El programa angloalemán busca misiles furtivos e hipersónicos de largo alcance, con base terrestre, producción soberana y una nueva capacidad europea de disuasión convencional.
El DPS redefine el ataque profundo europeo de largo alcance
Reino Unido y Alemania impulsan su cooperación militar hacia un cambio de escala con el programa de Ataque de Precisión Profunda, concebido primero como una capacidad de lanzamiento terrestre. La iniciativa pretende dar a ambos países opciones dispersas y con alta supervivencia para golpear a gran distancia objetivos endurecidos y sensibles al tiempo. Su lógica combina dos metas: reforzar el ataque profundo europeo y asegurar producción soberana de misiles con independencia operativa.
Tras la reunión bilateral sobre Cooperación en Equipamiento y Capacidades del 16 de marzo en Berlín, el ministerio de Defensa británico señaló que el DPS deberá culminar en misiles de crucero furtivos y armas hipersónicas, con entrada en servicio prevista para la década de 2030. El programa procede del Acuerdo de Trinity House de octubre de 2024 y del tratado firmado por Reino Unido y Alemania en julio de 2025, que situaron el ataque profundo entre sus prioridades bilaterales.
Ambos marcos también acercaron a Londres y Berlín al segmento de más de 2.000 kilómetros del enfoque europeo ELSA. El anuncio oficial insiste en una “familia” de sistemas, expresión que apunta a un conjunto de efectores emparentados y no a un solo misil. Esa idea remite a elementos comunes en planificación de misión, arquitectura de guiado y, de forma potencial, en la infraestructura de lanzamiento, dentro de una lógica compartida de ataque profundo.
En ese esquema, la rama de crucero tendería a priorizar baja observabilidad, eficiencia de combustible y penetración a baja cota contra blancos fijos y defendidos. La rama hipersónica, por contraste, concentraría velocidad, maniobrabilidad, alcance y menor tiempo hasta el blanco para atacar objetivos móviles o altamente protegidos. La combinación perfila una capacidad más amplia que la de un único vector y abre una respuesta adaptable a escenarios operativos distintos.
Claves operativas e industriales del programa DPS
- El programa prevé una familia de misiles de crucero furtivos y armas hipersónicas con entrada en servicio en la década de 2030.
- Reino Unido y Alemania buscan superar el umbral de 2.000 kilómetros dentro del enfoque europeo ELSA para ataque profundo.
- La iniciativa parte de una base terrestre para ganar dispersión, ocultación, movilidad, rearme flexible y persistencia en la disuasión convencional.
- El proyecto une necesidad operativa, producción soberana de misiles e independencia frente a controles de exportación extranjeros.
La nueva familia de misiles ampliará alcance y opciones tácticas
La orientación del DPS no resulta ajena a otros programas europeos de nueva generación. El modelo FC/ASW de MBDA, por ejemplo, une un concepto subsónico de baja observabilidad con otro supersónico de alta maniobrabilidad. La diferencia central es que el proyecto angloalemán parte de capacidades ya disponibles, aunque también de límites definidos. Reino Unido opera el Storm Shadow/SCALP y Alemania el Taurus KEPD 350, ambos con unos 500 kilómetros de alcance.
Esos sistemas están optimizados para golpear infraestructuras endurecidas, centros de mando y otros objetivos de alto valor en entornos antiacceso. Alcanzar una distancia cercana a 2.000 kilómetros supondría mucho más que ampliar el radio de acción. Para Londres y Berlín implicaría pasar de la interdicción a distancia dentro del teatro de operaciones a una capacidad de interdicción profunda y fuegos estratégicos, sobre todo al sumar el lanzamiento terrestre a la ecuación.
Ese cambio modificaría de forma sustantiva la manera en que ambos países podrían proyectar fuerza convencional a gran profundidad. Aunque no existe una especificación completa publicada, el umbral de la categoría ya sugiere requisitos más exigentes que el mero alcance. Un misil convencional de ataque terrestre en ese tramo requeriría baja observabilidad o enmascaramiento de ruta, navegación resistente a interferencias, guiado terminal preciso, planificación de misión endurecida y ojivas aptas para instalaciones fortificadas o infraestructuras en red.
