Cuatro décadas de registros muestran que Israel neutraliza defensas de diseño soviético y ruso en Siria, Líbano e Irán, con misiles guiados y guerra electrónica.
Cuatro décadas de procedimientos para anular defensas de origen ruso
Israel reunió, a lo largo de cuatro décadas y en escenarios distintos, procedimientos, medios y resultados que describen su capacidad para anular defensas de diseño soviético y ruso. En 1982 desmanteló la red siria del valle de la Becá; en 2007 atacó un reactor en Deir al-Zor tras superar la cobertura siria; desde 2018 mantuvo ataques en Siria, difundió la destrucción de un Pantsir y registró un lanzamiento S-300 sin impactos, además de daños en un radar S-300 en Isfahán.
El enfoque técnico combinó reconocimiento, guerra electrónica, señuelos y ataques coordinados contra radares, puestos de mando y baterías móviles. La bibliografía abierta atribuye a Israel el uso intensivo de misiles de crucero lanzados desde aeronaves, municiones planeadoras y misiles de largo alcance. La integración de sensores y enlaces de datos permitió identificar y atacar radares y lanzadores desde distancias significativas, con plataformas tripuladas y no tripuladas dentro de una misma arquitectura operativa.
Los patrones descritos señalaron lanzamientos desde posiciones extraterritoriales y un objetivo central: mantener a las aeronaves fuera del alcance efectivo de los sistemas sirios mientras el armamento guiado ejecutaba la fase terminal del ataque. Los estudios citaron una doctrina de supresión y destrucción orientada al desgaste gradual de sensores y unidades de reacción, la anulación de radares y la degradación de la imagen aérea del defensor antes de golpear objetivos de alto valor.

Evaluaciones independientes sobre conflictos externos aportaron verificación adicional. Durante la guerra de 2020 en Nagorno-Karabaj, análisis públicos registraron la destrucción de equipos antiaéreos armenios de fabricación rusa, incluidos sistemas S-300 y componentes de vigilancia. Esos informes destacaron la combinación de reconocimiento persistente, saturación y ataques contra radares y lanzadores, con municiones de origen israelí entre los medios empleados por Azerbaiyán y confirmaciones audiovisuales que pasaron a integrar estudios de referencia.
Hitos verificados en operaciones y suministros recientes
- 9 de junio de 1982: desmantelamiento de la red siria en el valle de la Becá.
- 6 de septiembre de 2007: ataque al complejo Al Kibar en Deir al-Zor sin pérdidas.
- Octubre de 2018: entrega rusa del sistema S-300 a Siria, confirmada por Moscú.
- Mayo de 2018: difusión israelí de la destrucción de un sistema Pantsir en Siria.
- Abril de 2024: imágenes satelitales con daños en un radar S-300 en Isfahán.
De Becá 1982 a Deir al-Zor 2007: antecedentes y resultados
El 9 de junio de 1982, en el valle de la Becá, fuentes analíticas describieron una campaña de supresión y destrucción de defensas sirias que integró reconocimiento, guerra electrónica, señuelos y ataques coordinados contra radares, puestos de mando y baterías móviles. El resultado operacional documentado incluyó la neutralización de la red misilística del sector, con derribos aire-aire y la destrucción de emplazamientos de misiles SA-6 y otros sistemas de origen soviético.
La literatura especializada de la época destacó la novedad de esa secuencia de acciones y la evaluación inmediata de Moscú sobre la vulnerabilidad táctica de dichas defensas frente a una campaña coordinada y sostenida. Ese caso permaneció como referencia para explicar el efecto de una preparación específica de procedimientos, armamento y entrenamiento dirigida contra radares, centros de control y lanzadores móviles emplazados en una red densa.

El 6 de septiembre de 2007, aviones israelíes atacaron el complejo de Al Kibar en Deir al-Zor. Una década más tarde, el Estado Mayor israelí reconoció oficialmente la operación y publicó una cronología del asalto, con documentos e imágenes desclasificados. La comunicación oficial describió el objetivo como un reactor nuclear y situó la acción dentro de una decisión gubernamental orientada a impedir su puesta en marcha.
El material divulgado precisó que unidades de combate ejecutaron la incursión y regresaron sin pérdidas, mientras los organismos de inteligencia evaluaron la instalación como inutilizada tras el ataque. Esos elementos se incorporaron al repositorio público del Estado Mayor en 2018, con fotografías y vídeos que acompañaron la narrativa oficial y consolidaron el carácter verificable del antecedente.
S-300 y Pantsir en Siria e Irán: efectos observados en fuentes
La intervención militar rusa en Siria modificó el entorno de amenazas. En octubre de 2018, Moscú confirmó la entrega del sistema S-300 a Damasco, con baterías integradas a radares y lanzadores múltiples dentro de la red siria. El ministerio de Defensa ruso informó entonces a su presidente sobre la finalización del envío, y la cobertura de mayor alcance añadió capacidad de enganche contra objetivos aéreos en áreas sensibles como Damasco, Masyaf y Hama, entre otras.
En paralelo, Israel sostuvo ataques contra arsenales, depósitos y medios asociados a Irán y a grupos aliados en Siria. En mayo de 2018 difundió un registro de cámara de a bordo que mostró la destrucción de un sistema Pantsir de corto alcance. Estudios de referencia describieron esa divulgación como parte de una campaña con armamento de largo alcance y municiones guiadas, capaz de degradar radares, baterías y centros de vigilancia sin penetración profunda en áreas densamente defendidas.

En julio de 2022, el entonces ministro de Defensa, indicó que una batería S-300 operada por personal ruso efectuó un lanzamiento en mayo de ese año cuando las aeronaves ya se encontraban fuera de la zona. Calificó el episodio como un hecho aislado, sin notificación de impactos, y la embajada rusa no respondió a la consulta periodística. Ese relato se sumó al registro de acciones donde los aviones se mantuvieron lejos del alcance de las defensas.
En abril de 2024, imágenes satelitales mostraron daños en un radar S-300 en la provincia iraní de Isfahán tras una acción atribuida a Israel. El material geoespacial indicó marcas de quemado y una posible retirada de componentes, mientras funcionarios iraníes restaron importancia al suceso. La noticia añadió que el emplazamiento protegía infraestructuras críticas y que, pese a la densidad local, se registró una afectación puntual del sistema de vigilancia asociado.
