Con dos portaaviones en el área, los Super Hornet sostienen la defensa antiaérea y aportan ataque inmediato, sin depender de bases ni permisos de sobrevuelo.
El ala aérea embarcada como disuasión y ataque autónomo desde el mar
Con el USS Abraham Lincoln en operación en el área del Mando Central y el USS Gerald R. Ford en tránsito para sumarse al dispositivo naval, la aviación embarcada volvió al centro de la disuasión frente a Irán. En ese marco, los F/A-18E/F sostienen desde mar abierto la defensa antiaérea del grupo naval y aportan ataque inmediato contra objetivos en Irán o en el entorno del Golfo. Esa continuidad reduce la dependencia de bases en tierra.
La ventaja operativa surge cuando el ciclo de salida y regreso ocurre sin permisos de sobrevuelo ni condicionantes políticos asociados a instalaciones terrestres. Al operar desde el mar, el portaaviones mantiene opciones de empleo aun si cambia la disponibilidad regional. Para la Marina, el Super Hornet no cubre un rol accesorio, porque sostiene gran parte de las salidas diarias y conserva flexibilidad para alternar entre defensa y ataque con un mismo sistema de mantenimiento.
El F/A-18E/F nació para concentrar tareas en una sola plataforma: escolta, defensa antiaérea de la flota, interdicción, apoyo aéreo cercano y apoyo a controladores aéreos avanzados desde el aire. A ese paquete se suma el reabastecimiento en vuelo “buddy-buddy”, que expande el radio de acción del ala aérea. En una operación contra Irán, esa arquitectura permite proteger el portaaviones, habilitar corredores de ataque y entregar munición de precisión con rapidez.

La hipótesis operativa se apoya en señales políticas y militares verificables. La Casa Blanca formalizó el 6 de febrero de 2026 un marco de presión económica y de sanciones vinculadas a Irán, presentado como continuidad de una “emergencia nacional” previa, mientras el canal diplomático sostuvo contactos indirectos sobre el programa nuclear. En paralelo, Irán anunció el 17 de febrero el cierre temporal del estrecho de Ormuz durante ejercicios con fuego real.
Capacidades del Super Hornet que definen su papel operativo en 2026
- defensa antiaérea del grupo naval mediante patrullas e interceptación frente a aeronaves, drones o misiles de crucero.
- Cargas mixtas aire-aire y aire-superficie, con AIM-9 y AIM-120 junto con municiones guiadas.
- Reabastecimiento táctico “buddy-buddy” para extender alcance y sostener presencia en estación.
- Empleo de munición de precisión para ataques inmediatos contra blancos en Irán o en el entorno marítimo del Golfo.
- Apoyo a control aéreo avanzado desde el aire para coordinar acciones sin depender de controladores en tierra.
Antecedentes que fijan el método: asegurar el mar y regular la escalada
Cuando Irán eleva la presión sobre el espacio marítimo y las rutas comerciales, Washington suele recurrir al poder aéreo embarcado. El 14 de abril de 1988, una fragata estadounidense impactó una mina en el Golfo; cuatro días después, la represalia combinó grupos de superficie con un ala aérea embarcada. Esa operación atacó plataformas iraníes usadas como nodos de mando y control y también hundió o inutilizó buques iraníes.

La secuencia de 1988 estableció un método de empleo que luego reaparece: primero asegurar el mar y el tráfico, y después usar el ala aérea del portaaviones para realizar ataques punitivos y para regular la escalada. Ese patrón cobra relevancia cuando el estrecho de Ormuz aparece como palanca de coerción. Si el choque incorpora un componente energético y marítimo, la planificación aérea pasa a depender del control del entorno naval y de la protección del dispositivo.
En ese espacio funcional, el F/A-18E/F reemplazó plataformas anteriores y pasó a ser la herramienta principal de combate del ala aérea. El Super Hornet realizó su primer crucero operativo en el USS Abraham Lincoln en julio de 2002 y ejecutó su primera acción de combate en noviembre de ese año, en misiones sobre Irak, según la cronología institucional de la Marina. Esa continuidad importa en 2026 por la exigencia de alto ritmo de salidas.
El antecedente inmediato que acota el escenario actual ocurrió el 22 de junio de 2025, cuando el Mando Central ejecutó ataques nocturnos contra instalaciones nucleares en Fordo, Natanz e Isfahan bajo el nombre de Operation Martillo de Medianoche. El Departamento de Defensa describió una operación conjunta con bombarderos, escoltas de caza, reabastecedores y un submarino que lanzó más de dos docenas de Tomahawk, con cerca de 75 armas guiadas en total.
Secuencia de empleo: cierre del espacio, supresión de defensas y ataque preciso
Con ese marco, los F/A-18 cumplirían primero una misión de cierre del espacio aéreo alrededor del portaaviones y de los corredores de entrada y salida. Esa fase incluye patrullas aéreas de combate para interceptar aeronaves, drones o misiles de crucero que se aproximen al grupo naval, junto con escolta armada para proteger plataformas de alto valor en el tramo de mayor exposición. La carga mixta permite pasar de defensa de flota a protección de ataque.

