Las fuerzas hutíes abatieron tres drones estadounidenses en abril de 2025, elevando a 17 las pérdidas de MQ-9 desde el inicio de la guerra en Gaza.
Aumentan los riesgos para EE. UU. en Yemen tras nuevos derribos de drones
En abril de 2025, funcionarios de defensa estadounidenses confirmaron que tres MQ-9 Reaper, operados por la Fuerza Aérea de Estados Unidos, fueron derribados por fuerzas hutíes en el espacio aéreo de Yemen. Estos nuevos incidentes incrementan a 17 las pérdidas totales de estos drones desde octubre de 2023, cuando comenzó la guerra entre Hamás e Israel.
Los ataques ocurrieron en dos fechas distintas durante la primera semana del mes: el lunes sobre la provincia de Marib, una zona estratégica de enfrentamientos entre hutíes y fuerzas progubernamentales, y el jueves cerca de Al Hudaydah, un bastión hutí en la costa del mar Rojo. Según fuentes militares, los hutíes utilizaron misiles superficie-aire tipo 358, de origen iraní, en ambos derribos.
Los drones MQ-9 Reaper, fabricados por General Atomics, son vehículos aéreos no tripulados de última generación empleados para misiones de inteligencia, vigilancia, reconocimiento y ataque. Con un costo aproximado de 30 millones de dólares por unidad, cada pérdida representa una baja operativa y económica considerable para el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM).
La intensificación de las operaciones hutíes, respaldadas por Irán, forma parte de una campaña militar más amplia iniciada tras la ofensiva de Hamás del 7 de octubre de 2023. Desde entonces, el grupo ha reivindicado más de 90 ataques contra embarcaciones y activos aéreos occidentales en el mar Rojo y el golfo de Adén, afectando incluso a buques sin relación directa con Israel.
La tecnología hutí desafía la superioridad aérea estadounidense
El uso de misiles 358 y tácticas electrónicas por parte de los hutíes refleja un aumento significativo en sus capacidades defensivas. Estos proyectiles, diseñados para interceptar drones y misiles de crucero, han sido incautados en rutas hacia Yemen y analizados por expertos militares como parte de cargamentos iraníes, a pesar del embargo de armas de la ONU.
Funcionarios estadounidenses han señalado que Irán proporciona asistencia técnica y logística directa a los hutíes, incluyendo tecnologías para interferir las comunicaciones satelitales de los drones estadounidenses. Estas medidas debilitan la eficacia operativa de los MQ-9 y aumentan su exposición a las defensas aéreas.
Datos clave sobre los derribos y sus implicaciones estratégicas
- Total de MQ-9 perdidos en Yemen desde octubre de 2023: 17 unidades
- Costo estimado acumulado: 510 millones de dólares
- Tipo de armamento hutí identificado: misiles 358 y sistemas de interferencia electrónica
- Zonas de derribo más recientes: Marib y Al Hudaydah
- Altitud operativa del MQ-9 Reaper: hasta 50,000 pies
- Armamento del MQ-9: misiles Hellfire y bombas guiadas por láser

La pérdida de capacidad de vigilancia aérea afecta directamente la recopilación de inteligencia sobre movimientos hutíes y sus aliados en Yemen. Además, limita la capacidad estadounidense para apoyar la lucha contra grupos como Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), que aún opera en el país.
La Operación Poseidon Archer, lanzada por Estados Unidos y Reino Unido en enero de 2024, ha buscado destruir activos hutíes como lanzadores de misiles y centros de mando. Sin embargo, los hutíes han mostrado una notable resiliencia, adaptando sus tácticas y manteniendo un ritmo constante de ataques.
Los hutíes consolidan su propaganda con los derribos de drones
Los medios afiliados al grupo hutí, como Al Masirah, han difundido imágenes y videos de los MQ-9 derribados, presentando estos hechos como logros militares. El portavoz militar Yahya Saree, en un mensaje posterior al tercer derribo en abril, aseguró que continuarán atacando activos estadounidenses mientras persistan las operaciones aliadas en la región.
El uso de estos drones como símbolos propagandísticos fortalece la narrativa del grupo, que se presenta como parte del llamado Eje de la Resistencia liderado por Irán. Aunque vinculan sus acciones con la guerra en Gaza, sus ataques han alcanzado buques de países no involucrados directamente, generando preocupaciones por la seguridad del comercio global.
Uno de los casos más notorios ocurrió en agosto de 2024, cuando un ataque hutí contra el petrolero griego Sounion provocó daños estructurales significativos y un derrame de crudo en el mar Rojo. Este incidente subrayó el riesgo ambiental y económico que representa la escalada de la guerra para rutas comerciales clave.
Desde 2014, los hutíes controlan gran parte del noroeste de Yemen, incluida la capital Saná. Su dominio territorial les permite operar sistemas de defensa aérea avanzados y consolidar una posición estratégica frente a las fuerzas leales al gobierno reconocido internacionalmente y respaldado por Arabia Saudita.
Washington evalúa cambios en el despliegue de sus plataformas aéreas

Analistas del Atlantic Council han planteado la necesidad de revisar la estrategia de despliegue de drones como el MQ-9 en zonas de alto riesgo. Entre las recomendaciones se incluye aumentar las altitudes de operación, utilizar plataformas más resistentes a interferencias electrónicas o recurrir a activos navales y satelitales para tareas de vigilancia.
Estas alternativas, sin embargo, podrían reducir la flexibilidad táctica de las operaciones estadounidenses en Yemen, donde la capacidad de respuesta rápida ha sido clave en operaciones contraterroristas. Además, implementar estas medidas implicaría costos logísticos y tecnológicos adicionales.
En el contexto actual, cada derribo supone una pérdida de inteligencia en tiempo real y una exposición creciente de las vulnerabilidades estadounidenses ante actores armados no estatales con capacidades tecnológicas avanzadas. Esta tendencia marca un cambio significativo respecto a años anteriores, cuando los hutíes eran considerados una amenaza de bajo perfil.
La evolución militar de los hutíes, impulsada por asistencia iraní, representa un desafío estratégico para EE. UU., que debe equilibrar su presencia regional con los riesgos operativos que ahora enfrenta incluso en misiones no tripuladas. La resiliencia del grupo y la eficacia de sus defensas elevan el costo de mantener el control del espacio aéreo en Yemen.