Rastreadores de vuelos registraron el tránsito de docenas de aparatos hacia la región durante conversaciones indirectas con Irán en Ginebra sobre el programa nuclear.
Traslado acelerado de cazas y cisternas durante la ronda de Ginebra
El 17 de febrero de 2026, durante la segunda ronda de conversaciones indirectas entre Washington y Teherán en Ginebra sobre el programa nuclear iraní, rastreadores de vuelos de fuentes abiertas registraron en un solo día el tránsito de docenas de cazas estadounidenses hacia Oriente Medio, con aviones de reabastecimiento en vuelo como apoyo. Un funcionario estadounidense confirmó el traslado de más de 50 aparatos en las últimas 24 horas.
La observación pública asoció el movimiento con F-22, F-35 y F-16. La combinación de cazas y cisternas elevó la capacidad operativa de patrulla, escolta y ataque de precisión, además de facilitar misiones a larga distancia sin depender de escalas prolongadas. El Pentágono no publica itinerarios ni destinos en tiempo real, por lo que el recuento detallado depende de transpondedores, observación y fotografía satelital.
Ese tránsito se integró en un despliegue que aumentó desde enero, con bases que funcionaron como puntos de acumulación y distribución. La concentración de aviones de apoyo sostuvo la cadena logística que facilita despliegues rápidos de cazas y municiones y mantuvo la continuidad de las operaciones en el área de responsabilidad del Comando Central.

El movimiento coincidió con una fase de negociación que mantuvo diferencias centrales. Washington presionó para que Teherán renunciara al enriquecimiento en su territorio, mientras Irán trató esa exigencia como una condición no negociable, lo que dejó abierta la posibilidad de un escenario de fricción si el proceso diplomático no avanza.
Claves observadas en el tránsito de aeronaves hacia la región
- Un funcionario estadounidense confirmó el traslado de más de 50 aparatos en las últimas 24 horas.
- Rastreadores de vuelos de fuentes abiertas registraron docenas de cazas con apoyo de aviones cisterna.
- La observación pública asoció el movimiento con F-22, F-35 y F-16.
- La combinación de cazas y reabastecimiento en vuelo amplió el alcance de misiones sin escalas prolongadas.
- El recuento público dependió de transpondedores e imágenes satelitales ante la falta de itinerarios oficiales.
Al Udeid en Qatar reforzó logística y ajustó defensa con misiles Patriot
En Al Udeid, Qatar, imágenes satelitales registraron un aumento de aeronaves entre mediados de enero y comienzos de febrero, junto con un ajuste de la defensa de la base. La instalación colocó misiles Patriot sobre camiones lanzadores, con el objetivo de obtener movilidad y disminuir la vulnerabilidad ante un ataque. Ese cambio acompañó la acumulación de aviones de apoyo que sostienen operaciones continuas.
Durante el mismo periodo, la base alojó un avión de reconocimiento RC-135, tres C-130, 18 KC-135 y siete C-17. Para algunos de esos modelos, las cifras resultaron superiores a las observadas dos semanas antes. La concentración de cisternas y transportes aumentó la capacidad de la cadena logística que facilita despliegues rápidos de cazas y municiones hacia distintos puntos de la región.

El patrón descrito combinó acumulación y distribución desde un punto central. Al sumar aeronaves de reabastecimiento y transporte, el despliegue reforzó la capacidad de sostener patrullas, escoltas y misiones de ataque de precisión en un área amplia. Ese soporte incrementó la resiliencia operativa cuando la situación incluyó incidentes y ejercicios que elevaron el nivel de alerta regional.
El ajuste defensivo con Patriot respondió a una prioridad inmediata. El despliegue buscó reducir la exposición de instalaciones ante drones y misiles, en paralelo con patrullas de combate aéreo y defensas activas cerca de rutas marítimas y unidades navales. La movilidad de los lanzadores formó parte de un esquema que privilegió dispersión y capacidad de respuesta ante amenazas.
Jordania y Arabia Saudí recibieron plataformas de ataque y de apoyo
La acumulación también apareció en Jordania, donde una lectura de imágenes de febrero en Muwaffaq Salti identificó 17 F-15E, ocho A-10, cuatro C-130 y helicópteros en una zona de la base. Otra zona mostró un C-17, un C-130 y cuatro EA-18G. La combinación de plataformas cubrió ataque y apoyo cercano, transporte táctico y estratégico, y guerra electrónica.
La presencia de EA-18G apuntó a tareas orientadas a degradar radares y comunicaciones. En conjunto, el despliegue en Jordania añadió capacidades complementarias a la llegada de cazas hacia Oriente Medio, al tiempo que sostuvo una arquitectura de apoyo que incluye transporte y reabastecimiento. La lectura pública se apoyó en observación e imágenes, ya que no hay datos oficiales de itinerarios en tiempo real.

