Un F-16C surcoreano se estrelló el 25 de febrero y marcó el segundo siniestro en menos de un mes, en un contexto de pérdidas recientes en varios países.
Accidente nocturno en Chungju y respuesta inmediata tras el impacto
Un F-16C de la Fuerza Aérea de Corea del Sur, asignado a la base de Chungju, se estrelló el 25 de febrero en una zona montañosa durante un vuelo de entrenamiento nocturno. El piloto se eyectó con éxito y se confirmó que estaba a salvo. Tras el suceso, la Fuerza Aérea constituyó un grupo de trabajo especial bajo la dirección del vicejefe del Estado Mayor con el fin de determinar la causa del accidente.
El aparato impactó contra una ladera y el golpe causó un incendio en el lugar del siniestro. Los bomberos locales acudieron con rapidez y comenzaron las labores de extinción casi de inmediato. Ese mismo día, un F-16C de la Fuerza Aérea Turca se estrelló durante un vuelo de entrenamiento cerca del oeste del país. En ese accidente, el piloto murió hacia la 1:00 a. m., hora local, según el relato incluido en el texto.
En Corea del Sur, el accidente del 25 de febrero fue el segundo siniestro de un F-16 en menos de un mes, después del caso ocurrido el 31 de enero con un aparato de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Ese episodio amplió una secuencia de percances con F-16 desplegados u operados en la región. El patrón adquiere relevancia porque la repetición de eventos se concentra en un mismo entorno operativo, con vuelos de entrenamiento como denominador común en varios de los hechos descritos.

El repunte de incidentes no se limita a una sola fuerza aérea, pero el texto sitúa a Corea del Sur como el foco principal por frecuencia reciente. En paralelo al caso surcoreano y al accidente turco del mismo día, aparecen referencias a pérdidas adicionales en otros países en misiones o ensayos. En conjunto, la sucesión de hechos refuerza la percepción de un periodo con siniestros recurrentes, aunque los detalles de causalidad quedan sujetos a investigaciones específicas en cada caso.
Hechos recientes citados sobre pérdidas y percances con F-16
- El 25 de febrero, un F-16C surcoreano se estrelló cerca de Chungju y el piloto se eyectó con éxito.
- El 31 de enero, un F-16 de Estados Unidos del 8.º Ala de Caza cayó al mar cerca de Gunsan, en la costa occidental.
- El 6 de mayo de 2023, un F-16C estadounidense se estrelló cerca de la Base Aérea de Osan durante un entrenamiento rutinario.
- El 11 de diciembre de 2023, otro F-16 estadounidense afrontó una emergencia y se estrelló en el mar Amarillo.
- El 11 de junio de 2025, un F-16D biplaza surcoreano se estrelló durante un ejercicio de entrenamiento en Alaska.
Cadena de accidentes en Corea del Sur y balance de seguridad acumulado
Cuando la Fuerza Aérea de Estados Unidos confirmó el 31 de enero que un F-16 del 8.º Ala de Caza cayó al mar cerca de Gunsan, el texto indicó que se trató del tercer accidente de un F-16 estadounidense en Corea en menos de nueve meses. Ese dato se apoya en los sucesos del 6 de mayo de 2023 y del 11 de diciembre del mismo año, ambos vinculados a vuelos o emergencias en entrenamiento en Corea del Sur y sus aguas próximas. Con esos antecedentes, los registros de seguridad se describen como especialmente desfavorables.

