Un F-35I de la Fuerza Aérea de Israel abatió el miércoles, sobre el cielo de Teherán, a un Yak-130 iraní de fabricación rusa, según informaron las FDI. Con ese disparo —señalado como el primero en que un F-35 derriba un avión tripulado— el aparato pasó de ser emblema tecnológico a protagonista de una escena que, por su carga simbólica, ya se reclama “histórica”.
El episodio, además, abre una compuerta que llevaba décadas cerrada: sería la primera vez en alrededor de 40 años que la Fuerza Aérea israelí se ve envuelta en un combate aire-aire contra aeronaves tripuladas. La referencia obligada es precisa y antigua: el 24 de noviembre de 1985, sobre Líbano, un F-15 de la IAF derribó dos MiG-23 sirios. Desde entonces, la estadística había permanecido quieta, como si el tiempo hubiera decidido archivar ese tipo de duelo.
En una grabación de radio difundida por el ejército, el jefe de la IAF, el mayor general Tomer Bar, le habló al piloto del F-35I con el tono de quien sabe que ciertas frases quedan pegadas a los hechos. “La intercepción histórica sobre los cielos de Teherán es una expresión del poder de la fuerza aérea y de tu determinación personal. La próxima misión ya te está esperando”, le dijo., a la vez, empujándolo de regreso al ritmo impersonal de las operaciones.

La versión operativa, ofrecida posteriormente a periodistas por el comandante de la Base Aérea de Nevatim —donde se alojan los F-35 de la IAF—, fue seca, casi mecánica: “Identificamos el avión, lo fijamos y lanzamos [un misil]”. Y a continuación, la justificación con la que se cierran estos círculos: “El avión iraní puso en peligro [a nuestros] aviones. Podía haber golpeado nuestro avión, así que lo derribamos”, afirmó el general de brigada “Daled”, identificado únicamente por su rango y la inicial de su nombre en hebreo.
Según el comandante, el disparo se efectuó mientras el F-35I se encontraba en plena ofensiva contra objetivos del régimen iraní en Teherán. En ese contexto, añadió, el avión “sabe cómo hacer esto muy rápido y con precisión”: una frase que busca describir una capacidad técnica, pero que también funciona como mensaje, casi como advertencia.
El piloto que ejecutó el derribo —contó el propio comandante— era relativamente joven dentro de la fuerza, aunque no debutaba en ese teatro: no era su primera misión sobre Irán. Y, desde la lectura israelí, el incidente no se explica por una súbita fortaleza del adversario, sino por lo contrario: “La Fuerza Aérea iraní entiende que es inferior y que está bajo una amenaza significativa. A pesar de esto, está intentando con sus capacidades restantes llevar a cabo misiones que nos perturben. Esa fue la situación que condujo al derribo”. En su remate, casi despectivo, añadió: “Nos encontramos con el enemigo durante nuestras salidas en Irán, pero es un enemigo débil”.
En redes sociales circularon imágenes que supuestamente mostraban al caza cayendo sobre las montañas de Lavasan, al norte de Teherán. Sin embargo, el video no pudo verificarse de inmediato, y por eso quedó en ese territorio ambiguo donde el relato público se alimenta de fragmentos: lo que se ve, lo que se afirma y lo que aún no puede probarse.
NOW: Video shows an aircraft crashing over Tehran, north of the Lavasan Mountains. pic.twitter.com/ahX9ylfs6W
— Defence Index (@Defence_Index) March 4, 2026
En el plano de los símbolos —que a veces pesan tanto como el metal— se esperaba que la IAF añadiera al F-35I una “marca de victoria”: una pequeña calcomanía en el lateral del avión para registrar el derribo y asociarlo al logro del piloto y de la plataforma. De concretarse, sería la primera vez en casi dos décadas que la fuerza incorpora una marca de este tipo. La última excepción notable fue en 2007, cuando se señalizaron los cazas que participaron en el ataque contra el reactor nuclear en Siria: una operación conocida globalmente como Operación Orchard, y dentro de las FDI como Outside the Box.
El Yak-130, por su parte, tiene una genealogía menos glamorosa, pero reveladora. Fue concebido originalmente como un desarrollo conjunto entre la firma rusa Yakovlev y la italiana Aermacchi: un entrenador avanzado con capacidad de combate ligero, pensado para formar pilotos y, si es necesario, cumplir tareas tácticas. Su gestación comenzó en la década de 1990, y en 2000 esa cooperación se rompió; desde entonces, cada parte siguió su camino con su propia versión.
La variante rusa, el Yak-130, entró en servicio en 2010 con la Fuerza Aérea de Rusia. La italiana, conocida como M-346 Master, fue incorporada por la Fuerza Aérea italiana en 2015. Ese mismo M-346 también es utilizado por Israel como avión entrenador; en hebreo recibe el nombre de Lavi, una coincidencia que, en medio de la noticia, añade una capa irónica: el derribado pertenece a una familia de diseño cuyo “primo” entrena a los mismos pilotos que ahora lo enfrentan.
