El programa ruso Su-57 busca un caza furtivo de quinta generación, pero enfrenta retrasos producción limitada y problemas técnicos agravados por sanciones vigentes.
Origen del PAK FA, prototipos T-50 y cronograma de producción industrial
El origen del Su-57 se relaciona con el colapso soviético y con la urgencia de modernizar la flota ante el F-22 Raptor, que ingresó en servicio en 2005. En 2002, Rusia adjudicó a Sukhoi el programa PAK FA para diseñar un caza bimotor con supermaniobrabilidad, integración de sensores y capacidad de operaciones en red. El objetivo consistió en sustituir al Su-27 en las Fuerzas Aeroespaciales rusas y establecer una base tecnológica propia para futuras variantes.
El primer prototipo, denominado T-50, despegó el 29 de enero de 2010 en Komsomolsk-on-Amur. En esa fase, la industria construyó diez prototipos para pruebas y acumuló miles de horas de vuelo según reportes oficiales. La producción en serie figuró inicialmente para 2015, aunque empezó en 2019. Ese desajuste confirmó demoras significativas y expuso la necesidad de completar madurez tecnológica en estructuras, aviónica y propulsión antes de escalar fabricación.
El programa incluyó al principio una cooperación con India mediante el proyecto FGFA, mientras registraba retrasos prolongados, una producción limitada y dificultades técnicas mencionadas por instituciones especializadas. Hasta enero de 2026, las entregas confirmadas alcanzaron alrededor de 32 unidades. Existe un contrato para 76 aparatos con horizonte de ejecución hasta 2028, según el ministerio de Defensa ruso y análisis publicados. La evolución se vinculó con interrupciones de la cadena de suministro desde 2014 y con restricciones en motores y sistemas electrónicos.

La capacidad industrial de Komsomolsk-on-Amur mostró límites, agravados por sanciones impuestas en 2014 y ampliadas en 2022, que recortaron acceso a microelectrónica y materiales avanzados. Un análisis de Frontelligence Insight, basado en filtraciones de Mikropribor, indicó dependencia de componentes importados y paradas por falta de insumos. En 2023 se entregaron 12 unidades, el doble que en 2022. Para 2024, la meta fue 22, aunque solo se registraron cinco hasta septiembre. En 2025 hubo pocas o ninguna entrega adicional, con una flota cercana a 32 aparatos y alrededor de una docena operativa.
Motivos de la retirada india del proyecto FGFA
- El Su-57 no alcanzó los requisitos de baja observabilidad exigidos por la Fuerza Aérea India.
- Los motores AL-41F1 resultaron inadecuados para estándares de quinta generación.
- Rusia rechazó compartir códigos fuente para integrar sistemas indios críticos.
- Los costes superaron estimaciones, con referencias por encima de $6.000 millones.
Propulsión, madurez de sistemas y efectos sobre el rendimiento en servicio
Las primeras series del Su-57 utilizan el motor AL-41F1, derivado del empleado en el Su-35S, con 147 kN de empuje en poscombustión. Este conjunto posibilita velocidad supersónica, aunque no asegura crucero supersónico sostenido sin poscombustión, con aumento de consumo de combustible y de la firma infrarroja frente a sensores adversarios. Esas limitaciones redujeron ventajas de alcance y supervivencia, y obligaron a priorizar perfiles de misión conservadores en despliegues reales y en campañas de pruebas operativas.
El motor definitivo, Izdeliye 30, con 176 kN de empuje y mejoras de eficiencia, ingresó en prototipos desde 2017. La producción en serie quedó desplazada hasta 2022 por incidencias técnicas y por la necesidad de completar campañas de certificación. Hasta 2025, solo un número reducido de aviones lo incorporó, lo que contuvo la mejora de prestaciones en el conjunto de la flota. La transición entre configuraciones provocó heterogeneidad logística y operativa dentro de un inventario todavía pequeño.

