De acuerdo con Tactical Report del 31 de diciembre de 2025, Egipto pretende obtener derechos ampliados de producción dentro de las conversaciones con Francia para la compra de submarinos Barracuda. Esta exigencia ha frenado la firma del contrato, pese a que el paquete contempla cuatro unidades convencionales valoradas entre 4.500 y 6.000 millones de euros, destinadas a reemplazar submarinos Romeo obsoletos sin generar vacíos operativos inmediatos.
El diálogo entre Egipto y Francia sobre la posible adquisición de submarinos Barracuda continúa abierto y, según los datos disponibles, se orienta a un programa de cuatro plataformas de propulsión convencional. La entrada en servicio del primer submarino se proyecta entre 2032 y 2035, con un coste estimado de entre 4.500 y 6.000 millones de euros, condicionado por la configuración, el armamento, la infraestructura y la implicación industrial.
Las negociaciones no han alcanzado la fase contractual porque Egipto persigue condiciones que superan una compra puntual. Entre ellas figuran derechos de fabricación local y la posibilidad de exportaciones futuras, lo que modifica el alcance tradicional del acuerdo. El planteamiento egipcio busca un marco industrial duradero y no una simple adquisición de plataformas terminadas.
Desde la óptica egipcia, el Barracuda permitiría sustituir cuatro submarinos Romeo envejecidos y, al mismo tiempo, complementar a los cuatro Type 209 entregados entre 2016 y 2021, sin provocar un déficit temporal de capacidades. El principal factor de retraso radica en la exigencia de fabricar localmente derivados del Barracuda, una condición que altera de forma sustancial la estructura del acuerdo.
El Cairo no plantea un rol limitado al ensamblaje final, sino un esquema que otorgue a sus astilleros una responsabilidad creciente en la construcción del casco, la integración de sistemas y el apoyo a largo plazo. Este modelo se asemeja a programas navales previos, donde la transferencia tecnológica y la producción nacional constituyeron pilares centrales del contrato.
La fabricación de submarinos implica procesos estrictamente controlados, cadenas de suministro extensas y tecnologías sensibles de difícil transferencia completa. Por ello, gran parte de las conversaciones se ha centrado en definir el alcance de la producción local, el reparto de tareas entre la industria francesa y la egipcia, y la viabilidad a largo plazo del esquema propuesto.
Otro punto relevante del diálogo es la solicitud egipcia de derechos de reexportación para derivados del Barracuda producidos localmente. Esta opción permitiría a El Cairo ofrecer versiones adaptadas a terceros países en el futuro, lo que introduce consideraciones adicionales sobre control tecnológico y comercial dentro del acuerdo.
Para Francia, estas demandas plantean interrogantes sobre la distribución del riesgo industrial, la protección de tecnologías sensibles y la supervisión prolongada de los estándares productivos. El componente industrial se ha convertido así en uno de los aspectos más complejos de la negociación, con implicaciones estratégicas y comerciales de largo alcance.
La concesión de derechos de reexportación exigiría límites precisos sobre las variantes autorizadas, los sistemas restringidos y los mecanismos de control francés sobre exportaciones posteriores. Hasta ahora, estos asuntos permanecen sin resolver y se vinculan directamente al marco industrial en discusión, lo que explica la ausencia de un acuerdo definitivo.
Aunque no existen cifras oficiales para un eventual pedido egipcio, referencias de otros programas derivados del Barracuda sugieren un valor total de varios miles de millones de euros. En Europa, contratos comparables para cuatro submarinos han oscilado entre 5.000 y 6.000 millones de euros, sin incluir apoyo prolongado ni infraestructura asociada.
La opción de fabricación local elevaría los costes iniciales debido a inversiones en instalaciones, herramientas, formación de personal y sistemas de control de calidad. Estos factores añadirían tiempo y recursos en las fases iniciales del programa. Los plazos de entrega se extenderían más de una década, con el primer submarino operativo entre 2032 y 2035 y entregas posteriores cada 18 a 24 meses.
El programa Barracuda se inició a finales de los años noventa, cuando Francia decidió reemplazar los submarinos nucleares de ataque de la clase Rubis, próximos a sus límites estructurales. Formalizado en 1998, asignó a Naval Group el diseño y la construcción, y a TechnicAtome la propulsión nuclear, con un pedido inicial en 2006 para seis unidades.
Las limitaciones presupuestarias y la complejidad técnica retrasaron el calendario original más de una década. El buque líder se entregó en 2020 y alcanzó capacidad operativa en 2022. Durante la década de 2010, el diseño Barracuda se adaptó a variantes de exportación convencionales, manteniendo una arquitectura común para clientes no nucleares.
En el servicio francés, el programa se materializó como la clase Suffren, con un calendario de entregas adelantado respecto a planes previos. El Suffren entró en servicio en 2022, seguido por el Duguay-Trouin en 2023 y el Tourville en 2024, mientras que el De Grasse iniciará pruebas de mar a comienzos de 2026.
Los dos submarinos restantes, Rubis y Casabianca, alcanzarán el estado operativo en 2029, antes de lo previsto inicialmente. Este adelanto responde a una reducción del tiempo de construcción a unos siete años por unidad, frente a los trece años requeridos para el primer casco del programa.
La clase Suffren desplaza cerca de 4.650 toneladas en superficie y unas 5.300 en inmersión, con 99,5 metros de eslora y 8,8 de manga. Su propulsión depende de un reactor nuclear K15 con sistema pump-jet, que permite velocidades sumergidas superiores a 25 nudos.
El armamento incluye cuatro tubos lanzatorpedos de 533 mm con capacidad para 24 armas, entre torpedos F21, misiles antibuque SM39 Exocet y misiles de crucero MdCN con alcance aproximado de 1.000 kilómetros. Además, puede desplegar fuerzas especiales y realizar misiones de inteligencia y escolta durante patrullas de unos 70 días.
Para clientes de exportación, el diseño Barracuda ha demostrado flexibilidad mediante diversas adaptaciones. Australia seleccionó en 2016 una variante convencional para el programa Attack, cancelado en 2021 por razones estratégicas. Más recientemente, Países Bajos eligió un derivado para sustituir a la clase Walrus, con construcción en Francia y cooperación industrial con la industria neerlandesa.
