Antes del amanecer del 15 de enero de 2026, un grupo de infantes de marina y marineros despegó desde el portaaviones nuclear USS Gerald R. Ford (CVN 78) y participó en el apresamiento del buque Motor/Tanker Veronica en el mar Caribe, en una operación que el Mando Sur de Estados Unidos vinculó a la Operación Southern Spear y que desarrolló “en apoyo” del Departamento de Seguridad Nacional estadounidense.
Ese despegue desde una plataforma móvil resume la lógica de funcionamiento del Gerald R. Ford: una central nuclear embarcada que genera propulsión y electricidad, un sistema de vuelo que lanza y recupera aeronaves con equipos de nueva generación y una arquitectura interna que mueve combustible, munición y personas por un casco diseñado para sostener un ritmo continuado de operaciones. La Marina estadounidense lo encuadra como portaaviones de propulsión nuclear de nueva clase y lo ha empleado como buque insignia en despliegues y tareas operativas con grupos de escolta y apoyo logístico.
El Gerald R. Ford pertenece a la clase que lleva su nombre y que sucede a la clase Nimitz dentro de la flota de portaaviones de Estados Unidos. El Servicio de Investigación del Congreso (CRS) sitúa su entrada en servicio el 22 de julio de 2017, fija su consecución de capacidad operativa inicial en diciembre de 2021 y detalla que su primer despliegue se retrasó por trabajos pendientes en elevadores de armas y otros problemas técnicos; la primera salida de despliegue de la que da cuenta el informe empezó en octubre de 2022 y la primera campaña de duración completa comenzó el 2 de mayo de 2023.

En dimensiones, los datos de la Marina sobre la clase describen un buque de 1.092 pies de eslora, con cuatro ejes, velocidad superior a 30 nudos y un desplazamiento del orden de 100.000 toneladas largas a plena carga. La ficha difundida por la propia Armada añade una dotación conjunta —buque, ala aérea y estado mayor— en el entorno de las 4.660 personas y una capacidad de operar más de 75 aeronaves, además de un armamento defensivo que incluye el misil ESSM, el misil RAM y el sistema Phalanx de defensa de punto.
El centro físico de esa capacidad reside bajo la línea de flotación: el buque emplea dos reactores nucleares A1B y una planta de propulsión asociada a cuatro ejes. Sobre esa base, la Marina ha presentado el diseño como un portaaviones con “servicios totalmente eléctricos”, una formulación que alude a la eliminación de líneas de vapor de servicio en favor de distribución eléctrica para usos internos, con impacto directo en mantenimiento y control de corrosión, según documentación institucional de la Armada. En la práctica operativa, esa electricidad alimenta desde propulsión auxiliar y climatización hasta la cadena de lanzamiento y recuperación de aeronaves, los sensores principales y equipos de misión.
La Marina también ha subrayado el aumento de la generación eléctrica respecto a clases previas. En el anuncio de entrega del buque a la Armada en 2017, NAVSEA indicó que el portaaviones genera aproximadamente tres veces la electricidad de clases anteriores y que el diseño contempla su rápida adaptación a nuevas capacidades durante una vida prevista de unas cinco décadas. Esa reserva eléctrica enlaza con uno de los rasgos definitorios del Gerald R. Ford: el abandono de la catapulta de vapor como método de lanzamiento.
El lanzamiento de aeronaves se apoya en el Sistema Electromagnético de Lanzamiento de Aeronaves (EMALS). En una prueba comunicada por NAVSEA en 2015, la Armada describió el proceso funcional: los generadores del buque producen un pulso eléctrico que atraviesa equipos de acondicionamiento de potencia y llega a motores lineales instalados bajo la superficie de la cubierta de vuelo; esos motores impulsan el carro de lanzamiento a lo largo del raíl de catapulta, con control del perfil de aceleración y de la velocidad final. En esa misma comunicación, NAVSEA señaló que el sistema permite control más preciso, aceleración suave en un rango de velocidades y menor esfuerzo estructural sobre las aeronaves, al tiempo que detalló que el carro alcanzó velocidades superiores a 180 nudos en ensayos sin carga.

