El presidente del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, comunicó a Donald Trump que una campaña prolongada contra Irán exigiría un uso elevado de munición crítica, incluidos interceptores de defensa antiaérea, y aumentaría los riesgos para el personal desplegado. La Casa Blanca mantuvo abiertas vías militares y diplomáticas.
La opción diplomática avanzó con un calendario definido por Omán, que actúa como facilitador, y con declaraciones públicas que subrayan la distancia entre posturas. El canciller iraní, Abbas Araqchi, dijo que esperaba ver en Ginebra al enviado estadounidense Steve Witkoff y sostuvo que existe “una buena posibilidad” de salida diplomática.
Araqchi añadió que Irán elaboraba un borrador de propuesta y defendió el derecho a enriquecer uranio. En Washington, la administración reiteró la exigencia de que Teherán no disponga de capacidad para construir un arma nuclear. Con la nueva ronda prevista para el jueves en Ginebra, ambas partes sostuvieron mensajes distintos.

(crédito de la foto: AYAL MARGOLIN/FLASH90)
En paralelo, el aparato militar estadounidense preparó escenarios de operaciones sostenidas durante semanas si Trump autoriza ataques. Las opciones se centraron en el empleo de potencia aérea y naval y, de forma eventual, en fuerzas especiales. La administración reforzó su presencia regional con más medios navales y aéreos.
Trump volvió a sugerir en público la idea de un cambio de gobierno en Teherán. “Parece que eso sería lo mejor que podría ocurrir”, afirmó, tras lamentar décadas de conversaciones fallidas. La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, sintetizó la posición oficial: “El presidente Trump tiene todas las opciones sobre la mesa con respecto a Irán”.
Los planificadores incluyeron en esos escenarios la expectativa de represalias iraníes y de un intercambio prolongado de golpes y contragolpes. Un documento de trabajo, según funcionarios estadounidenses, planteó que una campaña sostenida incorporaría objetivos del aparato estatal y de seguridad, además de instalaciones relacionadas con el programa nuclear.

Irán advirtió que respondería a ataques sobre su territorio. Washington mantiene bases y personal militar en varios países de Oriente Medio, lo que coloca la protección de esas posiciones como un componente central de cualquier operación. En ese marco, la advertencia sobre municiones se integró en el cálculo del coste operativo.
La presión sobre los inventarios se acumuló por el uso de sistemas caros y de producción limitada. En los últimos años, el empleo de interceptores y munición guiada en varios frentes, incluida la defensa de socios regionales y el apoyo a Ucrania, convirtió el reabastecimiento en una prioridad de planificación y de industria.
En debates anteriores, responsables de defensa discutieron pausas o ajustes de entregas al exterior para recomponer existencias. El debate estratégico en Washington vinculó la disponibilidad de municiones con la capacidad de sostener simultáneamente compromisos en Oriente Medio y la disuasión en el Indo-Pacífico, según el enfoque descrito.

El trasfondo inmediato incluyó los ataques estadounidenses de junio de 2025 contra instalaciones nucleares iraníes, una operación puntual que Trump evocó al afirmar: “Tuvimos que enviar los B-2”. Tras aquellos bombardeos, el Organismo Internacional de Energía Atómica pidió aclaraciones sobre el destino de uranio altamente enriquecido.
El organismo también reclamó el restablecimiento pleno de inspecciones, un punto que siguió sin resolverse y añadió presión al calendario de Ginebra. Con el jueves como próxima estación, Trump mantuvo la ambigüedad operativa y la presión política, mientras Teherán ultimaba su propuesta.
“Supongo que puedo decir que lo estoy considerando”, respondió Trump al ser preguntado por ataques limitados como palanca negociadora. A la vez, el alto mando militar insistió en cuantificar el coste de una campaña que, si se prolonga, puede tensionar la protección de fuerzas desplegadas y la disponibilidad de munición para otros escenarios.
