El EA-18G Growler crea condiciones electromagnéticas favorables al ataque al perturbar radares y comunicaciones mediante sistemas electrónicos integrados de la Marina de Estados Unidos.
Tensiones, dispersión y logística para sostener acceso en el Golfo
En enero de 2026, el Golfo Pérsico recuperó un patrón conocido: refuerzo naval, alistamiento aéreo y énfasis en operar dentro de defensas densas. El Mando Central de Estados Unidos anunció un ejercicio de varios días de la Novena Fuerza Aérea para validar despliegue, dispersión y sostenimiento en su área de responsabilidad. Casi en paralelo, el grupo de combate del portaaviones USS Abraham Lincoln pasó a la Quinta Flota, en un movimiento asociado a tensiones con Irán.
La cuestión operativa prioriza el acceso: cómo bajar, aunque sea por ventanas breves, la probabilidad de detección, seguimiento y enganche. En el estrecho de Ormuz, salidas desde bases costeras iraníes o unidades navales cercanas convierten minutos en el margen completo de una misión. El énfasis en operaciones dispersas y paquetes de apoyo mínimos refleja una realidad logística: aeropuertos alternativos, repostaje, mando y control multinacional y una huella poco predecible resultan necesarios para sostener salidas.
El debate no inicia por el armamento de precisión, sino por entrar y sostener presencia en un volumen de amenazas que acorta tiempos de reacción. Reducir el alcance efectivo de adquisición y degradar la continuidad del seguimiento crea oportunidades para tránsito y salida. Esa lógica explica la práctica de dispersión de fuerzas, la planificación de aeródromos alternos y la búsqueda de perfiles de vuelo que eviten patrones predecibles en una franja geográfica comprimida y vigilada.

La decisión de priorizar operaciones dispersas apunta a proteger la continuidad de las salidas frente a sensores superpuestos a lo largo de costas y rutas marítimas. El mando y control requiere coordinar aliados, definir rutas de reabastecimiento y asignar aeródromos que permitan recuperar aeronaves con seguridad. Un dispositivo menos predecible reduce la utilidad de listas de blancos preelaboradas y dificulta que un adversario alinee radares, centros de mando y baterías para un ciclo de enganche sostenido.
Equipos del Growler y sistemas iraníes citados en fuentes abiertas
- Núcleo de equipo del Growler: AN/ALQ-218, AN/ALQ-99, AN/ALQ-227 y radar AESA APG-79.
- Misil AGM-88E AARGM: guiado antirradiación, navegación por satélite y fase terminal; misión SEAD/DEAD.
- AN/ALQ-249 (Next Generation Jammer, banda media): capacidad operativa inicial en diciembre de 2024; despliegue asociado al VAQ-133 en el USS Abraham Lincoln.
- Estructura iraní: mando Khatam ol Anbia y sistemas S-300, Bavar-373 y Raad dentro de defensas por capas.
Funciones y equipo del Growler para condicionar el espectro de combate
El EA-18G Growler cumple una función definida: crear condiciones electromagnéticas favorables para otras plataformas. La Marina de Estados Unidos lo clasifica como aeronave de ataque electrónico aerotransportado e identifica su núcleo: receptor AN/ALQ-218, cápsulas AN/ALQ-99, conjunto de contramedidas de comunicaciones AN/ALQ-227 y radar AESA APG-79 para conciencia situacional y autoprotección. Su doctrina busca interrumpir radares y redes para retrasar o degradar la cadena adversaria de detección y enganche durante el tránsito de un paquete de ataque.
El sistema AN/ALQ-218 actúa como un oído amplio: capta emisiones, las clasifica y ubica emisores con precisión suficiente para apoyar decisiones tácticas. La aeronave puede cargar varias cápsulas externas, pero cada cápsula ocupa un punto de anclaje, añade resistencia aerodinámica y condiciona el combustible. El perfil de carga, por tanto, equilibra potencia de perturbación y alcance, según la misión, la distancia al objetivo y la densidad prevista de sensores adversarios a lo largo de la ruta.

El empleo puede realizarse a distancia, con perturbación desde fuera de los anillos más peligrosos, o como escolta, junto al paquete que penetra el volumen de amenazas. La elección depende de densidad de radares, cobertura y respuesta esperable. La evolución del programa ha buscado sostener efectos en espectros más congestionados y ante emisores más ágiles, según el seguimiento de Janes, con tácticas actualizadas para conservar ventaja frente a cambios rápidos de modo y técnicas adversarias.
Las terminales de recepción permiten integrar información táctica y ajustar técnicas de perturbación según el cuadro electromagnético del momento. Esa integración favorece que el paquete de ataque mantenga tránsito con menor exposición, mientras la aeronave de apoyo conserva conciencia de amenazas y coordina efectos. La finalidad no consiste en asegurar inmunidad, sino en reducir confianza adversaria en su cadena sensor-tirador durante lapsos medidos, suficientes para entrada, ejecución de la tarea asignada y salida controlada.
Supresión cinética y modernización del sistema de perturbación a bordo
Cuando la perturbación resulta insuficiente, la plataforma se integra con la supresión por medios cinéticos. La Oficina de Pruebas Operacionales y Evaluación del Departamento de Defensa, en su informe de 2013 sobre el AGM-88E, indicó que la Marina prevé emplear el misil AARGM en F/A-18 y EA-18G. El documento resumió su guiado combinado —antirradiación, navegación por satélite y fase terminal— y su misión de supresión, degradación o destrucción de defensas habilitadas por radiofrecuencia.
La ruta de adquisición apareció también en una notificación de la Agencia de Cooperación en Seguridad de Defensa de 2017 sobre una venta a Australia. Ese aviso identificó explícitamente misiles AARGM para su flota de EA-18G Growler, un indicio público de integración y empleo previsto en fuerzas con el mismo estándar de aviónica. La combinación de perturbación y armas antirradiación ofrece una vía para negar emisores críticos o mantenerlos apagados durante periodos de actividad.

