La Fuerza Aérea adjudicó a Boeing el NGAD tripulado F-47 para sustituir al F-22 y operar con drones, con foco en alcance, sigilo, sostenimiento y actualización.
Alcance, sigilo y disponibilidad como eje frente a quinta y 4.5
Tras adjudicar a Boeing el desarrollo de ingeniería y fabricación del NGAD tripulado, el Departamento de la Fuerza Aérea identificó el avión como F-47 y le asignó la misión de sustituir al F-22 y actuar con aeronaves no tripuladas. Desde ese punto, la comparación con cazas de quinta generación y 4.5 se sitúa dentro de una arquitectura de empleo que prioriza alcance, baja detectabilidad, sostenimiento y actualización continua como un conjunto.
En esa lógica, la prioridad operativa se centra en penetrar defensas modernas y conservar superioridad aérea a grandes distancias con menos apoyo visible y con mayor disponibilidad durante una campaña. Los cazas 4.5 incorporan radares AESA, guerra electrónica avanzada, sensores infrarrojos y enlaces de datos, pero esa modernización suele asociarse a firmas mayores y a una dependencia más alta de escoltas, reabastecimiento en vuelo y gestión del espectro cuando se opera cerca de defensas integradas.
La quinta generación redujo la firma y elevó la fusión de sensores, aunque mantiene compromisos entre radio de acción, carga útil y sostenimiento. Con ese antecedente, la Fuerza Aérea describió el F-47 como un salto respecto del F-22, con más alcance, sigilo más avanzado y mejor apoyo logístico, además del objetivo explícito de elevar la disponibilidad y permitir despliegues con menos personal e infraestructura.

La institución mantiene el diseño clasificado y limita la información pública a elementos operativos y de programa, sin planos ni cifras completas. Aun así, el marco comparativo se entiende: el F-47 busca controlar el momento y el lugar de entrada en zonas de amenaza y sostener esa capacidad durante más tiempo con menores requerimientos logísticos, al mismo tiempo que obliga al adversario a actuar con peores condiciones de detección y alcance.
Hitos y decisiones que enmarcan la comparación del F-47 como sistema
- En abril de 2024, la Fuerza Aérea redujo a General Atomics y Anduril la fase de diseños detallados y pruebas para su flota de Collaborative Combat Aircraft.
- El 31 de octubre de 2025, la Fuerza Aérea y Anduril informaron del primer vuelo del dron a reacción YFQ-44A con un perfil semiautónomo.
- El 27 de enero de 2025, el Departamento de Defensa elevó a$3.500 millones el techo de modificaciones de contrato para los motores XA102 y XA103.
- El 12 de febrero de 2026, la Fuerza Aérea comunicó la integración de la arquitectura de referencia de autonomía A-GRA en plataformas de varios proveedores.
- El 20 de mayo de 2025, en el Senado, la jefatura de la Fuerza Aérea vinculó el F-47 con “hilos de misión” y con integración de mando y control y gestión de batalla.
El F-47 con drones desplaza la ventaja desde el duelo al conjunto

El cambio más relevante frente a generaciones anteriores aparece en la relación entre el avión tripulado y sus acompañantes no tripulados, más que en el fuselaje. El NGAD se planteó como “familia de sistemas”, y el F-47 se presenta como plataforma tripulada que combate junto a drones, con una función de coordinación que distribuye sensores, armas y exposición al riesgo entre varios vectores.
Con ese planteamiento, la comparación deja de basarse en un enfrentamiento “uno contra uno” con cazas de quinta generación o 4.5. El F-47 se perfila como plataforma tripulada de mando y control táctico que amplía cobertura y número de plataformas en combate sin aumentar el número de cabinas. La Fuerza Aérea sitúa la decisión de producción competitiva de aeronaves colaborativas en el año fiscal 2026 y apunta a una capacidad plenamente operativa antes de finalizar la década.
Dentro de ese esquema, el F-47 establece una relación distinta entre detección, exposición y empleo de armas. Un caza 4.5 puede portar sensores y armas de alto rendimiento, pero suele requerir más exposición para sostener el contacto y aprovechar su potencia; la quinta generación reduce esa exposición, aunque concentra demasiadas funciones en pocos aviones tripulados. El enfoque NGAD reparte tareas: asigna sensores adelantados a plataformas no tripuladas y reserva al avión tripulado la gestión de la imagen táctica y la asignación de armas.
La ventaja también depende de la arquitectura de software y de la propiedad de interfaces, porque el ritmo de actualización determina la ventaja relativa en sensores, enlaces y guerra electrónica. La Fuerza Aérea explicó la integración de A-GRA como un modo de desacoplar el software de misión del hardware del vehículo y evitar dependencia de un proveedor, con incorporación rápida de nuevos algoritmos. Frente a ciclos más cerrados de modernización, ese enfoque aporta una ventaja estructural.
Propulsión, sostenimiento e integración institucional para sostener campaña

La propulsión condiciona una parte relevante del rendimiento, ya que alcance, permanencia y gestión térmica determinan qué sensores y perfiles de misión resultan viables. En el programa Next Generation Adaptive Propulsion, el Departamento de Defensa elevó el techo de modificaciones de contrato para General Electric y Pratt & Whitney, con trabajos de diseño, análisis, pruebas en bancos, construcción y prueba de prototipos e integración, además de una arquitectura flexible para futuros aviones de combate.
Pratt & Whitney describió el XA103 como un motor de arquitectura adaptativa orientado a eficiencia, supervivencia y gestión de potencia y calor. Ese eje permite sostener perfiles de misión que incrementan las limitaciones de cazas de quinta generación y 4.5 cuando se opera lejos de bases y de aeronaves de reabastecimiento. En esa comparación, el rendimiento no se reduce al empuje, sino a la posibilidad de mantener alcance y permanencia sin degradar sensores ni empleo.
El sostenimiento completa la comparación, porque una flota pierde superioridad si la disponibilidad desciende. La Fuerza Aérea vinculó el F-47 con mayor sostenibilidad y mejor apoyo logístico, además de despliegues con menos infraestructura. Esa formulación se relaciona con la experiencia industrial de la quinta generación: el F-35 superó las 1.100 aeronaves construidas para Estados Unidos y socios, con un coste de ciclo de vida citado en$1,7 billones, y el mantenimiento del F135 muestra la magnitud del esfuerzo con más de 1.300 unidades entregadas.
Con el fin de sostener ese ritmo, el programa adoptó un enfoque de integración y priorización operativa. En mayo de 2025, la jefatura de la Fuerza Aérea vinculó el F-47 con “hilos de misión” y con integración con mando y control y gestión de batalla, y situó al Integrated Capabilities Command en estatus provisional para priorizar resultados operativos por encima de parámetros aislados. A febrero de 2026, el cuadro verificable combina contrato en marcha, diseño reservado, al menos un vuelo público de un CCA y validación de A-GRA en múltiples plataformas y proveedores.
