La estrategia de la Fuerza Aérea de Israel para mantener la superioridad aérea con cazas avanzados recibiría capacidades específicas del F-22 Raptor.
La Fuerza Aérea de Israel (IAF) sostiene esa superioridad con una flota de cazas de quinta y cuarta generación (F-35I, F-15 y F-16 modernizados), aeronaves de inteligencia basadas en reactores ejecutivos, cisternas de reabastecimiento en vuelo y un sistema de defensa antimisiles por capas integrado con sensores y con mando y control.
En este contexto, el F-22 Raptor —caza de superioridad aérea de baja observabilidad cuya exportación Estados Unidos prohíbe por ley— aportaría capacidades específicas de control del espacio aéreo y de penetración en entornos con defensas densas. Sin embargo, su incorporación quedaría condicionada por esas restricciones normativas y por costes y sostenimiento elevados documentados por organismos oficiales estadounidenses.
La estructura actual de la IAF combina plataformas de combate y de apoyo con adquisiciones recientes. En 2023, Israel anunció la compra de un tercer escuadrón de F-35I que elevará la dotación a 75 aparatos al completar las entregas. En 2024, el ministerio de Defensa formalizó un contrato de 25 F-15IA —derivado del F-15EX— con opción por otros 25 y con entregas escalonadas a partir de la próxima década. En reabastecimiento estratégico, Estados Unidos notificó en 2020 la posible venta de hasta ocho KC-46A. En conjunto, estas decisiones asignan al F-35I la función furtiva de ataque y al F-15 de nueva generación la función de gran carga y alcance, mientras que los cisternas extienden el radio de acción hacia teatros como Irán.
El poder aéreo israelí opera en varios escenarios. En Gaza, la IAF ejecuta ataques de precisión y apoyo aéreo cercano contra lanzadores y mandos de grupos armados. En Líbano, la planificación se orienta a contrarrestar misiles, cohetes y drones de Hezbolá. En Siria, la “campaña entre guerras” busca degradar infraestructura militar y logística vinculada a Irán. Además, la IAF contempla un escenario de guerra abierta con Teherán que exige alcance, persistencia y supresión de defensas avanzadas. Institutos especializados en seguridad nacional describen esa “campaña entre guerras” como un esfuerzo sostenido de prevención por debajo del umbral de la guerra abierta, con apoyo de inteligencia, de operaciones discretas y de coordinación interinstitucional.

Israel sostiene su superioridad aérea regional con una red de sensores y de defensa activa por capas —Cúpula de Hierro, Honda de David y Arrow— integrada en el sistema nacional de mando y control. Esas capas han interceptado de forma reiterada salvas de cohetes, misiles y drones; durante el ataque iraní del 13–14 de abril de 2024, el portavoz militar israelí informó de la neutralización de la mayoría de los ingenios con apoyo de socios. El ministerio de Defensa detalla que el sistema nacional de defensa antimisiles comprende Arrow-2/-3, Honda de David y Cúpula de Hierro, con mejoras y pruebas en evolución continua. En el plano aéreo, Israel emplea aeronaves de alerta y control y de inteligencia basadas en el G-550 (Eitam/Shavit y la plataforma “Oron”) para ampliar la cobertura, designar blancos y cerrar el ciclo sensor-tirador.
La IAF utiliza el F-35I para ataques discretos y como nodo de información. En 2018, el entonces jefe de la fuerza aérea declaró que Israel fue el primer país en emplear el F-35 en combate en operaciones en dos frentes. Esa experiencia, sumada a la capacidad de penetración del Adir y a su fusión de sensores, permitió atacar arsenales, pistas e instalaciones de transferencia en Siria sin la necesidad de una plataforma equivalente al F-22.
El F-22 Raptor presenta rasgos técnicos concretos: baja observabilidad, supercrucero, alta maniobrabilidad con toberas vectoriales, radar de barrido electrónico activo AN/APG-77, fusión de sensores y armamento aire-aire interno (AIM-120 AMRAAM y AIM-9X tras la modernización 3.2B). Su capacidad aire-suelo existe, aunque con menor amplitud, y prioriza munición guiada como JDAM y bombas de pequeño diámetro. La documentación oficial de la Fuerza Aérea de Estados Unidos resume estas cualidades y el programa de modernización añade integración de misiles de última generación.
En comparación con el F-35I Adir, el Raptor se orienta ante todo a la superioridad aérea. Por su parte, el F-35A —plataforma base del F-35I— es un caza multirrol de quinta generación con énfasis en ataques de precisión, inteligencia y conectividad. Documentos oficiales describen al F-35A como una plataforma con fusión de sensores y enlaces que recoge, fusiona y distribuye información en tiempo real, mientras que el F-22 prioriza la detección, la aproximación de baja observabilidad y el derribo de amenazas aéreas en entornos disputados.

