El F-15I Ra’am aporta flexibilidad operativa al combinar intercepción y ataque en una misma alerta, reforzando la defensa antiaérea israelí con capacidad de destrucción estratégica.
Intercepción en profundidad y decisión en minutos ante oleadas masivas
Tras la oleada lanzada desde Irán en la madrugada del 14 de abril de 2024, Israel activó una defensa antiaérea integrada de varios niveles ante más de 200 drones y misiles. El dispositivo combinó baterías de interceptación con cazas en patrulla y despegues de alerta. El componente aéreo amplió el área de intercepción hacia el este, con la intención de abatir vectores en ruta antes de que cruzaran el espacio aéreo israelí.
Ese episodio sintetizó una idea operativa que orienta la modernización de la flota F-15 en Israel. La protección del espacio aéreo exige capacidad de intercepción y, cuando la ventana de decisión se mide en minutos, también exige potencia de fuego para reducir la amenaza en sus puntos de apoyo y lanzamiento. Bajo esa premisa, la defensa antiaérea con cazas funciona en tiempo real, con asignación dinámica de misiones según la evolución de la situación.
Los centros de mando reciben trazas, fijan prioridades, ordenan despegues y guían a los aviones hacia corredores donde la geometría favorece el tiro. Esa noche, aparatos de combate derribaron drones sobre territorio sirio, y aviones estadounidenses participaron en intercepciones en la zona. Con ello quedó claro que la defensa no se limita al cielo sobre una ciudad, porque se extiende al área donde una patrulla puede cortar rutas y abatir blancos antes de la cobertura de baterías.

Al cortar rutas en profundidad, una patrulla puede obligar a los vectores a consumir combustible y perder opciones de maniobra. Ese modo de empleo se integra con el diseño escalonado de Israel, que distribuye tareas por alturas y perfiles de vuelo. La capa aérea asume parte del volumen y aporta movilidad, mientras las baterías protegen infraestructura crítica y cubren sectores donde el tiro desde tierra resulta más eficiente. El objetivo común consiste en frenar el ataque antes de que alcance zonas sensibles.
Elementos operativos y cifras que enmarcan la defensa escalonada
- Israel atribuyó a su defensa una tasa de interceptación cercana al 99% durante la oleada del 14 de abril de 2024.
- Israel estimó en unas 60 toneladas el explosivo que habría transportado la andanada si hubiera impactado.
- Al menos la mitad de los vectores cayó por acción de aviones de combate y el resto por Arrow, David’s Sling y Cúpula de Hierro.
- Israel emplea Arrow 2 y Arrow 3 para amenazas balísticas y discute evoluciones como Arrow 4 y Arrow 5.
- El costo por interceptor de Arrow, citado entre $2 y $3,5 millones, obliga a tratar la asignación de blancos como economía de munición.
El F-15I Ra’am aporta patrulla sostenida, carga útil y cambio de rol
Con el reparto de funciones entre baterías e interceptores, el F-15I Ra’am aporta un perfil que Israel valora por su capacidad de sostener patrullas y portar una carga amplia. En una misma alerta puede despegar con configuración de intercepción y, si el mando modifica la prioridad, ejecutar misiones de ataque contra elementos que habilitan la amenaza. Ese giro incluye objetivos como radares, baterías antiaéreas, depósitos, talleres o plataformas de lanzamiento, sin requerir un regreso inmediato a base.
Esa flexibilidad sostiene un criterio de empleo que asocia la defensa antiaérea con la capacidad de destrucción. La defensa no solo neutraliza lo que llega, también reduce la capacidad del adversario para repetir el ciclo. Dentro del proceso, el mando asigna tareas según el tipo de blanco: reserva interceptores dedicados para amenazas balísticas y destina a los cazas a drones, misiles de crucero y cualquier vector que exija persecución, identificación o un tiro con geometría variable.