El texto sostiene que el desempeño de los escuadrones de F-16 con base en Corea del Sur figura entre los peores de la Fuerza Aérea de Estados Unidos si se atiende a los registros de seguridad. A esa valoración se suma el historial de incidentes en la flota operada por Corea del Sur. En noviembre de 2022, un F-16C surcoreano sufrió un fallo de motor y se estrelló al oeste de Wonju, lo que reforzó la continuidad temporal de los percances citados en distintos años.
Además de accidentes con pérdida del avión, el texto incluyó un episodio ocurrido en marzo de 2025 durante un ejercicio, cuando dos F-16 surcoreanos soltaron por accidente bombas Mk-82 reales sobre una zona civil cerca de Pocheon. Ese hecho no terminó con la pérdida de un avión, pero se presentó como un indicador de riesgo operacional. En conjunto, la mención de siniestros y eventos de seguridad configura un panorama donde la repetición de incidentes afecta tanto a aeronaves estadounidenses desplegadas como a aparatos operados por Corea del Sur.
Fuera del eje coreano, el texto enumeró otros accidentes recientes para situar el contexto general. El 6 de enero se estrelló un F-16V de la Fuerza Aérea de la República de China durante una misión de entrenamiento rutinaria, y se describió como el más reciente de una serie de pérdidas de cazas en los últimos años. También se mencionó el accidente de un F-16 desplegado por la Fuerza Aérea Polaca en agosto, durante un ensayo para un espectáculo aéreo cerca de Radom, en el centro de Polonia.
Accidentes en otros operadores y factores señalados en el caso ucraniano
El texto destacó que los F-16 de la Fuerza Aérea Ucraniana han registrado una tasa de accidentes especialmente alta. Diversas fuentes atribuyeron esa situación a la complejidad de las misiones contra drones y a la experiencia limitada de los pilotos locales, ya que los cazas entraron en servicio con rapidez para su empleo en guerra. En ese marco, lo publicado indicó que la presión operativa y la curva de aprendizaje han influido en el desempeño, según la caracterización ofrecida en el propio texto.

Según lo descrito, esa situación derivó en el envío de pilotos con experiencia de Estados Unidos y Países Bajos en calidad de contratistas para pilotar esos aviones en el servicio. Esa mención aparece como una medida asociada a la disponibilidad de personal con horas de vuelo y familiaridad con el sistema, dentro de un entorno de combate. El texto no detalla cantidades ni periodos, pero sí integra esa decisión como parte del contexto de seguridad y operaciones en torno al F-16.
Aun con esos antecedentes, el texto remarcó que los accidentes de F-16 se han registrado principalmente en Corea del Sur. La afirmación se apoya en la acumulación de sucesos con aeronaves estadounidenses y surcoreanas en un lapso relativamente corto, además de antecedentes cercanos en años previos. En términos narrativos, el foco se mantiene en la recurrencia dentro del mismo teatro de despliegue y en el efecto de esa recurrencia sobre la comparación de registros de seguridad dentro de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.
El panorama internacional descrito incorpora accidentes en Turquía, la República de China y Polonia, pero no desplaza el núcleo de la información centrada en Corea del Sur. El conjunto de eventos citados sugiere una atención renovada sobre entrenamiento, seguridad y procedimientos, aunque el texto solo concreta la creación de un grupo de trabajo especial por parte de la Fuerza Aérea surcoreana tras el siniestro del 25 de febrero. La determinación de causas queda ligada a investigaciones específicas, sin conclusiones añadidas.
Historial global de pérdidas, comparación con el F-35A y relevo por KF-21
Desde la entrada en servicio del modelo en 1978, el texto calcula la pérdida de más de 750 F-16 por accidentes. También indica que las tasas fueron mucho más altas en los primeros años, a finales de la década de 1970 y durante la década de 1980, que en los aparatos actualmente en servicio. En conjunto, esas pérdidas equivalen a cerca del 19 % de todos los F-16 construidos. Esos datos enmarcan la dimensión histórica del problema de siniestralidad del modelo.

La comparación con el sucesor introduce un contraste: el texto señala que la tasa de accidentes del F-35A ha sido significativamente menor. Aun así, se menciona que en el pasado se produjeron accidentes por problemas del programa informático complejo del avión. La referencia busca contextualizar que la modernización tecnológica no elimina por completo el riesgo, aunque el balance general se presenta como más favorable para el F-35A según el propio texto.
En Corea del Sur, el F-16 ocupa un lugar central por volumen de operación, ya que el país figura entre los mayores operadores del modelo. El texto expone que Seúl ha modernizado parte de su flota al estándar F-16V, con aviónica y armamento de nivel equivalente al de sistemas de quinta generación. Esa actualización se presenta como una forma de mantener la relevancia operativa del avión dentro de un marco de capacidades ampliadas, sin abandonar aún el grueso de la flota existente.
De cara al relevo, el texto indica que está previsto un retiro gradual de los aviones y que su sustitución por cazas KF-21 desarrollados en el país avance a mediados y finales de la década de 2030. Esa proyección sitúa el horizonte temporal de transición y sugiere una convivencia prolongada entre flotas. Mientras tanto, la repetición de accidentes recientes mantiene la atención en medidas de seguridad, investigación de causas y gestión del riesgo asociadas a operaciones y entrenamientos con F-16 en Corea del Sur.
