El FB-22, basado en el F-22 Raptor, combinaba sigilo, alcance medio y capacidad táctica, pero fue cancelado por cambios estratégicos y restricciones presupuestarias.
El FB-22 buscaba modernizar el concepto de bombardero medio
Lockheed Martin diseñó el FB-22 T-Rex como una evolución del F-22 Raptor, con el objetivo de ofrecer un bombardero medio sigiloso adaptado a los retos del siglo XXI. Su estructura incluía un ala delta de mayor envergadura, estimada en 65 pies frente a los 44.5 del F-22, lo que incrementaba su capacidad de carga y autonomía.
El T-Rex alcanzaba una velocidad máxima de Mach 1.92 (aproximadamente 1,450 mph) y ofrecía un alcance de 1,600 millas sin necesidad de reabastecimiento. Utilizaba los mismos motores Pratt & Whitney F119-PW-100 del Raptor, con un empuje combinado de 70,000 libras y mantenía la capacidad de supercrucero.
Uno de sus principales atributos era la flexibilidad en carga útil: podía llevar 15,000 libras en bahías internas, preservando el sigilo, y hasta 30,000 libras mediante puntos de anclaje externos. Esta capacidad superaba ampliamente a la del F-22 y F-35, permitiendo transportar desde GBU-39 hasta misiles AGM-158 JASSM.
Para reducir costos y acelerar su desarrollo, Lockheed Martin reutilizó componentes del F-22, como el fuselaje, la aviónica y el radar AESA AN/APG-77. Esta decisión apuntaba a tener un bombardero operativo en menos de diez años, con un costo unitario estimado entre 150 y 200 millones de dólares.
Contexto estratégico influyó en la cancelación del programa
Durante los primeros años de la década de 2000, la Fuerza Aérea de EE. UU. priorizó conflictos en Irak y Afganistán, lo que afectó los recursos disponibles para proyectos como el FB-22. El Pentágono optó por modernizar el B-1B y financiar el B-21 Raider, restando apoyo al T-Rex.
El coste elevado del F-22 —150 millones por unidad— limitó su producción a 187 unidades. Extender la línea de producción para el FB-22 requería inversiones adicionales que el Departamento de Defensa no aprobó. Esta decisión se basó en criterios de costo-efectividad y prioridades tácticas inmediatas.
La función táctica que proponía el FB-22 se vio eclipsada por la necesidad de aviones con mayor alcance y capacidad de penetración profunda, como el B-21. La USAF prefirió apostar por una plataforma con sigilo extremo y autonomía estratégica, descartando así al T-Rex.

Aviones históricos como el F-111 Aardvark o el B-47 Stratojet habían demostrado el valor de los bombarderos medios. Sin embargo, el entorno operativo posterior al 11 de septiembre reorientó las prioridades hacia misiones de contrainsurgencia y no hacia confrontaciones interestatales.
Datos relevantes sobre el FB-22 y su potencial operacional
- Diseñado con ala delta y mayor envergadura que el F-22 para ampliar alcance y carga.
- Capacidad interna de 15,000 lb y externa de hasta 30,000 lb de armamento.
- Usaba los mismos motores F119-PW-100 del Raptor, con 70,000 lb de empuje combinado.
- Equipado con radar AESA AN/APG-77 y sistemas stealth heredados del F-22.
- Coste estimado entre 150 y 200 millones de dólares por unidad, frente a los 737 millones del B-2.
- Alcance de 1,600 millas sin reabastecimiento, ideal para misiones tácticas en zonas disputadas.
Competencia internacional demuestra vigencia del concepto
Mientras EE. UU. archivó el FB-22, China apostó por revitalizar el bombardero medio. El desarrollo del Xian H-20, con un alcance proyectado de 5,000 millas, y la actualización del H-6K indican un interés sostenido en esta categoría aeronáutica.
Estos avances reflejan una estrategia centrada en plataformas intermedias capaces de operar en zonas altamente disputadas, como el Mar del Sur de China. La apuesta china combina sigilo, autonomía y capacidad ofensiva, características que el FB-22 buscaba integrar.
En contraste, el enfoque estadounidense en el B-21 Raider pone énfasis en el alcance intercontinental y en la carga útil elevada, lo que sacrifica parte de la agilidad táctica. Su costo estimado de 750 millones por unidad también limita su despliegue masivo.
El vacío dejado por el FB-22 sugiere que EE. UU. podría enfrentar limitaciones para responder con rapidez en escenarios de amenaza media, donde un bombardero versátil y sigiloso como el T-Rex habría ofrecido ventajas tácticas significativas.

Lecciones estratégicas y posibles implicaciones futuras
La cancelación del FB-22 dejó fuera de servicio un concepto que buscaba equilibrar maniobrabilidad, carga y sigilo. Esta combinación pudo haber complementado la flota existente, adaptándose a múltiples escenarios de combate.
El caso del T-Rex pone en evidencia las tensiones entre la innovación tecnológica y las restricciones presupuestarias. Las decisiones del Pentágono priorizaron plataformas más costosas y especializadas, lo que limitó la diversificación táctica de la USAF.
Ante la evolución de las capacidades aéreas de China y Rusia, el interés renovado en bombarderos medios sugiere que el concepto del FB-22 sigue siendo relevante. Su diseño, aunque desechado, ofrece una base para futuras plataformas de combate.
A marzo de 2025, el FB-22 permanece como una propuesta que nunca superó la fase conceptual. Sin embargo, su historia plantea preguntas sobre la planificación militar estadounidense y la necesidad de adaptarse con mayor agilidad a las amenazas emergentes.