El F-22 mantuvo relevancia entre 2020 y 2026 con despliegues en Oriente Medio y Venezuela, disuadió amenazas, aseguró superioridad aérea y alteró dinámicas regionales.
Capacidades, despliegues y relevancia estratégica del F-22 en 2020–2026
El F-22 Raptor, caza de superioridad aérea de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, sostuvo valor estratégico en escenarios de alta tensión entre 2020 y 2026. Sus despliegues en Oriente Medio frente a amenazas asociadas a Irán y su papel en la Operación Resolución Absoluta en Venezuela alteraron dinámicas regionales. El avión, con baja detectabilidad y superioridad aire-aire, sirvió a objetivos de disuasión y control aéreo bajo el CENTCOM y otras unidades, sin escalar conflictos en varios episodios documentados.
Su desarrollo inició en la década de 1990 dentro del programa táctico avanzado para contrarrestar amenazas soviéticas. La producción concluyó en 2011 con 195 unidades por costos y prioridades presupuestarias, aunque actualizaciones conservaron su operatividad. El F-22 integra baja observabilidad, sensores con fusión de datos y misiles aire-aire de largo alcance como el AIM-120D, con capacidad de operar en entornos denegados. Informes del Pentágono ubican su despliegue operativo desde 2005, con mayor protagonismo a partir de 2020.
Durante ese periodo, la Fuerza Aérea posicionó unidades en Al Udeid, en Qatar, y en Roosevelt Roads, en Puerto Rico, para activar respuestas rápidas ante crisis relacionadas con Irán, sus aliados y el régimen de Nicolás Maduro. Esa distribución elevó la capacidad de reacción, aseguró corredores aéreos y fortaleció la postura defensiva de Estados Unidos y socios regionales. El F-22 actuó como elemento que redujo riesgos y favoreció operaciones de vigilancia y precisión con pérdidas nulas para fuerzas estadounidenses.

Los hechos recogidos por el Departamento de Defensa y organismos internacionales muestran un patrón consistente: el F-22 estabilizó escenarios volátiles en varias coyunturas y posibilitó intervenciones directas cuando la autoridad civil lo autorizó. Su combinación de baja sección radar, conciencia situacional y armamento de alcance extendido limitó respuestas adversarias y preservó la libertad de acción de coaliciones. La continuidad de estos despliegues definió posturas disuasivas sin empleo de fuerzas masivas ni escaladas inmediatas.
Hitos operativos confirmados entre 2023 y 2026
- Junio de 2023: envío de F-22 del Ala de Caza 1 a Oriente Medio para disuadir acciones hostiles sobre Siria.
- Agosto de 2024: despliegue de 12 F-22 hacia bases como Al Dhafra para mitigar posibles escaladas de Irán.
- Junio de 2025: F-22 aseguraron superioridad aérea y escoltaron B-2 en ataques de precisión contra objetivos iraníes.
- 3 de enero de 2026: F-22 apoyaron la Operación Resolución Absoluta y facilitaron la captura de Nicolás Maduro.
Despliegues en Oriente Medio frente a Irán y grupos afiliados
Los despliegues relacionados con Irán respondieron a amenazas de Teherán y de grupos afiliados, incluidos hutíes y milicias en Irak y Siria. En junio de 2023, F-22 del Ala de Caza 1 partieron desde Langley-Eustis hacia Oriente Medio para contrarrestar el apoyo iraní a Rusia, visible en incidentes aéreos sobre Siria. El general Michael Kurilla indicó una misión de disuasión frente a acciones rusas e iraníes. La medida redujo incidentes y sostuvo operaciones de vigilancia sin escaladas mayores.
En agosto de 2024, ante amenazas de ataques iraníes contra Israel tras asesinatos de líderes de Hamás y Hezbolá, el Pentágono posicionó 12 F-22 en la región y los destinó a bases como Al Dhafra. El CENTCOM describió ajustes en la postura para mitigar escaladas de Irán o de aliados, con protección de activos israelíes y estadounidenses. Informes oficiales y de la Agencia Anadolu atribuyeron a esta presencia un efecto disuasorio frente a un ataque directo ese mes.