Luego, la operación exigiría abrir corredores frente a defensas antiaéreas y radares, con una combinación de acción cinética y guerra electrónica. Los F/A-18 pueden portar AGM-88 y armas de precisión como JDAM y JSOW. A la vez, los EA-18G Growler, derivados del F/A-18F, añaden perturbación electrónica contra radares y comunicaciones para misiones de supresión. En esa coordinación, el Growler reduce la eficacia de sensores y enlaces, y el Super Hornet ataca sensores y baterías.
En un tercer escalón, el esfuerzo se orientaría a interdicción y ataque contra infraestructura: centros de mando, depósitos, nodos de comunicaciones, instalaciones de lanzamiento y medios navales en puerto o en tránsito. En esa fase, el F/A-18 actúa como vector de munición de precisión, con alcance extendido por reabastecimiento y con capacidad para ajustar blancos en vuelo. Su inventario asociado incluye capacidades antibuque como Harpoon y una gama de misiles aire-superficie y bombas guiadas.
La sostenibilidad durante varios días también impone un requisito logístico que el propio avión ayuda a cubrir. El F/A-18E/F asume un papel creciente como reabastecedor táctico en el aire para sustituir al S-3 y, además, apoya tareas de control aéreo avanzado desde el aire. Esa doble función compensa distancias largas cuando el grupo naval opera fuera del Golfo por la amenaza antibuque y permite coordinar ataques dinámicos sin depender de controladores en tierra dentro del radio de riesgo.
Ormuz y la presión marítima como condicionantes del empleo diario de los F/A-18

Irán incorpora el componente marítimo a cualquier cálculo militar, y el estrecho de Ormuz tiene relevancia operativa y económica. El anuncio iraní de cierre temporal durante ejercicios con fuego real, en febrero de 2026, encaja con una herramienta de presión dirigida al tráfico comercial y a la libertad de maniobra de un grupo de portaaviones. En ese contexto, el ala aérea embarcada pasa a ser parte del control del entorno marítimo y de la protección del dispositivo naval.
Para Estados Unidos, esa condición asigna a los F/A-18 una tarea adicional: proteger la fuerza en mar abierto mientras avanza la operación aérea y, al mismo tiempo, apoyar la continuidad del corredor marítimo cuya interrupción afecta una fracción relevante del mercado energético mundial. El vínculo entre operación aérea y estabilidad del tráfico queda explícito cuando la planificación integra defensa de flota, escolta y ataque contra amenazas navales vinculadas al entorno de Ormuz.
Al cierre de febrero de 2026, los elementos verificables combinan negociación y despliegue. La Casa Blanca mantiene el marco de presión formalizado el 6 de febrero; Irán exhibe capacidad de coerción marítima mediante ejercicios y anuncios sobre Ormuz; y la Marina reposiciona portaaviones para ampliar opciones operativas. Sobre ese tablero, el Super Hornet ofrece una rutina de empleo repetible que sostiene la presencia y permite alternar entre misiones sin cambiar de estructura de fuerza.
En ese escenario, los F/A-18 no operan como un indicador genérico de poder aéreo, sino como el medio que sostiene la operación día a día. La plataforma escolta, contribuye a la supresión de defensas, ataca con precisión y defiende al grupo naval, con autonomía frente a condicionantes terrestres. Esa combinación determina el perfil de cualquier operación estadounidense contra Irán cuando el componente marítimo y energético forma parte del problema desde el inicio.