Rusia anunció avances en aviónica con el radar N036 Belka de matriz activa y con funciones de fusión de datos. Aun así, varios conjuntos de sensores requieren un grado de desarrollo adicional para alcanzar los objetivos de integración. El programa continúa pruebas para integrar armamento, entre ellos misiles Kinzhal de alta velocidad. Esas pruebas coexisten con deficiencias estructurales aún mencionadas en evaluaciones previas, lo que obliga a mantener cautela en perfiles y a priorizar incrementos graduales de capacidad.
Un accidente en diciembre de 2019, durante un vuelo de prueba en Khabarovsk, reveló fallos en el control de vuelo electrónico. Informes atribuyeron responsabilidades a problemas en estabilizadores trapezoidales y en quillas con tomas de aire para refrigeración. Este episodio ilustró riesgos de madurez en sistemas críticos y reforzó la necesidad de depurar subsistemas antes de expandir producción. La investigación reforzó ajustes en arquitectura y certificación que impactaron hitos de calendario y entregas comprometidas.
Baja observabilidad, diseño de firma radar y evaluación comparada
La baja observabilidad constituye un eje central en cazas de quinta generación. Estimaciones independientes sitúan la sección transversal radar del Su-57 entre 0,1 y 1 metro cuadrado en aspectos frontales. Esa cifra supera la del F-35 Lightning II, ubicada alrededor de 0,0001 metros cuadrados. El desfase se asocia con remaches visibles, uniones de paneles sin alineación fina, tomas de aire rectas y carenados de motor con geometría redondeada sin deflectores avanzados. La estructura incorpora materiales absorbentes y un 25% de compuestos sobre 18.500 kg en vacío.
Revisiones técnicas de la Fuerza Aérea India, elaboradas durante la cooperación FGFA, señalaron deficiencias en cobertura radar y un RCS comparable al de cazas de cuarta generación como el F/A-18 Super Hornet en configuración limpia. Esas observaciones influyeron en la decisión de cancelar la participación y orientar inversiones hacia soluciones alternativas. La comparación reforzó percepciones de desventaja en discreción electromagnética frente a plataformas occidentales con mayor grado de integración furtiva.

El empleo operativo reflejó prudencia. Durante la guerra en Ucrania, iniciada en febrero de 2022, las Fuerzas Aeroespaciales rusas utilizaron el Su-57 para lanzamientos de misiles de largo alcance desde espacio aéreo propio y evitaron acercamientos al frente. Esta pauta respondió a la escasez de unidades y a la prioridad de preservar activos estratégicos. En junio de 2024, un ataque ucraniano con drones dañó un Su-57 en Akhtubinsk, hecho que evidenció vulnerabilidades en defensas y dispersión según reportes oficiales.
La comparación con el F-35 añade presión programática. La plataforma estadounidense registró producción por miles y exportaciones a más de veinte países, con economías de escala y una red logística amplia. El Su-57 permanece en una fase de consolidación con entregas reducidas, dependencia de componentes restringidos por sanciones y una madurez técnica todavía en evolución. Ese contraste condiciona posibilidades de exportación y complica la amortización de inversiones acumuladas por la industria rusa.
Colaboración internacional, exportación y situación comercial del programa
En 2007, Rusia e India firmaron un acuerdo para desarrollar el FGFA con Hindustan Aeronautics Limited como socio financiero por un 25% y con acceso tecnológico. En abril de 2018, India abandonó el proyecto por incumplir requisitos de baja observabilidad, por la insuficiencia de los AL-41F1, por la negativa a compartir códigos fuente y por costes superiores a expectativas. La decisión impulsó compras de Rafale y aceleró el programa AMCA, con la consiguiente pérdida de un cliente clave.
Los intentos de exportación posteriores encontraron obstáculos. En 2019, Argelia suscribió un contrato para 14 unidades del Su-57E, una versión con prestaciones reducidas y recortes en sensores y armamento. Hasta 2026 no existen entregas confirmadas. China mostró interés limitado y priorizó su J-20.

Analistas del CSIS atribuyeron el desenlace a un nivel tecnológico insuficiente, a costes unitarios cercanos a $100 millones y a riesgos geopolíticos asociados a la dependencia del mantenimiento ruso. En noviembre de 2025, Rosoboronexport anunció una primera entrega extranjera del Su-57E sin identificar comprador ni proporcionar números de serie. Ese anuncio dejó dudas en medios especializados y no disipó percepciones de incertidumbre comercial sostenida.
El programa acumula un coste estimado de $10.000 millones hasta 2025, según CAST. La ausencia de exportaciones masivas complica la recuperación de la inversión y aumenta la exposición frente a competidores con producción a gran escala. Rusia continúa pruebas de integración de armamento, incluidos misiles Kinzhal, mientras aborda pendientes en aviónica y estructura. El cumplimiento del contrato de 76 aparatos hasta 2028 permanece condicionado por capacidad industrial y por disponibilidad de componentes.