El límite principal de la capacidad clásica del Growler ha estado en la edad y sostenimiento del AN/ALQ-99, concebido para otra generación de amenazas. Por eso el programa AN/ALQ-249, Next Generation Jammer de banda media, alcanzó capacidad operativa inicial en diciembre de 2024, según la Marina. NAVAIR vinculó el salto a aumentos drásticos de potencia, flexibilidad y técnicas. Raytheon figura como desarrollador y su primer despliegue operativo se asoció al VAQ-133 en el USS Abraham Lincoln.
La transición busca mantener efectos frente a emisores cada vez más ágiles y a un espectro más congestionado. Con mayor potencia y actualización más rápida de técnicas, las cápsulas AN/ALQ-249 amplían blancos y aumentan flexibilidad, lo que abre opciones para escolta o perturbación a distancia. En escenarios con defensas por capas, esas mejoras incrementan la probabilidad de abrir ventanas de acceso sin exponer innecesariamente a plataformas que portan armamento de precisión.
Defensa iraní por capas y evidencias de integraciones dispares
El Critical Threats Project describe un mando de defensa antiaérea, Khatam ol Anbia, que supervisa unidades del Ejército regular y de la Guardia Revolucionaria. La arquitectura busca integrar sensores y lanzadores. En inventario, fuentes abiertas señalan sistemas S-300 y desarrollos nacionales como Bavar-373 y Raad, junto a capas de corto y medio alcance. Reuters enumeró el conjunto y describió un diseño por anillos, con radares de alerta temprana, centros de mando y misiles que reparten tareas.
La crisis de junio de 2019 aportó un episodio ilustrativo: el derribo de un RQ-4 de vigilancia cerca del estrecho de Ormuz. El Departamento de Defensa de Estados Unidos informó la destrucción en espacio aéreo internacional; Irán lo presentó como violación de su espacio. Más allá de la disputa, la plataforma quedó localizada y abatida en un entorno vigilado, con una escalada posterior que obligó a calibrar el uso de la fuerza.

En junio de 2025, la guerra entre Israel e Irán añadió datos sobre ataques y defensas. La Agencia Internacional de Energía Atómica confirmó impactos en instalaciones iraníes y reportó niveles de radiación fuera de Natanz sin cambios anómalos; Reuters recogió la valoración del director sobre destrucción de instalaciones en superficie. En octubre de 2025, el Foreign Policy Research Institute sintetizó análisis geoespacial que sugirió integraciones menos fluidas y retrasos entre sensores y sistemas de misiles.
El cuadro resultante apunta a una defensa por capas con ambición de integración, pero con fricciones en el traspaso de datos entre sensores y tiradores. Ese tipo de arquitectura puede sostener cobertura, aunque su rendimiento depende de enlaces y procedimientos. Los indicios citados por el centro y recogidos por el instituto describen demoras que afectan coordinación, un aspecto clave para cualquier cálculo de acceso cuando un paquete aliado pretende penetrar, asignar blancos y retirarse con éxito.
Valor operativo del Growler en un escenario de conflicto potencial
El Growler opera como herramienta para fabricar ventanas de incertidumbre en el adversario, no como garantía de inmunidad. Su aporte combina perturbación —reducir alcance efectivo de adquisición, degradar continuidad de seguimiento o saturar canales— y apoyo al tiro de precisión contra emisores específicos. Las cápsulas AN/ALQ-249 añaden potencia y actualización veloz de técnicas, mientras misiles antirradiación como el AGM-88E se concibieron para responder a tácticas de apagado del radar y sostener la supresión combinada.
El panorama vuelve al punto de enero de 2026: ejercicios de dispersión y sostenimiento anunciados por CENTCOM y presencia de un portaaviones en un espacio donde la defensa antiaérea iraní pesa en cualquier cálculo. El Growler no decide una campaña, pero condiciona su posibilidad técnica: facilita entrada de aeronaves, permite que misiles y municiones encuentren ruta con menor interferencia hostil y ayuda a que el mando y control conserve una imagen táctica más estable.

En un conflicto potencial, su trabajo sería menos visible que un lanzamiento y más determinante que una declaración, porque ocurre en el margen que separa una detección temprana de una detección tardía. En ese margen se define si un paquete llega, ejecuta y sale. La combinación de perturbación eficaz, supresión puntual de emisores y dispersión logística crea espacio operativo, una condición previa para que plataformas de ataque y vigilancia cumplan tareas con riesgo aceptable.
Las distancias comprimidas del estrecho de Ormuz convierten minutos en el margen completo de una misión, por lo que la capacidad de abrir ventanas temporales cobra importancia. El Growler aporta esa posibilidad al reducir la fiabilidad de la cadena sensor-tirador adversaria y al apoyar los disparos contra emisores cuando resulta necesario. Su efecto se mide en oportunidades de acceso que habilitan operaciones y en la reducción de exposición al atravesar, actuar y regresar sin pérdidas evitables.
