El Hawker Hurricane fue responsable de la mayoría de los derribos contra la Luftwaffe en la Batalla de Gran Bretaña, superando incluso al Spitfire.
Un caza robusto y eficaz eclipsado por su famoso compañero
Aunque comúnmente opacado por el Supermarine Spitfire, el Hawker Hurricane desempeñó un papel esencial en la defensa del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial. Diseñado por Sydney Camm para Hawker Aircraft Ltd., este monoplano de un solo asiento fue el primero de su tipo en entrar en servicio con la Royal Air Force (RAF). Su desempeño durante la Batalla de Gran Bretaña en 1940 fue decisivo, infligiendo aproximadamente el 60% de las bajas de la Luftwaffe en esa campaña.
El Hurricane se introdujo en un contexto de transición tecnológica, cuando los biplanos aún predominaban y los monoplanos despertaban reservas. En 1934, el Ministerio del Aire emitió la especificación F.36/34, solicitando un nuevo interceptor. Camm propuso un modelo basado en el Hawker Fury, adaptado con diseño monoplano, tren retráctil y motor Rolls-Royce Merlin. Pese a la resistencia oficial, Hawker continuó el desarrollo como proyecto privado, y el prototipo K5083 realizó su primer vuelo el 6 de noviembre de 1935.
El diseño integraba ocho ametralladoras Browning de 7,7 mm y alcanzaba más de 483 km/h, superando ampliamente las prestaciones de los modelos anteriores. Con estas características, el Hurricane estableció un nuevo estándar en la aviación militar británica y marcó el inicio de la era de los cazas modernos en la RAF.
Para el estallido de la guerra en 1939, el Hurricane estaba presente en 18 escuadrones de la RAF, superando en número a los Spitfires disponibles. Su estructura mixta y su tren de aterrizaje ancho lo hacían ideal para operaciones bajo condiciones adversas, lo que facilitó su rápida expansión y mantenimiento durante los primeros años de la guerra.
Datos operativos clave sobre el impacto del Hurricane
- Entró en servicio en 1937 como primer caza monoplano de la RAF.
- Responsable del 60% de las bajas alemanas en la Batalla de Gran Bretaña.
- Más de 14.000 unidades producidas hasta julio de 1944.
- Participó en todos los frentes principales: Europa, África, Mediterráneo y Rusia.
- Destacó por su facilidad de mantenimiento y adaptabilidad a múltiples roles.

Una máquina de combate versátil en múltiples escenarios bélicos
El Hurricane debutó en combate durante la Batalla de Francia en mayo de 1940. En apenas 11 días, entre el 10 y el 21 de mayo, los pilotos de la RAF reclamaron 499 aviones enemigos derribados y 123 probables. Sin embargo, registros alemanes reconocen 299 pérdidas y 65 aeronaves gravemente dañadas, una diferencia atribuida a las habituales sobreestimaciones en combate.
Durante la Operación Dynamo, los Hurricanes operaron desde el Reino Unido y obtuvieron 108 victorias entre el 26 de mayo y el 3 de junio. En esos días críticos, 27 pilotos alcanzaron el estatus de as, entre ellos el canadiense W.L. “Willie” McKnight, con 10 derribos confirmados.
El punto culminante de su trayectoria se dio en la Batalla de Gran Bretaña. Frente a una Luftwaffe numéricamente superior, los Hurricanes constituían 32 escuadrones, mientras que los Spitfires formaban solo 19. Aunque el Bf 109 alemán era más veloz y ascendía con mayor rapidez, el Hurricane sobresalía como plataforma de disparo estable, ideal para atacar bombarderos como el Heinkel He 111 y el Ju 87 Stuka.
El Comando de Caza británico distribuyó roles estratégicos: los Spitfires enfrentaban a los cazas escoltas, y los Hurricanes se centraban en los bombarderos. Esta táctica fue decisiva: de 1.733 aviones perdidos por la Luftwaffe durante la campaña, la mayoría fueron derribados por los Hurricanes, superando incluso la combinación de artillería antiaérea y Spitfires.
La evolución del Hurricane amplió sus capacidades de combate

A medida que avanzó la guerra, el Hurricane demostró su capacidad de adaptación. La versión Mk II, introducida en 1940, incorporó el motor Merlin XX de mayor potencia. Variantes como la Mk IIC reemplazaron las ametralladoras por cuatro cañones Hispano de 20 mm, lo que aumentó su eficacia contra blancos blindados y en tierra.
En el norte de África, los Hurricanes equipados con filtros de polvo tropicalizados apoyaron a las fuerzas aliadas, destacando en combates como Bir Hakeim en 1942. El modelo Mk IID, con cañones antitanque de 40 mm, resultó eficaz contra vehículos enemigos. En el Mediterráneo, defendieron Malta de intensos bombardeos en 1941 y 1942 hasta que llegaron refuerzos con Spitfires.
Bajo el programa Lend-Lease, el Hurricane también fue enviado a la Unión Soviética, que recibió 2.952 unidades. Aunque los pilotos soviéticos lo consideraron inferior a modelos nacionales como el Yak-1 o el LaGG-3, el Hurricane aportó significativamente en los primeros años del frente oriental.
Su capacidad para operar desde pistas rudimentarias y su mantenimiento simplificado permitieron su presencia en teatros diversos, convirtiéndolo en uno de los cazas más polivalentes de la guerra.
Producción masiva y facilidad de mantenimiento impulsaron su eficacia
La producción del Hurricane alcanzó un total de 14.533 unidades, incluyendo 1.451 fabricadas en Canadá por Canadian Car and Foundry. Esta cantidad, lograda hasta julio de 1944, fue vital para garantizar que la RAF contara con suficientes cazas operativos en los primeros años de la guerra.
Su diseño, basado en un fuselaje de acero recubierto de tela y alas de madera en las primeras versiones, simplificó su fabricación y reparación. A diferencia del Spitfire, cuya estructura totalmente metálica requería procesos más complejos, el Hurricane podía ser reparado en el campo con materiales y mano de obra local, reduciendo el tiempo fuera de servicio tras recibir daños.
Aunque su velocidad máxima —530 km/h en la versión Mk I— era inferior a la del Bf 109, y su estructura lo hacía vulnerable a incendios, se implementaron medidas de protección como el recubrimiento con Linatex, que mejoró la resistencia del tanque de combustible.

El Hurricane continuó operando en múltiples funciones hasta su retiro del servicio en la década de 1950, desplazado por la aparición de aviones a reacción más veloces y modernos.
Un legado duradero como símbolo de resistencia y funcionalidad
A pesar de no gozar de la fama del Spitfire, el Hurricane dejó una huella profunda en la historia de la aviación militar. Su éxito en la Batalla de Gran Bretaña fue fundamental para evitar una invasión alemana, lo que cambió el rumbo de la guerra. Su capacidad de combate, fiabilidad estructural y adaptabilidad lo convirtieron en una herramienta indispensable para la RAF.
Hoy solo una docena de unidades se mantienen en condiciones de vuelo, conservadas en museos y por coleccionistas. A pesar de ello, el Hurricane continúa siendo un símbolo de ingenio, resiliencia y pragmatismo técnico. Su silueta inconfundible recuerda una época en la que cada vuelo era una apuesta por la supervivencia nacional.
El aporte del Hurricane no solo radica en cifras o derribos, sino en su capacidad para sostener a una nación bajo asedio. Su legado perdura como un testimonio tangible de la determinación británica y de la eficacia de una solución técnica concebida con propósito y urgencia.