A pesar de su tecnología avanzada, el MiG-35 carece de experiencia en combate, tiene escasa adopción y su costo no se justifica operativamente.
Fracaso comercial y operativo del MiG-35 en el mercado internacional
Concebido como una evolución del MiG-29, el MiG-35 Fulcrum-F fue anunciado como un caza de generación 4+++ capaz de enfrentar entornos de combate complejos. Rusia lo presentó como una plataforma moderna con mejoras técnicas sustanciales para competir con aeronaves como el F-16 y el Rafale. No obstante, el modelo ha quedado relegado a una adopción limitada por la propia Fuerza Aérea Rusa y no ha logrado validar su rendimiento en combate.
El diseño del MiG-35 incorpora dos motores Klimov RD-33MKB con un empuje de 9,000 kgf mediante postcombustión, que le permiten alcanzar velocidades de Mach 2.25 y un techo de operación de 57,400 pies. Su fuselaje reforzado y el sistema de control fly-by-wire ofrecen una maniobrabilidad adecuada para misiones tanto aire-aire como aire-tierra, sobre la base del diseño del MiG-29.
Entre sus elementos tecnológicos clave destaca el radar AESA Zhuk-MA, dotado con 160 módulos de transmisión/recepción, que detecta blancos aéreos a 160 kilómetros y objetivos terrestres a 300 kilómetros. A esto se suma el sistema OLS (Optical Locator System), que permite identificar objetivos sin emitir señales de radar, lo cual mejora su capacidad de operar sin ser detectado por sistemas enemigos.
El arsenal del MiG-35 incluye nueve puntos de anclaje para misiles como el Kh-31A, Kh-31P y Kh-29TE, además de bombas guiadas KAB-500Kr. También está equipado con un cañón GSh-301 de 30 mm con 150 proyectiles. Estas especificaciones posicionaban al MiG-35 como una opción versátil en el papel, aunque los resultados han contradicho dichas expectativas.

Factores que explican la falta de éxito del Fulcrum-F
Tras su lanzamiento oficial, el MiG-35 no logró cumplir con las expectativas establecidas. En 2011, durante el programa Medium Multi-Role Combat Aircraft (MMRCA) en India, fue excluido tras competir con cazas como el Eurofighter Typhoon y el F/A-18 Super Hornet. Las evaluaciones señalaron fallas en el radar y problemas en los motores, lo que debilitó seriamente su credibilidad internacional.
La ausencia de participación en escenarios bélicos reales representa otra desventaja considerable. Mientras aeronaves como el F-16 o el Su-30 poseen amplios historiales operativos, el MiG-35 no ha sido desplegado en conflictos, lo que limita su atractivo para compradores que priorizan eficacia comprobada.
El precio estimado entre 40 y 50 millones de dólares por unidad también plantea dudas. Este rango lo sitúa al nivel de cazas con mayor reputación y soporte logístico. Pese a su clasificación como 4+++, sus prestaciones no han sido suficientes para justificar el costo. Rusia ha recibido solo unas pocas unidades desde su presentación en 2019, lejos de las expectativas iniciales.
La Fuerza Aérea Rusa es hasta ahora el único operador del MiG-35. Esta escasa adopción refleja tanto la falta de confianza en sus capacidades como las dificultades para colocarlo en el mercado global, incluso entre aliados históricos.
Ficha técnica y obstáculos estratégicos del MiG-35 Fulcrum-F
- Velocidad máxima: Mach 2.25 (aprox. 2,400 km/h).
- Techo de servicio: 57,400 pies.
- Radar AESA Zhuk-MA: detección aérea a 160 km y terrestre a 300 km.
- Armamento: Misiles Kh-31A, Kh-31P, Kh-29TE; bombas KAB-500Kr; cañón GSh-301.
- Costo por unidad: entre 40 y 50 millones de dólares.
- Usuarios actuales: solo la Fuerza Aérea Rusa, en cantidades mínimas.
- Participación en combate: ninguna hasta la fecha.
Impacto de la guerra en Ucrania en su desarrollo y producción

La invasión rusa a Ucrania en 2022 agravó los problemas del MiG-35. la guerra ha consumido gran parte de los recursos económicos y materiales de Rusia, lo que ha obligado al país a redirigir esfuerzos hacia la fabricación de equipos como drones, misiles y tanques, considerados más urgentes para el frente de batalla.
Las sanciones impuestas por Occidente han afectado el acceso a componentes tecnológicos clave, lo cual ha retrasado la producción de sistemas avanzados, incluidos los cazas de nueva generación. En estas condiciones, continuar con la fabricación del MiG-35 a gran escala se ha vuelto inviable en el corto plazo.
Rusia ha optado por reforzar su flota aérea existente, priorizando modelos como el Su-35 y Su-57 antes que continuar invirtiendo en el Fulcrum-F. Esta reorientación ha dejado al MiG-35 sin apoyo suficiente ni recursos estratégicos que respalden su despliegue operativo o comercial.
La falta de interés internacional también responde al giro de posibles compradores hacia opciones más consolidadas. Egipto y Argelia, que evaluaron al MiG-35, terminaron adquiriendo el Rafale francés o el Su-30 ruso, considerados más eficaces y confiables.
Limitaciones técnicas frente a sus competidores directos
Comparado con sus rivales, el MiG-35 muestra un rendimiento dispar. Aunque su radar AESA y el sistema óptico OLS representan mejoras importantes, estos no superan las capacidades de plataformas como el F-16 Block 70/72 o el Su-35, que además cuentan con trayectoria comprobada en combate.
El diseño del MiG-35, orientado a entornos con alta densidad de amenazas, no logra compensar su falta de furtividad, una característica que hoy resulta fundamental en la guerra aérea. Los cazas de quinta generación como el F-35 estadounidense o el J-20 chino han elevado el estándar en esta área.

Incluso dentro de la misma Rusia, el Su-57 —aunque más caro y con dificultades propias— ofrece capacidades stealth que el MiG-35 no puede proporcionar. Esta diferencia ha limitado su utilidad como opción intermedia entre cazas de cuarta y quinta generación.
Las promesas de baja firma de radar y sensores avanzados no han logrado contrarrestar la percepción de que el MiG-35 ofrece menos por más. Por ello, tanto en el mercado interno como en el exterior, el modelo se mantiene en una posición débil frente a la competencia.
Consecuencias de su fracaso para la industria militar rusa
Lejos de convertirse en la evolución esperada del MiG-29, el MiG-35 ha terminado como una plataforma costosa con utilidad limitada. Su desarrollo, marcado por problemas técnicos, escasa adopción y falta de experiencia real, no ha generado los resultados proyectados por la industria rusa.
Las consecuencias de la guerra en Ucrania solo han intensificado estas deficiencias. El desvío de recursos hacia otras prioridades ha estancado su producción y cancelado cualquier posibilidad cercana de expansión operativa significativa. El modelo Fulcrum-F ha quedado atrapado entre lo que prometía ser y lo que finalmente ha ofrecido.
Las características que lo diferenciaban —radar de última generación, buena maniobrabilidad y un armamento versátil— no han bastado para impulsar su presencia internacional. En un entorno donde la confiabilidad y el historial operativo pesan más que las especificaciones técnicas, el MiG-35 se ha mostrado poco competitivo.
Mientras no logre demostrar su eficacia en combate ni atraer nuevos compradores, el MiG-35 continuará representando un ejemplo claro de las limitaciones estructurales de la industria militar rusa, enfrentada a un mercado que ya no responde solo a promesas, sino a hechos concretos.