La Fuerza Aérea de Estados Unidos ha elevado el ritmo de operaciones de los E-3 Sentry de alerta temprana y control aerotransportado en Oriente Medio, en medio de un despliegue sin precedentes sobre Jordania, el norte de Arabia Saudí, el sur de Irak y el Mediterráneo oriental.
Según la información reportada, estos AWACS han pasado a cumplir una función clave en la detección persistente de drones y misiles iraníes lanzados contra objetivos en Jordania e Israel, después de la destrucción de buena parte de la red de radares terrestres de alto valor. La cobertura aérea, sin embargo, depende de reabastecimientos en vuelo cada cuatro a seis horas y no compensa de forma óptima las pérdidas en tierra, debido a la antigüedad de los sensores del E-3 y a que el sistema no fue concebido para la defensa frente a misiles balísticos.
También se ha confirmado que 17 instalaciones militares estadounidenses han sido atacadas por Irán desde que Estados Unidos e Israel iniciaron una ofensiva militar contra ese país el 28 de febrero. En ese contexto, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica habría destruido sistemas de radar valorados en 2.700 millones de dólares.
Entre los equipos destruidos figura el único radar AN/FPS-132 ubicado fuera de territorio estadounidense, emplazado en Catar. A esa lista se suman dos radares AN/TPY-2 pertenecientes a sistemas THAAD desplegados en Jordania y en Emiratos Árabes Unidos. Antes del inicio de los ataques contra Irán, la Fuerza Aérea de EE. UU. ya había trasladado a Oriente Medio y Europa la mayor parte de su flota operativa global de E-3. Estas aeronaves llevan los radares aerotransportados más grandes del mundo y se emplean para coordinar el espacio de batalla táctico mediante enlaces de datos que mejoran la conciencia situacional de las redes antiaéreas estadounidenses y aliadas.
La situación también ha reavivado las dudas sobre la viabilidad de la flota E-3. Las tasas de disponibilidad han caído de forma marcada tras décadas de servicio, mientras que sus radares y sistemas de aviónica son considerados cada vez más obsoletos. Esa limitación reduce la capacidad de detección frente a amenazas furtivas, como los drones Shahed 191 de Irán, y aumenta la exposición a la guerra electrónica.

Pese a ello, el Departamento de Guerra ha impulsado desde 2025 la cancelación de los planes de adquisición del E-7, llamado a sustituir al E-3. La decisión ha generado controversia, ya que esos aparatos son vistos como una necesidad urgente y reflejan, al mismo tiempo, una fuerte presión sobre el presupuesto de la Fuerza Aérea. Aunque los E-3 pudieron sostener una presencia continua en torno a Irak durante la Operación Tormenta del Desierto de 1991, esas mismas aeronaves son hoy mucho más viejas y menos numerosas, y mantenerlas en condiciones de vuelo exige un esfuerzo mucho mayor.
En paralelo, la Real Fuerza Aérea Australiana desplegó el 11 de marzo un E-7 en la región del golfo para respaldar las operaciones de defensa aérea. Ese movimiento coincide con la participación creciente de países occidentales en el esfuerzo bélico contra Irán.
Al mismo tiempo, el Ejército de Estados Unidos ha retirado sistemas de defensa aérea terrestre, incluidos radares de alto valor, de distintos puntos del mundo para redesplegarlos en Oriente Medio. Entre esas posiciones figuran emplazamientos avanzados de importancia estratégica en Corea del Sur.
Las fuerzas estadounidenses e israelíes también han recibido datos de alerta temprana proporcionados por Turquía, que opera un radar antibalístico AN/TPY-2 en la estación de Kürecik. Ese sistema entró en servicio en 2012 con el propósito específico de apoyar la defensa aérea de la OTAN e Israel frente a Irán y Siria.
Además, es probable que los sistemas turcos S-400 de defensa aérea de largo alcance, dotados de capacidades avanzadas para el seguimiento de misiles, también hayan sido utilizados para apoyar las operaciones defensivas de Estados Unidos e Israel.