Existen debates técnicos relevantes para cualquier hipótesis de adopción. En 2024, la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO) señaló la necesidad de inversiones continuas de modernización y recogió la propuesta de la Fuerza Aérea de retirar los F-22 Block 20 de instrucción, decisión discutida en el Congreso por su impacto en adiestramiento y pruebas. La GAO y publicaciones presupuestarias detallan desembolsos millonarios para mantener la credibilidad del Raptor hasta la llegada de sistemas de nueva generación. En 2017, un informe oficial remitido al Congreso estimó que reabrir la producción para 194 aparatos costaría en torno a 50 $000 millones, cifra divulgada tras solicitud de acceso público.
El marco político-legal define los límites de cualquier transferencia. A finales de los noventa, el Congreso estadounidense introdujo una prohibición de exportación del F-22 que se mantuvo en leyes de asignaciones posteriores. En 2007, la Cámara aprobó de nuevo lenguaje que impedía usar fondos para autorizar licencias de venta a gobiernos extranjeros. Un informe del Servicio de Investigación del Congreso (CRS) explica que, pese al interés de aliados, la exportación quedó vetada por razones de protección tecnológica. Japón expresó su intención de adquirir F-22 y recibió negativas oficiales por ese motivo, según registros de agencias internacionales de prensa.
En escenarios de supresión y destrucción de defensas antiaéreas (SEAD/DEAD) frente a baterías avanzadas, el F-22 aportaría penetración inicial de baja observabilidad y capacidad para neutralizar nodos críticos. Siria recibió sistemas S-300 en 2018; Rusia desplegó S-400 en Hmeymim; e Irán incorporó S-300 a partir de 2016. Un paquete con F-22 en primera oleada podría detectar y atacar radares y centros de control en coordinación con F-35I y con munición de precisión, y con apoyo de guerra electrónica y de drones. Esa fase facilitaría operaciones posteriores de F-15I y F-16I en números elevados. En la actualidad, sin F-22, Israel asigna esa misión al F-35I en combinación con ataques de oportunidad y con plataformas de cuarta generación, y apoya la ejecución con inteligencia persistente.
Para el control del espacio aéreo frente a cazas de cuarta y 4.5 generaciones —Su-30, Su-35, MiG-29 o F-16 de países vecinos—, el F-22 proporcionaría mayores márgenes de detección y empleo de misiles de alcance más allá del visual. Esos márgenes elevan la probabilidad de neutralizar amenazas antes de que alcancen posiciones de tiro. El F-35I ya asume parte de esa vigilancia mediante fusión de sensores y enlaces con plataformas de alerta temprana; el F-22 añadiría capacidad específica de combate aire-aire, que constituye su cometido principal.

