El Pentágono movió cazas furtivos, aviones cisterna y carga para sostener dos grupos aeronavales, mientras crece la tensión con Irán y sigue la vía diplomática.
Un despliegue aéreo y naval eleva la presencia de Estados Unidos en la región
Durante la última semana, Estados Unidos inició el traslado de cazas furtivos F-22 desde puntos de apoyo en Europa hacia Oriente Medio, como parte de una concentración de fuerzas que reúne aviación de combate, reabastecimiento y dos grupos aeronavales. Ese movimiento amplió el abanico de opciones militares disponibles para la Casa Blanca en una tensión con Irán que avanza en paralelo a negociaciones nucleares. La magnitud del dispositivo elevó la presencia estadounidense al nivel más alto desde 2003.
La estructura de fuerzas quedó orientada a ejecutar ataques y a sostener defensas frente a represalias, con una combinación de medios en el aire y en el mar. El aumento resultó visible en el volumen de salidas y llegadas que conectó bases en Estados Unidos y Europa con el área de responsabilidad del Comando Central. En ese marco, el despliegue se consolidó mediante una secuencia operativa que prioriza la logística y, después, la llegada del grueso de aeronaves.
Un equipo civil de fuentes abiertas, Military Air Tracking Alliance, registró más de cien cazas que salieron de bases estadounidenses y europeas con destino a Oriente Medio. En la misma ventana, detectó más de cien aviones cisterna y más de doscientos vuelos de carga que sostuvieron la cadena logística. La secuencia aparece definida: primero llegan municiones, repuestos, personal de mantenimiento y equipos de apoyo; después aterrizan las aeronaves que dependen del reabastecimiento en vuelo.

Ese esquema permite sostener un ritmo alto de operaciones, porque el desplazamiento y la permanencia de los aparatos se apoyan en una red de cisternas y en una línea de suministros constante. La concentración también refuerza la defensa de bases y el control del espacio aéreo cercano a instalaciones y buques. Con ese volumen de medios, la presencia estadounidense combina disuasión, preparación de ataques y capacidad de respuesta ante escenarios de escalada.
Indicadores del aumento operativo en aire y mar
- Más de cien cazas salieron de bases estadounidenses y europeas con destino a Oriente Medio, según un seguimiento civil de fuentes abiertas.
- En la misma ventana operativa se detectaron más de cien aviones cisterna y más de doscientos vuelos de carga para sostener la logística.
- La secuencia prioriza primero municiones, repuestos y personal de mantenimiento, y después la llegada del grueso de aeronaves con apoyo de reabastecimiento en vuelo.
- La presencia estadounidense alcanzó el nivel más alto desde la invasión de Irak en 2003, con orientación ofensiva y defensiva.
Rutas atlánticas y permisos políticos sostienen el puente aéreo hacia la zona
La operación de transporte aéreo utilizó escalas en el Atlántico y dependió de permisos políticos que suelen quedar fuera del debate público hasta que el tránsito crece. Portugal informó un uso más intenso de la base de Lajes, en las Azores, durante semanas recientes. Lisboa sostuvo que el marco legal bilateral vigente desde 1951 cubre ese incremento sin exigir autorización previa del gobierno portugués, según la explicación divulgada.

Ese argumento precisó el valor de la ruta, ya que Lajes opera como punto de paso para aeronaves que cruzan el Atlántico. En ese tramo, las tripulaciones requieren descanso y, en ocasiones, las unidades necesitan reconfigurar cargas o cargar combustible antes de continuar. Desde ese nodo, el tránsito sigue hacia otras bases europeas o hacia Oriente Medio, lo que encaja con el patrón de despliegue por fases descrito por los rastreos civiles.
El puente aéreo conecta puntos de origen en Estados Unidos y Europa con el área de responsabilidad del Comando Central, con una logística que se sostiene mediante vuelos de carga y la disponibilidad de cisternas. La continuidad del tránsito refuerza el despliegue y permite mantener la presencia sin depender de un único corredor. Esa densidad de movimiento también incrementa la visibilidad política de la operación cuando los países anfitriones informan sobre el uso de instalaciones.
En paralelo, el despliegue en tierra se apoyó en bases que permiten operar cerca del espacio aéreo iraní y sostener la defensa de instalaciones estadounidenses. Imágenes satelitales del 21 de febrero mostraron más de cincuenta aeronaves en Muwaffaq Salti, Jordania, en un área de estacionamiento con posibilidad de resguardo bajo hangares. Ese patrón sugiere una preparación que combina dispersión, protección y capacidad de salida rápida.
Dos portaaviones, alerta temprana y cazas furtivos amplían opciones militares
En el mar, el despliegue naval tomó forma antes del aumento máximo del movimiento aéreo. El portaaviones USS Abraham Lincoln y varios destructores con misiles guiados entraron en la región de responsabilidad del Comando Central el 26 de enero de 2026, con un aumento de la capacidad de defensa y ataque desde el mar. A esa presencia se añadió un segundo grupo aeronaval cuando la Casa Blanca ordenó el desplazamiento del USS Gerald R. Ford hacia la zona, con escoltas adicionales.