La misma lógica habilita la segunda parte del concepto, porque el sistema que intercepta también puede ejecutar ataques para destruir depósitos y neutralizar baterías. En diciembre de 2024, Israel describió una oleada de más de 350 ataques aéreos en 48 horas en Siria. Los blancos incluyeron baterías antiaéreas, aeródromos militares, sitios de producción de armas, aviones de combate y misiles, con un objetivo declarado: impedir que arsenales estratégicos quedaran disponibles para nuevos actores armados.
En ese marco, la aviación añade adaptación táctica y capacidad adicional de ataque dentro de una defensa integrada. Los radares, centros de control y baterías aportan los elementos principales, mientras los aviones pueden desplazar medios hacia el punto de amenaza sin esperar a que el blanco cruce un límite de cobertura. La combinación permite reaccionar ante cambios rápidos, sostener presencia en corredores útiles y, cuando conviene, pasar de la intercepción a la reducción de capacidades del adversario en su retaguardia operativa.
Compras, modernización y contratos que fijan fechas y paquetes técnicos
La lógica de intercepción y ataque se vinculó con decisiones de adquisición y modernización de plazos largos. En agosto de 2024, Washington aprobó un paquete de ventas de armamento por unos $20.000 millones que incluyó más de 50 cazas F-15 y misiles aire-aire AMRAAM. Con relevancia para la defensa antiaérea, el paquete incorporó modernizaciones para modificar la flota existente, de alrededor de dos docenas de F-15, con nuevos motores y radares, entre otras mejoras.
El calendario asociado ubicó las primeras entregas de sistemas más tempranos alrededor de 2026 y situó los primeros F-15 nuevos a partir de 2029. Esa secuencia obliga a Israel a sostener la capacidad actual mientras prepara el salto tecnológico. Luego, el 7 de noviembre de 2024, Israel formalizó la compra de 25 F-15IA de nueva generación por $5.200 millones, con opción por otros 25, y el acuerdo fijó el inicio de entregas en 2031.

El ritmo previsto quedó entre 4 y 6 aviones por año, e israel vinculó la compra con la necesidad de mantener su “superioridad estratégica”. También subrayó la integración de sistemas de armas compatibles con su inventario, además de un incremento de alcance y carga útil. En el mismo arco temporal, la administración de defensa israelí contabilizó acuerdos de compras cercanos a $40.000 millones desde el inicio de la guerra en Gaza el 7 de octubre de 2023.
A finales de 2025, el itinerario pasó de los anuncios a una obligación contractual de producción. El 29 de diciembre de 2025, el Pentágono anunció un contrato de $8.600 millones para el programa F-15 de Israel que cubre diseño, integración, instrumentación, pruebas, producción y entrega de 25 F-15IA, con opción por otros 25. El documento fijó la ejecución principal en St. Louis y proyectó la finalización contractual al 31 de diciembre de 2035.
Defensa terrestre acelerada y continuidad del esquema integrado de capas
En paralelo a la modernización de cazas, la defensa antiaérea terrestre también avanzó con un ritmo mayor. En noviembre de 2023, Israel Aerospace Industries firmó un acuerdo de $1.200 millones para suministrar sistemas de defensa antiaérea al Ministerio de Defensa. La empresa describió un “modo acelerado” de suministro para áreas de operaciones en mar, tierra, aire y espacio. Esa inversión respalda el planteamiento de defensa integrada, con sensores, mando y baterías como base del sistema.
La aviación complementa ese núcleo al aportar movilidad y capacidad de adaptación táctica en escenarios donde el blanco cambia de ruta o altitud. En un dispositivo de varios niveles, la asignación de blancos también se vuelve una decisión económica, porque el costo por interceptor influye en la selección de la mejor respuesta. En ese reparto, los cazas asumen parte del volumen de amenazas y permiten reservar interceptores dedicados para los perfiles donde resultan indispensables, especialmente frente a amenazas balísticas.

Con la combinación de intercepción y ataque, el F-15I Ra’am y su línea de reemplazo quedan conectados con una defensa antiaérea que busca reducir capacidades, no solo neutralizar impactos. El paquete aprobado en 2024 incorporó motores y radares nuevos para la flota existente, y la compra posterior fijó una opción con mayor alcance y mayor carga útil para la década siguiente. Así, el salto tecnológico queda escalonado sin abandonar la cobertura diaria requerida por la amenaza.
En febrero de 2026, el programa ya presenta hitos públicos: aprobaciones de venta, un acuerdo firmado para 25 aviones y un contrato de $8.600 millones que organiza el trabajo hasta 2035. Ese marco convive con una configuración antiaérea que combina interceptores de alto costo con aviones capaces de asumir parte del volumen de amenazas. Cuando el mando lo ordena, la aviación también ejecuta ataques sobre lugares de lanzamiento y apoyo, con el fin de limitar la repetición de oleadas.