Ante enjambres de drones y misiles de crucero, el F-22 aportaría funciones de interceptor de rápida reacción y de sensor avanzado. Su radar AESA y su baja observabilidad permiten aproximación, identificación y priorización de blancos de manera que complementa la red de defensa terrestre y naval. La defensa por capas ha demostrado interceptación de salvas mixtas de drones, misiles de crucero y balísticos cuando integra radares, aeronaves y misiles en varias altitudes. La incorporación de un caza de superioridad con esas características añadiría redundancia y mayor alcance cinemático frente a objetivos de baja altura.
La integración técnica del F-22 en la arquitectura israelí exigiría compatibilizar enlaces de datos y resolver limitaciones históricas de intercambio de información. El Raptor dispone de un enlace intraflota propio y durante años su intercambio con otros sistemas fue limitado, circunstancia que motivó el desarrollo de “pasarelas” para traducir datos hacia F-35 y hacia unidades navales y terrestres. Los análisis técnicos describen soluciones que abarcan plataformas en gran altitud y modernizaciones parciales. Por tanto, una integración israelí debería asegurar conectividad con la red nacional de mando y control y con sensores de inteligencia y alerta.
Los modelos de empleo plausibles se ajustan a doctrinas conocidas. Una opción asigna al F-22 la superioridad aérea para proteger los paquetes de ataque del F-35I contra objetivos de alto valor. Otra opción combina F-22 con F-15I modernizados y con drones de reconocimiento y ataque en paquetes coordinados. Una tercera opción asigna al F-22 la función de sensor avanzado para alimentar la red de tiro antiaérea y antimisil. La IAF ya opera aeronaves G-550 de alerta temprana e inteligencia —incluida la plataforma “Oron”— que aumentan la conciencia situacional y la asignación de blancos, por lo que la interoperabilidad permitiría explotar mejor la información.
En costes y prioridades, Israel elevó de forma notable su gasto de defensa para reponer arsenales y sostener operaciones. Estimaciones de SIPRI sitúan el gasto de 2024 en 46 $500 millones. Para 2025–2026, los ministerios de Finanzas y de Defensa anunciaron un aumento adicional destinado a necesidades de guerra y a nuevas adquisiciones. En ese marco, la relación coste-beneficio del F-22 quedaría afectada por el cierre de su línea de producción, por un sostenimiento oneroso y por la necesidad de inversiones de modernización que la Fuerza Aérea estadounidense cuantifica en miles de millones de dólares.

Entre las alternativas de superioridad aérea, Israel ya decidió la adquisición del F-15IA, con radar AESA de nueva generación y un conjunto de autoprotección actualizado, orientado a gran carga y alcance. Además, el país puede ampliar su flota de F-35I —ya contratada— y continuar la modernización de F-15 y F-16 existentes. El F-15EX/IA integra radares AESA de la familia APG-82 y sistemas de guerra electrónica EPAWSS en desarrollo, lo que amplía la capacidad de vigilancia y de ataque en profundidad con grandes lotes de misiles aire-aire y con armamento de largo alcance.
El impacto regional de una presencia hipotética del F-22 en Israel quedaría enmarcado por el compromiso legal estadounidense de mantener la “ventaja militar cualitativa” de Israel. La Agencia de Cooperación en Seguridad de Defensa aplica ese principio a toda transferencia relevante en Oriente Medio y ajusta o deniega ventas a terceros para preservarlo. Ese marco condicionó y condiciona debates en Washington sobre transferencias avanzadas en la zona.
Las limitaciones del F-22 incluyen disponibilidad por debajo de la óptima y mantenimiento intensivo, según informes públicos al Congreso. El tamaño reducido de la flota incrementa la dependencia de repuestos y de modernizaciones controladas por Estados Unidos. La GAO ha solicitado mayor transparencia en costes y planificación, y la Fuerza Aérea ha vinculado el mantenimiento de capacidades a recursos plurianuales hasta la entrada de sistemas de nueva generación.
Como antecedentes de incrementos de capacidad, Israel integró F-15 y F-16, desarrolló una red de alerta aérea en reactores ejecutivos, incorporó el F-35I con empleo operativo desde 2018 y desplegó defensas antimisiles escalonadas, todo ello con alto peso de inteligencia y de mando y control. Las adquisiciones de F-35 adicionales y de F-15IA, junto con cisternas KC-46, definirán la próxima década de su poder aéreo.

Para el diseño del reportaje, resultan útiles varios recursos visuales: un mapa de radios de combate desde bases israelíes hacia Siria, Líbano, Irán y mar Rojo; una comparativa técnica y de función entre F-22, F-35I y F-15I/IA (función principal, carga, radio, sección radar y tipo de radar); y una cronología de hitos de modernización de la IAF (entrada en servicio del F-35I en 2017/2018, contrato del tercer escuadrón en 2023, acuerdo del F-15IA en 2024, notificación de KC-46 en 2020).
En el plano legal, Estados Unidos mantiene vigente la prohibición de exportar el F-22 y documentó ante el Congreso los costes prohibitivos de reabrir su producción. A la vez, preserva para Israel la ventaja militar cualitativa en la región al evaluar cada decisión de transferencia de armamento.