Con esa decisión, la Marina elevó su presencia a un mínimo de dieciséis buques, con decenas de aeronaves embarcadas y con el complemento de defensa antiaérea y antisubmarina asociado a un grupo de portaaviones. En el componente aéreo, el flujo añadió plataformas de mando y alerta temprana. Un miembro del equipo de rastreo civil siguió el traslado de seis E-3 hacia Arabia Saudita, aeronaves que coordinan paquetes numerosos, designan objetivos y organizan el reabastecimiento en vuelo.
Ese nivel de mando reduce tiempos de reacción y aumenta la densidad de operaciones cuando varios escuadrones comparten un mismo espacio aéreo. Dentro de esa disposición, el F-22 cumple una función específica, ya que aporta superioridad aérea con baja observabilidad y sensores orientados a detectar y comprometer amenazas a distancia. Esas capacidades sirven para establecer corredores aéreos seguros, escoltar aeronaves de alto valor y controlar el espacio alrededor de bases y grupos navales.
En una zona donde Irán combina misiles, drones y aeronaves tripuladas, el F-22 eleva la defensa frente a incursiones y, si se ordena un ataque, facilita la entrada de otros cazas y bombarderos al reducir el riesgo asociado a interceptores y defensas antiaéreas. El despliegue lo integra con otros modelos presentes, como F-35, F-15 y F-16, que cubren misiones de ataque, supresión de defensas y patrullas de protección de puntos críticos.
Diplomacia en Ginebra y ventana temporal para una decisión en Washington
La secuencia política coincidió con el aumento del ritmo del despliegue, en un contexto donde la diplomacia mantuvo un canal abierto en Ginebra. El texto sitúa una tercera ronda prevista para el jueves posterior al 22 de febrero, mientras el presidente Donald Trump sostuvo de forma pública la amenaza de acciones militares si Irán no acepta restricciones sobre su programa nuclear. En Washington, funcionarios describieron reuniones de seguridad nacional centradas en la disponibilidad de fuerzas.
En esas conversaciones, se señaló mediados de marzo como fecha de referencia para disponer del conjunto completo requerido para una acción de mayor escala. Ese hito ayuda a explicar el esquema por fases, ya que una primera fase aseguró presencia naval y defensa de bases, y después llegó el refuerzo aéreo que amplía las opciones ofensivas. Las autoridades evaluaron un escenario distinto al de operaciones puntuales del pasado reciente, con preparativos para operaciones con duración de semanas.

Según esas descripciones, los objetivos superarían la infraestructura nuclear e incluirían instalaciones estatales y de seguridad, con una previsión explícita de represalias iraníes y una secuencia de ataques y contraataques. Un episodio del 3 de febrero mostró el nivel de tensión cuando un F-35 derribó un dron iraní que se aproximó al portaaviones Abraham Lincoln. El mando militar calificó el hecho como defensa propia para proteger a la dotación y a la unidad.
La presencia de cazas furtivos y de plataformas de mando busca limitar incidentes de ese tipo y, en caso de escalada, sostener una respuesta continuada. Irán dispone de un arsenal de misiles y de una red de aliados y socios armados con capacidad para atacar bases, buques y rutas comerciales. La experiencia del año anterior influye en la disposición actual, ya que, tras ataques estadounidenses contra objetivos nucleares iraníes, Irán lanzó misiles contra una base en Qatar y el Pentágono reforzó sistemas como Patriot.
Fuerzas en movimiento y negociaciones activas definen el escenario al 24 de febrero
Al 24 de febrero de 2026, la evidencia disponible indica un despliegue en curso y una diplomacia que aún mantiene reuniones programadas. El tránsito por el Atlántico continúa, con escalas que implican a aliados europeos y a nodos logísticos como las Azores. En paralelo, la Marina mantiene dos grupos de portaaviones con destino a la zona de operaciones, mientras la Fuerza Aérea sostiene esa zona con cazas, aeronaves de alerta y un flujo continuo de carga.
Estados Unidos mantiene instalaciones y personal en múltiples países de Oriente Medio, lo que obliga a repartir recursos entre la defensa de puntos fijos y la preparación ofensiva. El dispositivo actual mantiene el criterio de anticipar un intercambio de fuego, aunque añade mayor volumen de aviación, más capacidades de mando y un segundo portaaviones. Esa combinación incrementa la capacidad de sostener operaciones desde el mar y de coordinar paquetes aéreos con reabastecimiento en vuelo.

La Casa Blanca mantiene disponibles todas las opciones y el Pentágono evita detallar rutas y destinos inmediatos, pero la estructura ya desplegada ofrece capacidad ofensiva y defensiva. En ese contexto, el despliegue se describe como una red de mando activa y una concentración de medios que busca sostener un nivel alto de operaciones. La referencia temporal queda concentrada en las próximas semanas, con una ventana política vinculada a la fecha de mediados de marzo.
Con fuerzas aún en movimiento, la situación combina continuidad logística, presencia naval reforzada y un componente aéreo que integra superioridad, ataque y mando. Ese conjunto permite sostener defensas ante represalias y, si se adopta una decisión, ejecutar ataques con apoyo desde bases y desde el mar. En el cruce entre negociaciones y presión militar, el despliegue refleja una preparación que permanece abierta a resultados diplomáticos o a una escalada operativa.