Más al sur, en Prince Sultan, Arabia Saudí, las imágenes de febrero mostraron un C-5 Galaxy y un C-17. Esa combinación indicó flujo de carga pesada y rotación de personal, elementos asociados a un despliegue con capacidad de sostener operaciones durante semanas. El movimiento de grandes transportes sugirió continuidad logística y preparación para cambios rápidos en el ritmo operativo.
El patrón regional mostró bases con funciones distintas dentro del mismo esquema. Mientras algunos puntos concentraron cisternas y transportes, otros reunieron plataformas de ataque, apoyo cercano y guerra electrónica. Esa distribución elevó opciones operativas y mantuvo un respaldo que reduce la dependencia de un solo nodo, especialmente cuando el entorno incluyó amenazas vinculadas a drones y misiles.
Dos portaaviones y episodios de fricción elevaron la disponibilidad operativa
En el mar, la presencia estadounidense añadió un componente adicional con el grupo de combate del portaaviones USS Abraham Lincoln, que llegó a la región a finales de enero con escoltas de superficie y un ala aérea embarcada. Después, la Casa Blanca ordenó la salida del USS Gerald R. Ford hacia Oriente Medio, con un tránsito previsto de al menos una semana desde su posición en el Atlántico.
El envío de un segundo portaaviones aumentó el número de aeronaves disponibles en cubierta, elevó la persistencia de vigilancia y ofreció opciones de respuesta sin depender únicamente de bases en tierra. Washington presentó el despliegue como preparación ante un posible fracaso diplomático y describió el traslado de activos como una secuencia que integra fuerzas navales, destructores, cazas y aviones de vigilancia.

La dinámica de riesgo ya incluyó incidentes recientes. El 3 de febrero, un caza F-35C derribó un dron iraní Shahed-139 que se aproximó al USS Abraham Lincoln en el mar Arábigo. Ese mismo día, fuerzas iraníes hostigaron a un buque mercante de bandera estadounidense en el estrecho de Ormuz, y un destructor estadounidense intervino para escoltarlo con apoyo aéreo defensivo.
En paralelo, Irán anunció el cierre temporal de partes del estrecho de Ormuz durante ejercicios con fuego real, y medios estatales iraníes describieron disparos de misiles hacia el corredor marítimo. Ormuz concentra alrededor de una quinta parte del flujo mundial de petróleo, por lo que cualquier interrupción breve modifica el cálculo estratégico de países del Golfo, navieras y mercados. Washington respondió con un aumento de presencia y rotación de activos.
Negociación nuclear, exigencias de verificación y plazo corto para propuestas
En Ginebra, los equipos negociadores avanzaron en una fórmula de “principios guía” y fijaron los pasos siguientes con mediación de Omán. Tras la reunión, un funcionario estadounidense describió un calendario de alrededor de dos semanas para que Irán entregue propuestas detalladas destinadas a cerrar brechas. La discusión mantuvo su principal divergencia sobre el enriquecimiento de uranio en territorio iraní.
El componente técnico del debate también influyó en el ritmo militar. La agencia de supervisión nuclear de la ONU pidió a Irán explicaciones sobre el destino de su reserva de 440 kilos de uranio altamente enriquecido tras los bombardeos del año anterior y reclamó acceso pleno de inspección, incluida la reanudación en instalaciones atacadas en junio, entre ellas Natanz, Fordo e Isfahán.

Washington recordó el empleo de bombarderos B-2 en esos ataques como elemento de disuasión. Teherán sostuvo que su programa tiene fines pacíficos, pero la discusión se centró en niveles de enriquecimiento y verificación efectiva, con las sanciones como elemento principal del intercambio. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, vinculó el avance a un acuerdo general de principios.
Al cierre del 17 de febrero, la situación quedó organizada en dos procesos paralelos. En el plano diplomático, las delegaciones salieron con un acuerdo general de principios y un plazo corto para propuestas sobre límites, verificación y alivio de sanciones. En el plano militar, el traslado de cazas, la concentración de cisternas y transportes, la movilidad de Patriot y el tránsito de un segundo portaaviones sostuvieron una disponibilidad elevada.
