa propia” para proteger al portaaviones y a su dotación; no se difundieron datos sobre si el dron iba armado, su altitud o el punto exacto del contacto.
El hecho de que la intercepción la realizara un avión de combate, y no un misil de escolta, encaja con la lógica de mantener el incidente lo más lejos posible del grupo naval y de conservar margen de decisión antes de activar sistemas más visibles o recordatorios de reglas de enfrentamiento. Ese grupo naval había entrado formalmente en el área de responsabilidad del U.S. Central Command el 26 de enero, cuando el Abraham Lincoln y varios destructores pasaron a operar bajo ese mando.

El despliegue se describió como un grupo de ataque con escoltas de la clase Arleigh Burke —entre ellos Frank E. Petersen Jr., Spruance y Michael Murphy— y un ala aérea embarcada capaz de sostener patrullas, guerra electrónica y alerta temprana, según seguimientos navales especializados y comunicados de funcionarios. El propio mando regional difundió imágenes que mostraron operaciones de vuelo en el mar Arábigo con F/A-18 y con F-35C en cubierta, señal de que el componente de quinta generación no era accesorio sino parte del paquete.
Detalles clave del dron y despliegue naval en la región
- Dron Shahed-139, de media altitud y larga permanencia, equiparado a Predator.
- Portaaviones Abraham Lincoln con escoltas Arleigh Burke como Frank E. Petersen Jr., Spruance y Michael Murphy.
- Acumulación de una docena de buques de guerra estadounidenses y decenas de aeronaves en bases del Golfo y Jordania.
- Ejercicios navales iraníes con fuego real en el estrecho de Ormuz el 30 de enero.
Contexto regional con acumulación de activos militares estadounidenses
El derribo del dron llegó tras una acumulación de activos que, a partir de imágenes satelitales y datos de seguimiento, situaba a comienzos de febrero en la región del orden de una docena de buques de guerra estadounidenses y decenas de aeronaves adicionales distribuidas en bases del Golfo y Jordania. En paralelo, el componente aéreo del mando, Air Forces Central, anunció ejercicios de alistamiento de varios días para demostrar capacidad de desplegar, dispersar y sostener potencia aérea en el teatro.
Un mensaje operacional que suele acompañar fases de tensión en las que se quiere cubrir desde defensa de fuerzas hasta opciones de ataque y recuperación de personal. Ese contexto es relevante porque una patrulla aérea de combate sostenida alrededor de un portaaviones no es un evento aislado: es un consumo continuo de horas de vuelo, reabastecimiento, mantenimiento y coordinación con escoltas, y se vuelve más exigente cuando se espera actividad de drones o de vigilancia rival.

En la misma ventana temporal, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica anunció ejercicios navales con fuego real en el estrecho de Ormuz. El 30 de enero, el mando estadounidense pidió públicamente que esas maniobras se desarrollaran de forma “segura” y “profesional” y advirtió contra comportamientos que aumentaran el riesgo de colisión o escalada en un corredor por el que, según el propio comunicado, transitan alrededor de 100 mercantes al día.
La advertencia incluyó un catálogo de conductas consideradas peligrosas —aproximaciones rápidas, sobrevuelo de buques en operaciones aéreas, maniobras con intención “poco clara”— que sirve como marco para interpretar por qué un dron que reduce distancias puede cruzar rápido el umbral entre vigilancia y amenaza, sobre todo cuando un portaaviones está en fase de operaciones de vuelo.
Características del dron Shahed-139 y defensa del grupo naval
El Shahed-139, citado por el funcionario estadounidense, no es un dron desechable de ataque único sino un aparato de media altitud y larga permanencia, en la familia de plataformas usadas para vigilancia persistente y, en algunos modelos, para ataque con munición guiada. Por configuración, se lo ha equiparado a un Predator y se lo ha asociado a un motor de pistón Rotax; también se ha situado su empleo en Siria para apoyar operaciones del régimen de Damasco contra Estado Islámico.
Se han recordado precedentes de abatimientos en 2019 por aviones estadounidenses en el norte de Siria y por la fuerza aérea pakistaní sobre Baluchistán. En el plano operativo, un aparato de ese tipo puede aportar imágenes, rutas de navegación del grupo naval y patrones de actividad de cubierta; un escenario plausible, a la luz de esas misiones documentadas, es que el vuelo respondiera a una tarea de reconocimiento de proximidad.

Precisamente la clase de tarea que más fricción genera cuando coincide con un despliegue reforzado. Que el derribo se atribuya a un F-35 y no a un misil lanzado desde un destructor también ofrece una pista sobre el tipo de “capa” defensiva que se activó. La defensa de un grupo de portaaviones se organiza en anillos: sensores de alerta temprana y guerra electrónica para detectar y clasificar, cazas para interceptar a distancia.
Y sistemas de escoltas para compromisos más cercanos. En esos días se detalló un ala aérea con F-35C, Super Hornet, Growler y Hawkeye, un conjunto diseñado para combinar furtividad, supresión electrónica, mando y control y persistencia. En términos de decisión táctica, derribar un dron con un caza permite una respuesta proporcional, reduce el riesgo de fragmentos o detonaciones cerca de la formación y mantiene a los buques escolta concentrados en su misión principal de defensa antiaérea y antimisil.
Contexto diplomático con conversaciones previstas en la región
En el plano diplomático, la agenda inmediata se movía en paralelo. Para el viernes 6 de febrero se preparaban conversaciones en Estambul, en Turquía, con la expectativa de que participaran el enviado estadounidense Steve Witkoff y el ministro de Exteriores iraní Abbas Araghchi, en un formato aún discutido y con invitaciones extendidas a ministros de Pakistán, Arabia Saudí, Qatar, Egipto, Omán y Emiratos Árabes Unidos.
En la misma secuencia, Teherán exploraba cambiar sede y formato —hacia Omán y en bilateral—, mientras en Israel el primer ministro Benjamin Netanyahu tenía previsto reunirse con Witkoff antes de la cita. El objetivo declarado por un funcionario regional era “evitar la guerra”, una formulación que, en la práctica, suele convivir con el uso de presión militar como palanca de negociación.

La jornada del derribo, por tanto, se asentó en una doble pista: contacto táctico en el mar y calendario diplomático en tierra. En Teherán, el presidente Masoud Pezeshkian habló de negociaciones “justas” y ordenó a su cancillería avanzar en esa dirección, y el líder supremo Ali Jameneí advirtió que un ataque estadounidense desencadenaría una “guerra regional”.
Lenguaje que suele acompañar momentos de preparación interna y disuasión externa. En Dubái, el asesor diplomático emiratí Anwar Gargash pidió evitar una guerra y reclamó negociaciones directas. Porque esos mensajes se emitieron, el Abraham Lincoln continuó con operaciones junto a sus escoltas en el mar Arábigo y el contacto con el dron quedó como el último hecho verificable de una secuencia que combina despliegue, vigilancia de proximidad y gestión de umbrales antes de una cita política marcada en el calendario.
