El Ejército estadounidense evaluará en 2026 un Black Hawk opcionalmente tripulado para vuelo autónomo, control remoto y empleo en misiones de alto riesgo.
Los ensayos del Ejército para integrar el H-60Mx al combate real
Tras la entrega del primer H-60Mx Black Hawk al Ejército de Estados Unidos el 20 de marzo de 2026, la fuerza abrió una campaña de ensayos prevista para este año. El plan busca comprobar el vuelo autónomo, el control remoto y la integración de la aeronave en operaciones reales de combate. Esa evaluación apunta al empleo del aparato en misiones de alto riesgo dentro de espacios presionados por defensas antiaéreas y guerra electrónica.
Con ese paso, el Ejército adopta un enfoque que busca reducir la exposición de las tripulaciones sin perder ritmo operativo ni continuidad de la misión. La intención consiste en ejecutar determinadas tareas sin pilotos en cabina y conservar, al mismo tiempo, la capacidad de maniobra dentro de un entorno condicionado por amenazas múltiples. Así, la fuerza intenta sostener su acción aérea aun cuando el combate impone riesgos crecientes a la aviación convencional.
Detrás de esa capacidad hay más de una década de trabajo dentro del programa Aircrew Labor In-Cockpit Automation System, ALIAS, impulsado por DARPA. El concepto nació como un conjunto modular y desmontable para adaptar aeronaves existentes con automatización avanzada, simplificar la operación de vuelo y reforzar la seguridad junto con la eficacia de la misión. Después de varias demostraciones en plataformas militares y comerciales, el sistema alcanzó madurez suficiente para una evaluación operativa.

El tránsito desde la investigación hasta una capacidad utilizable en servicio dependió además de un socio industrial que desarrolló una arquitectura de autonomía apta para operaciones tripuladas, con dotación reducida y totalmente no tripuladas. Ese modelo encaja con la modernización del Ejército estadounidense, que pretende prolongar el uso de plataformas establecidas como el UH-60 y acelerar nuevas capacidades en paralelo a programas de mayor alcance como Future Vertical Lift.
Capacidades del H-60Mx para autonomía, carga y supervivencia
- Puede operar con pilotos a bordo, con dotación reducida o sin tripulación.
- El gestor autónomo de misión ejecuta el vuelo completo desde el despegue hasta el aterrizaje.
- El paquete ALIAS admite aplicaciones de terceros, sensores adicionales y funciones basadas en inteligencia artificial.
- Los mandos de vuelo eléctricos mejoran la estabilidad y la precisión en entornos visuales degradados.
El UH-60M y la arquitectura que convierte al H-60Mx en autónomo
Sobre la base del UH-60M Black Hawk, que es el helicóptero utilitario principal del Ejército estadounidense, se desarrolló el H-60Mx. La plataforma cumple funciones de asalto aéreo, movilidad táctica, evacuación médica, mando y control y apoyo logístico. Cuenta con dos motores General Electric T700-GE-701D, aviónica digital avanzada y una mayor capacidad de elevación, suficiente para transportar 11 soldados equipados o mover cargas externas superiores a 4.000 kilogramos.
A esas prestaciones se suman estructuras resistentes al impacto y protección balística, rasgos que explican su uso habitual en operaciones de alta intensidad. En la versión H-60Mx, el elemento central pasa a ser un gestor autónomo de misión, un sistema digital de asistencia capaz de ejecutar el perfil completo del vuelo desde el despegue hasta el aterrizaje. La aeronave puede actuar bajo supervisión de estaciones en tierra o cumplir misiones de manera independiente.

De ese modo, la plataforma amplía sus opciones para reabastecimiento logístico, evacuación de heridos y reconocimiento en zonas de acceso impedido o bajo amenaza extrema, donde el riesgo para una tripulación humana resulta inaceptable. El conjunto ALIAS para vehículo opcionalmente pilotado incorpora además un paquete de desarrollo de software que facilita la incorporación rápida de aplicaciones de terceros, sensores adicionales y capacidades basadas en inteligencia artificial.
Esa arquitectura de sistemas abiertos permite adaptar la aeronave a exigencias cambiantes de la misión y reduce los costos de integración a largo plazo. También ofrece una vía escalable para modernizar amplios segmentos de la flota sin construir fuselajes nuevos desde cero. Otro cambio importante consiste en reemplazar los controles mecánicos tradicionales por mandos de vuelo eléctricos, lo que mejora la estabilidad, sobre todo en entornos visuales degradados, y aporta mayor precisión a las maniobras automatizadas.
Las pruebas del Ejército y el impacto operativo previsto en 2026
En la siguiente etapa, pilotos de pruebas e ingenieros del Ejército evaluarán la aeronave en escenarios complejos. Entre los aspectos sometidos a examen figuran la navegación autónoma, la evasión de obstáculos y las misiones coordinadas entre sistemas tripulados y no tripulados. Una parte crítica de la campaña se concentrará en la resistencia del sistema dentro de entornos electromagnéticos con alta interferencia, donde la seguridad y la fiabilidad de los enlaces de control resultan decisivas.
A la vez, el H-60Mx servirá para evaluar el programa Strategic Autonomy Flight Enabler, SAFE, con el que el Ejército busca desarrollar un conjunto universal de autonomía aplicable a la flota Black Hawk y, más adelante, a futuras plataformas. El objetivo apunta a una aviación distribuida en la que formaciones mixtas de aeronaves con tripulación y sistemas autónomos actúen de forma integrada dentro de un campo de batalla multidominio.

Mientras esa evaluación avanza, en Texas continúan trabajos paralelos con apoyo del George H.W. Bush Combat Development Complex de la Universidad Texas A&M para ampliar el empleo de helicópteros UH-60L equipados con ALIAS. Esos ensayos exploran usos de doble propósito, entre ellos la lucha contra incendios forestales, y permiten medir el rendimiento del sistema en condiciones reales fuera del combate, con posibles beneficios para el ámbito militar y para misiones dentro del territorio nacional.
Con la llegada del H-60Mx, las unidades de aviación podrán reasignar pilotos experimentados a operaciones más complejas o expuestas, mientras las tareas rutinarias o especialmente peligrosas pasarán a sistemas autónomos. Ese ajuste reduce la carga de trabajo, limita la fatiga y ofrece una respuesta a la escasez de pilotos y a las exigencias de adiestramiento. Además, la nueva capacidad preserva la continuidad de la misión, amplía el alcance operativo y eleva la supervivencia del Black Hawk.