La industria europea ya dispone de componentes relevantes para esa ambición. MBDA sostiene que su misil de crucero naval combina largo alcance, firma radar reducida y capacidad de impacto preciso en el tiempo previsto. Además, el Proyecto Nightfall del Reino Unido nació para operar bajo fuerte interferencia electromagnética, con ciclos rápidos de lanzamiento y dependencia mínima de controles de exportación extranjeros. Esas referencias muestran que la base tecnológica existe, aunque el salto siga siendo considerable.
El lanzamiento terrestre y la industria sostienen la disuasión
La decisión de comenzar por el lanzamiento desde tierra figura entre los rasgos más decisivos del programa. Un sistema terrestre puede dispersarse, ocultarse, rearmarse y desplazarse con mayor flexibilidad que una fuerza aérea sujeta a unas pocas bases principales. Esa configuración permite sostener una disuasión convencional persistente. En la práctica, estas armas se acercan menos a una artillería de alcance extendido que a instrumentos de precisión a escala de teatro.
Su empleo se dirigiría contra nodos de defensa antiaérea, puestos de mando, centros logísticos, puentes, depósitos de munición y áreas de concentración situadas muy por detrás de la línea del frente. El componente hipersónico añade otra dimensión, porque reduce el tiempo de reacción del defensor. Mientras el misil de crucero furtivo busca disminuir la detección y aprovechar rutas complejas, el arma hipersónica intenta comprimir el margen de respuesta y forzar la geometría de los interceptores.
Frente a una red moderna e integrada de defensa antiaérea y antimisiles, la combinación de ambos tipos ofrece una ventaja operativa clara. Los misiles de menor firma obligan a ampliar la búsqueda y desgastan la arquitectura de radar y mando; los más veloces pueden alcanzar objetivos sensibles al tiempo o muy protegidos antes de que el adversario los reubique, los oculte o recupere su capacidad. En documentos oficiales, el DPS aparece como una capacidad de disuasión convencional para Europa.
El objetivo declarado es reforzar el flanco oriental de la OTAN, fortalecer la defensa antiaérea y antimisiles integrada y crear una opción soberana de ataque de largo alcance configurable por aliados europeos. Esa lógica coincide con la de ELSA, concebida para acelerar capacidades de ataque profundo, armonizar requisitos y ampliar cooperación industrial. Londres ya comprometió más de 400 millones de libras para armas hipersónicas y de largo alcance, mientras Berlín inserta el proyecto en una recuperación industrial soberana a gran escala.
La ejecución definirá el valor estratégico real del proyecto común
En este programa, la dimensión industrial pesa tanto como la tecnológica. La disuasión no descansa solo en la existencia de un misil avanzado, sino también en la capacidad de fabricarlo, reponerlo y actualizarlo a escala. Bajo esa lógica, el DPS pretende reforzar al mismo tiempo la autonomía estratégica y la base productiva de defensa en Europa. Reino Unido aspira incluso a producir hasta 7.000 nuevas armas de largo alcance en territorio británico.
A más largo plazo, la expansión hacia plataformas aéreas y navales podría convertirse en uno de los aspectos más trascendentes del proyecto. Las versiones lanzadas desde el aire encajarían con la arquitectura digital británica de selección de objetivos y con su ecosistema de combate aéreo de nueva generación. Las variantes navales abrirían ejes adicionales desde buques de superficie o submarinos, lo que complicaría de forma notable la planificación defensiva de un adversario.
El desafío inmediato, sin embargo, reside en la ejecución. De forma oficial, la entrada en servicio se sitúa en la década de 2030, mientras el esfuerzo hipersónico británico busca entregar un demostrador de arma para 2030. Ese margen deja a Londres y Berlín ante una tarea de ingeniería y producción de gran complejidad: combinar alcance, supervivencia, precisión, coste asumible y fabricación en volumen dentro de una misma familia de misiles desplegable en cantidades relevantes.
Por esa razón, el programa de Ataque de Precisión Profunda gana peso estratégico. Se sitúa en la intersección entre necesidad operativa, soberanía industrial y disuasión. Si se concreta en los términos anunciados, añadirá para la OTAN en Europa una nueva capa de ataque convencional entre los misiles de crucero heredados y la señalización nuclear, con capacidad para alcanzar gran profundidad desde lanzadores dispersos y mantener bajo amenaza objetivos críticos en varios dominios.
