Una audiencia del Senado reactivó el marco CAATSA y puso bajo presión la compra argelina del Su-57, pese a la cooperación antiterrorista.
Audiencia del Senado y relación de seguridad entre EE. UU. y Argelia
En Washington, una audiencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado abrió un frente que Estados Unidos ya tiene codificado en su andamiaje legal: coerción financiera y comercial, con alcance extraterritorial, ante compras de alto valor a la industria de defensa rusa. En ese marco, la eventual incorporación argelina de cazas Su-57 colocó a Argelia entre una relación bilateral útil para la seguridad regional y un régimen sancionatorio que Washington usa como presión estratégica.
El expediente público de la jornada incluye el testimonio escrito del Senior Bureau Official del Bureau of Near Eastern Affairs del Departamento de Estado, Robert J. Palladino. El texto ubicó a África del Norte dentro de una lógica de traslado de cargas, con socios regionales a cargo de su propia seguridad, mientras Estados Unidos concentra recursos en prioridades hemisféricas e indo-pacíficas. Ese encuadre acompañó una audiencia sobre terrorismo y fijó el marco político del debate.
El documento describió a Argelia como “pilar” de estabilidad regional por sus resultados en contraterrorismo y consignó un dato institucional: la Unión Africana designó al jefe de Estado argelino como “Champion for Preventing and Combating Terrorism” desde la creación del rol en 2017. Ese encuadre, pensado para el tema terrorismo, dejó asentada la relevancia de Argelia para la agenda de seguridad de Washington, incluso si otros carriles de la relación quedan expuestos a medidas punitivas.

La tensión surge de dos líneas que el testimonio del 3 de febrero dejó en paralelo. Estados Unidos promueve cooperación en contraterrorismo, ejercicios multilaterales y capacitación, con países del Magreb llamados a asumir roles de “exportadores” de seguridad. A la vez, administra un régimen sancionatorio que castiga vínculos con industrias de defensa que Washington clasifica como adversarias estratégicas. En ese cruce, el Su-57 expone el choque entre autonomía de compras y disciplina financiera.
Claves del marco CAATSA para la presión financiera y comercial
- Ley Pública 115–44, sección 231: exige cinco o más sanciones del menú de la sección 235 ante una “transacción significativa”.
- El menú legal permite afectar licencias de exportación, acceso a financiamiento y operaciones bancarias; en casos severos, habilita bloqueo de bienes e intereses en bienes bajo jurisdicción estadounidense.
- El Departamento de Estado evalúa la conducta y el Departamento del Tesoro, por medio de OFAC, publica listas, guías y acciones recientes relacionadas con CAATSA.
- El efecto extraterritorial busca condicionar el uso de bancos corresponsales, dólares, seguros, proveedores tecnológicos y autorizaciones de exportación vinculadas a jurisdicciones alineadas con Washington.
- Precedentes: en 2018 hubo designaciones por una transacción con Rosoboronexport; en 2020 OFAC creó la “Non-SDN Menu-Based Sanctions List” para sanciones no bloqueantes derivadas del menú.
Dependencia de equipos rusos y el efecto logístico de una compra nueva
La discusión sobre sanciones aparece porque la estructura material de la defensa argelina conserva una huella rusa amplia y persistente. Un análisis institucional sobre transferencias de armas en Oriente Medio y el Norte de África cuantificó que Rusia aportó cerca de la mitad de las importaciones de armas de Argelia en 2020–2024, por encima de otros proveedores. Esa proporción resume la escala del vínculo con la industria de defensa rusa en esos años.
Otra ficha técnica histórica indicó que Argelia recibió en 2009 las últimas entregas de Su-30 pedidas a Rusia en 2006. El mismo registro consignó pedidos de sistemas de defensa antiaérea y otros equipos de origen ruso. Ese patrón exige soporte técnico, modernización y repuestos del fabricante, además de formación y ciclos de mantenimiento que se extienden durante años y mantienen la flota en servicio, con provisión de repuestos y asistencia del fabricante a largo plazo.

La continuidad es el dato operativo que vuelve “sancionable” una compra nueva: no representa solo una plataforma adicional. La adquisición abre una cadena logística y contractual que amarra al comprador a un proveedor con restricciones occidentales, con contratos de soporte, actualizaciones y suministro de piezas críticas. Esa arquitectura también arrastra pagos internacionales, seguros y servicios conexos, además de impactos en municiones, soporte técnico y modernización, un terreno donde la coerción financiera puede elevar costos y riesgos.
En el diseño estadounidense, el efecto buscado no depende de cerrar un comercio bilateral Estados Unidos–Argelia. La presión apunta a condicionar la capacidad de cualquier actor para usar bancos corresponsales, dólares, seguros y proveedores tecnológicos, además de licencias y autorizaciones de exportación que pasan por jurisdicciones alineadas con Washington. Así, el costo puede irradiar a terceros que prefieren evitar exposición regulatoria en operaciones, financiamiento y ejecución contractual en ámbitos internacionales.
El Su-57 y la transacción significativa bajo posibles sanciones de EE. UU.
La posible entrada del Su-57 añade un componente cualitativo. Un caza de quinta generación introduce exigencias de integración de sensores, gestión de firmas, software de misión y enlaces de datos, además de armamento y mantenimiento especializado. Ese salto técnico refuerza la necesidad de soporte del proveedor y de contratos de largo plazo, con impacto directo en la disponibilidad operativa. La relación no se agota con la entrega, porque el sistema exige asistencia continua.
La relación con el proveedor sostiene la disponibilidad operativa por medio de contratos de soporte, actualizaciones de sistemas, calibración de equipos y suministro de piezas críticas. En la práctica, esa arquitectura da a la operación una “profundidad” industrial, el tipo de relación que Washington intenta encarecer si el proveedor pertenece al sector de defensa ruso. El objetivo consiste en elevar costos a través del sistema financiero y comercial dominado por Estados Unidos.

Esa intención se apoya en una obligación normativa. La Ley Pública 115–44, promulgada el 2 de agosto de 2017, estableció en su sección 231 que el presidente debe imponer cinco o más sanciones del “menú” descrito en la sección 235 contra cualquier “persona” que participe, a sabiendas, en una “transacción significativa” con entidades del sector de defensa o inteligencia del Gobierno de la Federación Rusa o que actúen en su nombre.
La implementación recae en un circuito interagencial: el Departamento de Estado evalúa la conducta y el Departamento del Tesoro, mediante la Office of Foreign Assets Control, publica listas, preguntas frecuentes y reportes de acciones. Los precedentes muestran designaciones CAATSA de 2018 ligadas a Rosoboronexport y la lista Non-SDN creada en 2020. En el caso argelino, al 7 de febrero de 2026 no figura una designación específica del Tesoro por este concepto.