En octubre de 2024, Irán ejecutó lanzamientos de misiles balísticos que aliados interceptaron en gran medida. Durante 2025, la guerra entre Israel e Irán aumentó la necesidad de superioridad aérea. En junio, el Departamento de Defensa ordenó enviar F-22 y F-35 a Oriente Medio para reforzar defensas y apoyar misiones de precisión. F-22 del Ala de Caza 1 llegaron a Lakenheath y avanzaron hacia la región con tareas de escolta y control del espacio aéreo.
Según el Pentágono y Air & Space Forces, los F-22 aseguraron la superioridad aérea, neutralizaron radares iraníes y habilitaron ataques sin pérdidas estadounidenses. Esta acción limitó la respuesta aérea de Irán, con una fuerza compuesta en su mayoría por aviones de origen soviético. El IISS registró una contención temporal de la guerra y evitó una expansión hacia actores como Arabia Saudí o Turquía. En enero de 2026, persistió una calma tensa con cierres parciales del espacio aéreo iraní.
Operación Resolución Absoluta en Venezuela y efectos inmediatos
En América Latina, el F-22 tuvo empleo directo con efectos políticos inmediatos. El 3 de enero de 2026, la Operación Resolución Absoluta, autorizada por el presidente Donald Trump, culminó con la captura de Nicolás Maduro y de Cilia Flores en Caracas. Fuerzas especiales estadounidenses actuaron con apoyo aéreo de gran magnitud. Más de 150 aviones intervinieron, incluidos F-22 del Ala de Caza 1 operando desde Roosevelt Roads, Puerto Rico, según comunicados del Comando Sur.
El SOUTHCOM informó que los F-22 aseguraron la superioridad aérea y suprimieron defensas venezolanas, entre ellas sistemas S-300 y HQ-9. Esa acción permitió la inserción segura de helicópteros y fuerzas terrestres. La operación duró menos de una hora, no registró bajas estadounidenses y atacó infraestructura militar en el norte de Venezuela para neutralizar amenazas aéreas. El resultado tuvo efectos inmediatos sobre el equilibrio interno y abrió un escenario de negociación con la oposición.

Maduro, acusado por el Departamento de Justicia de narcoterrorismo desde 2020, fue extraído y trasladado a territorio estadounidense. La Organización de Estados Americanos respaldó procesos de diálogo con la oposición. El vacío de autoridad equivalente tras la captura generó reacomodos dentro del aparato estatal. Los objetivos declarados incluyeron la neutralización de capacidades antiaéreas y la protección de activos regionales, con un despliegue que evitó enfrentamientos prolongados o daños colaterales extensos en centros urbanos.
La operación proyectó consecuencias fuera de Venezuela. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales evaluó impactos sobre la presencia rusa y china. Moscú, con bases y suministro de armamento, redujo su capacidad de proyección en el hemisferio occidental. Pekín, acreedor principal de la deuda venezolana, enfrentó incertidumbre contractual en el sector petrolero. La Institución Brookings señaló un fortalecimiento de la doctrina de máxima presión aplicada desde 2019 mediante sanciones.
Implicaciones geopolíticas y evaluación de la disuasión estadounidense
La relación entre despliegues en Irán y la intervención en Venezuela clarificó el papel del F-22 en la disuasión y la proyección de fuerza. En ambos casos, la baja detectabilidad redujo riesgos y elevó la eficacia con empleo limitado de medios. En Oriente Medio, los F-22 contuvieron actividades de grupos afiliados a Irán y sostuvieron alianzas con Israel y Estados del Golfo, en un contexto con acuerdos de normalización posteriores a 2020 que reforzaron marcos de cooperación.
En Venezuela, el F-22 facilitó una operación de alcance limitado que retiró del poder a un régimen alineado con actores contrarios a intereses estadounidenses. Ese desenlace introdujo posibles efectos sobre flujos globales de petróleo, dado que Venezuela posee las mayores reservas probadas, según la OPEP. La Unión Europea y la OEA consideraron la acción como un paso hacia la resolución de la crisis humanitaria, con millones de desplazados registrados por ACNUR en sus reportes recientes.

Cuba e Irán condenaron la intervención venezolana en foros multilaterales y alegaron violaciones del derecho internacional, sin acciones concretas consignadas en los documentos citados. El cuadro regional permaneció en transición, con seguimiento cercano de actores externos y con ajustes en posturas militares. Las tensiones en Oriente Medio continuaron a través de intercambios de misiles hasta finales de 2025, bajo vigilancia aérea sostenida por parte de fuerzas estadounidenses y aliadas.
Hasta enero de 2026, el estado documentado incluye procesos judiciales contra Maduro en tribunales estadounidenses y diálogos multilaterales orientados a elecciones en Venezuela. En Irán, persistió una calma tensa con cierres del espacio aéreo y presencia de portaviones estadounidenses, sin incidentes directos adicionales con F-22. Las fuentes del Pentágono, el CENTCOM y centros de análisis convergieron en un punto: la operatividad del F-22 influyó en conflictos sin resolverlos por completo en un entorno internacional multipolar.
