En un movimiento estratégico que redefine la composición de la fuerza aérea en el sector meridional de la Alianza Atlántica, el Departamento de Estado de EE. UU. ha otorgado su visto bueno para la transacción de aeronaves de vanguardia, autorizando la venta de los avanzados cazas F-35 Lightning II a Grecia y, paralelamente, la entrega de versiones modernizadas del F-16 Viper a Turquía.
Esta decisión fue oficialmente comunicada a través de anuncios sucesivos el 26 de enero, culminando brevemente después de la aprobación por parte del parlamento turco de la postergada solicitud de Suecia para unirse a la OTAN, un proceso que se encontraba en pausa por casi dos años debido a la resistencia de Turquía, mientras el Congreso estadounidense se mostraba reticente a proveer a Ankara con nuevos F-16 bajo estas circunstancias.
La petición de Turquía, datada de octubre de 2021, incluía la adquisición de 40 unidades del F-16 Block 70 y 79 kits para la actualización de su flota. Por otro lado, Grecia formalizó su solicitud para obtener 20 cazas F-35 en junio de 2022.
Analizando las acciones de EE. UU., se deduce una cautela inicial en aprobar el trato de F-35 con Grecia, pendiente de resolver primero las negociaciones con Turquía sobre el F-16. Este enfoque sugiere un esfuerzo por preservar la equidad entre ambos estados miembros de la OTAN y evitar inclinar la balanza de poder aéreo sobre el Egeo a favor de Grecia.
Interrogado sobre esta estrategia, un representante del Departamento de Estado expresó que las decisiones se basaron en criterios claros, orientados a fortalecer las capacidades defensivas de los aliados de la OTAN y su interoperabilidad con las fuerzas estadounidenses. Específicamente en el caso de Turquía, se resaltó que la modernización de su amplia flota de F-16 a la versión Block 70 no solo incrementa la capacidad operativa de Ankara, sino que también refuerza la postura de disuasión y defensa de la alianza.
Reconfiguración del poder aéreo en el Egeo: Estrategias de Estados Unidos para la OTAN

“Estos aviones nuevos y reacondicionados proporcionarán a Turquía una flota de aviones de combate polivalentes modernizados que le permitirán asegurar la defensa de su espacio aéreo”, declaró el funcionario.
“Mientras tanto, la venta de aviones F-35 a Grecia proporcionará un aumento significativo de la capacidad, así como la interoperabilidad con las fuerzas de la OTAN”, añadió, subrayando el impacto de esta transacción en la capacidad de la Fuerza Aérea Helénica para salvaguardar su espacio aéreo, contribuir a las misiones de la OTAN y mantener la interoperabilidad con las fuerzas de EE. UU. y la OTAN.
Suleyman Ozeren, destacado académico de la American University y miembro senior del Orion Policy Institute, interpreta la aprobación simultánea de estas ventas como un reflejo de “dos perspectivas críticas”. Por un lado, la administración de Biden busca establecer un equilibrio regional al entregar F-35 a Grecia y F-16 a Turquía, sugiriendo una ventaja para Grecia en este arreglo. Por otro lado, evidencia el continuo escepticismo en las relaciones Estados Unidos-Turquía, exacerbado por la adquisición turca de sistemas de defensa rusos S-400, lo cual llevó a su exclusión del programa F-35 y a un veto sobre futuras compras de este caza.
La decisión de Turquía de integrar a su arsenal sistemas antiaéreos rusos no solo afectó su participación en el programa F-35, sino que también puso en tela de juicio su compromiso con la interoperabilidad de la OTAN, habiendo planeado originalmente la adquisición de hasta 100 unidades del F-35A para la modernización de su fuerza aérea.
Ozeren considera que la adquisición del F-35 por parte de Grecia constituye una “victoria diplomática”, destacando el simbolismo y la importancia estratégica de obtener la plataforma aérea más avanzada a nivel mundial. Además, el momento de estas decisiones señala preferencias geopolíticas y refleja las tensiones entre Estados Unidos y Turquía, aunque también subraya el papel crucial de Turquía dentro de la alianza de la OTAN.
“Esta resolución trasciende la mera cuestión de equilibrio militar en el Egeo”, afirmó Ozeren, indicando que Estados Unidos también persigue asegurar compromisos claros de Turquía como miembro vital de la OTAN, en un esfuerzo por consolidar la cohesión y la fortaleza estratégica de la alianza en un contexto de desafíos globales crecientes.
Equilibrio estratégico y diplomacia en las ventas de armamento a miembros de la OTAN