La recuperación, en el extremo opuesto del ciclo, se apoya en el Equipo Avanzado de Detención (AAG), que la Armada ha presentado como sustituto del equipo de detención hidráulico de generaciones anteriores. En el plano de mantenimiento y evolución técnica, NAVSEA informó en 2019 de mejoras ejecutadas durante una disponibilidad pospuesta a la entrega que incluyeron actualizaciones de componentes del AAG, citando de forma específica los elementos denominados “water twisters”, junto con otros trabajos sobre la cadena de propulsión y los sistemas de combate.
El valor de estos sistemas se mide en cadencia, fiabilidad y seguridad, y ahí aparece otra capa de “cómo funciona”: el Gerald R. Ford no se limita a incorporar equipos nuevos, sino que ha pasado por una fase prolongada de ensayos, correcciones y certificaciones para integrarlos con la vida real de una cubierta de vuelo. En mayo de 2021, NAVSEA informó de la finalización de un periodo de 18 meses de pruebas y evaluaciones posteriores a la entrega, y situó el buque con más de 8.100 catapultajes y apontajes acumulados, tras un incremento acelerado desde el inicio del ciclo de pruebas. En ese mismo comunicado, NAVSEA recogió marcas operativas de entrenamiento, como una jornada con 170 lanzamientos y 175 apontajes en 8,5 horas, dentro de periodos de navegación de adiestramiento y certificación.
En paralelo a la cubierta, el interior del portaaviones mueve munición desde pañoles a puntos de transferencia y, finalmente, a la cubierta de vuelo. En ese circuito intervienen los 11 Elevadores Avanzados de Armas (AWE), que NAVSEA describió como operados mediante tecnologías avanzadas con motores electromagnéticos en lugar de sistemas hidráulicos, con el objetivo de trasladar munición con menos personal y con un perfil de operación que reduce carga de trabajo. En diciembre de 2021, NAVSEA informó de la entrega a la dotación del undécimo y último elevador de armas del buque. En la actualización de 2021 sobre pruebas y maduración, NAVSEA también situó el uso intensivo de estos elevadores durante el periodo de ensayos, con miles de ciclos ejecutados en condiciones de mar.
La supervivencia del portaaviones depende de su capacidad para detectar amenazas y responder con su defensa de punto, además de la protección que aporta el grupo de escoltas. En la fase de calificación del sistema de combate, NAVSEA detalló ejercicios con empleo real de munición y la actuación conjunta de sensores y armas: el buque usó misiles RIM-116, misiles Sea Sparrow y el sistema Phalanx, mientras el radar de banda dual aportó identificación y seguimiento de blancos para que los operadores ejecutaran respuestas planificadas.

Ese conjunto de sensores, redes y equipos incluye, además, elementos sometidos a evaluaciones de ciberseguridad y resiliencia. El informe anual de 2024 del director de Ensayos y Evaluación Operativa del Departamento de Defensa (DOT&E) recoge que la Armada realizó pruebas de supervivencia cibernética a bordo del CVN 78 en 2024, con observación de DOT&E, e incluyó ensayos de programas como el sistema integrado SSDS, la Capacidad de Compromiso Cooperativo (CEC) y el conjunto SEWIP de guerra electrónica, además de aspectos vinculados a sistemas de control industrial del buque.
El “cómo funciona” también incluye la dimensión de sostenimiento: un portaaviones opera dentro de un programa de construcción y mantenimiento que conecta astillero, cadena de suministros, dotación y ciclos de despliegue. El CRS cifra el coste de adquisición del CVN-78 en unos $13.316,5 millones en valores nominales de su época presupuestaria y sitúa a Newport News Shipbuilding, del grupo HII, como el único astillero estadounidense con capacidad para construir portaaviones nucleares de cubierta corrida. En el plano de empleo operacional, la Marina informó del retorno del grupo de ataque del Gerald R. Ford tras su despliegue que concluyó en enero de 2024, en un comunicado que también enumeró tecnologías introducidas por la clase, entre ellas EMALS, AAG y los elevadores avanzados de armas.
Durante 2025, materiales institucionales y pie de foto oficiales situaron al Gerald R. Ford como buque insignia desplegado del Grupo de Ataque de Portaaviones 12 en el área de operaciones de la 6.ª Flota, con tránsitos y actividades junto a buques aliados y socios en pasos estratégicos como el estrecho de Gibraltar. Y en enero de 2026, el Mando Sur lo ubicó en el eje de una operación de interdicción marítima en el Caribe, desde la que despegaron equipos para el apresamiento del Veronica, una actuación que el propio comunicado presentó como parte de un dispositivo interinstitucional con el Departamento de Seguridad Nacional y el Departamento de Justicia, y que señaló como respaldado por plataformas de un Grupo Anfibio Listo que incluyó los buques USS Iwo Jima (LHD 7), USS San Antonio (LPD 17) y USS Fort Lauderdale (LPD 28).