George Tzogopoulos, investigador del Centre International de Formation Européenne, considera que, desde una perspectiva política, la estrategia estadounidense hacia Grecia y Turquía es acertada.
“Ambos países son aliados dentro de la OTAN, pero la tendencia de Turquía a una política exterior más autónoma ha motivado a Estados Unidos a adoptar enfoques diferenciados para satisfacer sus intereses, intentando agradar a ambas partes”, explicó. Esta táctica busca, según Tzogopoulos, restringir el giro de Ankara hacia el este, un proceso que las ventas de armas actuales no detendrán completamente.
Tzogopoulos sugiere que Estados Unidos podría estar intentando otorgar a Grecia una ventaja militar cualitativa sin, por ello, alienar de manera irreparable a Turquía. Esta teoría se refuerza con las declaraciones de Victoria Nuland, subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos, quien expresó el deseo de reintegrar a Turquía en el programa F-35 si se resuelve la disputa del S-400, lo que indica que la puerta para futuras ventas del F-35 a Turquía permanece abierta dependiendo de los avances en las relaciones turco-americanas y los resultados de futuras elecciones presidenciales en EE. UU.
El análisis de Tzogopoulos destaca que en este delicado juego de poder, hay dos vencedores y un perdedor. Estados Unidos y Turquía emergen como ganadores; el primero asegurando una venta de armas beneficiosa y el segundo adquiriendo el equipamiento deseado. Contrariamente, la OTAN se percibe como la parte perjudicada, dado que se transmite a sus miembros el mensaje de que la autonomía en la política exterior, ejemplificada por Turquía, puede no tener consecuencias significativas.
La reciente aprobación de la OTAN hacia la solicitud sueca, que facilitó el camino para la venta de F-16 a Turquía, señala un momento crucial, aunque Tzogopoulos advierte que los límites y condiciones de este acuerdo turco-estadounidense aún no están claramente definidos, sugiriendo que el futuro de estas relaciones bilaterales y su impacto en la estructura de poder dentro de la OTAN sigue siendo una cuestión abierta.
Dinámicas de poder y diplomacia: El futuro del equilibrio en el Egeo

“Hoy es la aprobación de Suecia y mañana podría ser otro tema en la agenda de conversaciones”, destacó Tzogopoulos, enfatizando cómo las tácticas negociadoras de Turquía están rindiendo frutos, lo que genera inquietudes.
Esta adaptabilidad en la diplomacia turca sugiere que mientras ciertas decisiones pueden apaciguar las tensiones temporales, la estabilidad en las relaciones greco-turcas, históricamente fluctuantes, podría enfrentar futuras pruebas.
La evaluación del equilibrio de poder aéreo entre Grecia y Turquía requiere un análisis detallado de cifras y cronogramas específicos. La incertidumbre sobre el número exacto de cazas F-35 que Grecia podrá incorporar a su arsenal y los tiempos de entrega complica la previsión de cómo este balance se desarrollará en el futuro.
Estados Unidos promueve la actual fase de distensión en las relaciones greco-turcas, pero permanece alerta ante la posibilidad de futuros episodios de tensión. La preocupación principal de EE. UU. se centra menos en el equilibrio de poder aéreo en el Egeo per se y más en evitar un escenario donde Turquía se vea desfavorecida, manteniendo así la cohesión dentro de la OTAN y asegurando sus intereses estratégicos en la región.
La posibilidad de que Grecia obtenga una ventaja militar cualitativa sobre Turquía en el espacio aéreo del Egeo es un tema que, según Tzogopoulos, probablemente figurará en futuras negociaciones turco-estadounidenses. La declaración de Nuland resalta esta dinámica, sugiriendo que la adquisición de F-35 por parte de Turquía podría ser negociable, siempre y cuando se resuelva la controversia del S-400.
“Así que el regateo continúa”, concluye Tzogopoulos, subrayando que la diplomacia y las negociaciones en curso entre Estados Unidos y Turquía seguirán moldeando el paisaje de seguridad y defensa en el Egeo, en un equilibrio delicado entre fortalecer alianzas, mantener la estabilidad regional y gestionar las aspiraciones estratégicas de cada país involucrado.