Estados Unidos concentra buques y aeronaves en Oriente Medio, con dos portaaviones y decenas de cazas, mientras Trump advierte a Irán si fracasan negociaciones nucleares.
La advertencia de Trump sobre Irán acompaña el refuerzo militar naval
El Pentágono envía a Oriente Medio la mayor concentración de buques de guerra y aeronaves estadounidenses en décadas, incluidos dos grupos de ataque de portaaviones. El movimiento coincide con la advertencia del presidente de EE. UU., Donald Trump, sobre una posible acción militar contra Irán si fracasan las conversaciones sobre su programa nuclear. Trump dijo el jueves que lograr un acuerdo “significativo” con Irán no resulta fácil.
Según expertos, Trump contaría con varias opciones militares, como ataques quirúrgicos contra defensas antiaéreas iraníes o golpes dirigidos contra el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. Especialistas advierten, no obstante, que Irán podría responder de maneras que no adoptó tras los ataques del año pasado de EE. UU. o Israel, con el riesgo de abrir el camino a una guerra regional, según las evaluaciones citadas.
Ali Vaez, experto en Irán del International Crisis Group, sostuvo que para la administración Trump resultaría difícil ejecutar esta vez un ataque puntual y definitivo en Irán. En su lectura, una respuesta iraní haría inevitable un conflicto total. Trump amenazó en repetidas ocasiones con usar la fuerza para forzar a Irán a aceptar límites a su programa nuclear y también lo hizo por la represión de Teherán contra protestas nacionales.

La semana pasada, Trump agregó que un cambio de poder en Irán “sería lo mejor que podría ocurrir”. En ese contexto político, la movilización militar aparece como señal de presión y como cobertura ante un posible deterioro del escenario. Las advertencias públicas, los cálculos sobre opciones de ataque y el despliegue de activos se conectan con la idea de que el fracaso diplomático podría abrir paso a una escalada de difícil contención.
Elementos clave del despliegue y del contexto de presión sobre Irán
- Trump condicionó la ausencia de acción militar al logro de un acuerdo “significativo” con Irán sobre su programa nuclear.
- Expertos mencionaron opciones como ataques contra defensas antiaéreas iraníes o golpes dirigidos contra el ayatolá Alí Jamenei.
- Ali Vaez advirtió que una respuesta iraní podría volver inevitable un conflicto total y extenderse a escala regional.
- Trump afirmó la semana pasada que un cambio de poder en Irán “sería lo mejor que podría ocurrir”.
Portaaviones, destructores y aumento de efectivos en el mar Arábigo
En el plano militar, el portaaviones USS Abraham Lincoln y tres destructores con misiles guiados operan en el mar Arábigo desde finales de enero, tras su redirección desde el mar de China Meridional. El grupo de ataque sumó alrededor de 5.700 miembros adicionales del servicio a la región y reforzó una presencia previa compuesta por unos pocos destructores y tres buques de combate litoral en la zona.

Dos semanas después, Trump ordenó que el USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande del mundo, se dirigiera a la región junto con tres destructores y más de 5.000 miembros del servicio. Con ese despliegue, la presencia de la Marina en el área subirá a 14 buques y superará ampliamente la flota de 11 barcos que, hasta la salida del Ford, permanecía estacionada en el mar Caribe.
La combinación de dos grupos de ataque eleva el volumen de escoltas, personal y capacidad de proyección en un espacio marítimo clave para rutas y bases regionales. El texto vincula esa concentración con un momento de tensión diplomática y con la evaluación de que las fuerzas sirven para atacar y también para absorber posibles represalias. En esa lógica, el despliegue apunta a disuasión y a preparación operativa.
El movimiento naval se inserta en un refuerzo más amplio que incluye aviación de combate y plataformas de apoyo, con rutas detectadas desde bases en EE. UU. y Europa. La acumulación, según analistas citados, figura como la mayor desde la invasión de Irak en 2003, aunque con diferencias claras respecto a los paquetes terrestres de grandes guerras. El énfasis se mantiene en activos navales y aéreos.
Cazas, cisternas y aviones de carga elevan la capacidad operativa regional

A la par del refuerzo naval, aterrizaron en Oriente Medio numerosos cazas adicionales de EE. UU. y aeronaves de apoyo. Decenas de aviones, incluidos F-35, F-22, F-15 y F-16, salieron de bases en EE. UU. y Europa. La Military Air Tracking Alliance, un equipo de unos 30 analistas de fuentes abiertas, informó que observó aeronaves en ruta hacia la región, según sus reportes.
Ese equipo sostuvo que, a mediados de febrero, rastreó además más de 85 aviones cisterna y más de 170 aviones de carga en dirección a Oriente Medio. Steffan Watkins, investigador radicado en Canadá y miembro de la MATA, dijo que también siguió el traslado de aeronaves de apoyo, entre ellas seis aviones de alerta temprana E-3 del ejército, hacia una base en Arabia Saudita.

Watkins afirmó que esas aeronaves resultan esenciales para coordinar operaciones con un gran número de aviones. La oleada se anticipó semanas antes con la llegada de F-15E Strike Eagle de la Fuerza Aérea. El Comando Central de EE. UU. señaló en redes sociales que el caza “mejora la preparación para el combate y promueve la seguridad y la estabilidad regional”, según el mensaje citado.
En el mismo periodo, analistas que revisan datos de seguimiento de vuelos detectaron decenas de aviones de carga militares estadounidenses con destino a la región. La actividad recuerda a la del año pasado, cuando EE. UU. trasladó equipos de defensa antiaérea, como sistemas de misiles Patriot, ante la expectativa de un contraataque iraní después del bombardeo de junio contra tres instalaciones nucleares clave.
Riesgos de represalias iraníes y límites del paquete de fuerzas de EE. UU.
En paralelo, se desarrollan preparativos en Israel, con las FDI en máxima alerta. Seth Jones, experto en defensa del Center for Strategic and International Studies, subrayó que EE. UU. no despliega una gran fuerza terrestre. Recordó que durante la Operación Tormenta del Desierto, a inicios de la década de 1990, EE. UU. envió más de 500.000 tropas, y que en 2003 desplegó cerca de 250.000 fuerzas estadounidenses en Irak.
Jones agregó que existen límites sustanciales al paquete de fuerzas al referirse a los activos militares actuales en la región. En la misma línea, Michael O’Hanlon, analista de defensa y política exterior en la Brookings Institution, señaló que esta acumulación es la mayor desde la invasión de Irak en 2003. Aun así, precisó que los recursos movilizados para aquella guerra superaron con amplitud los activos presentes, según su comparación.

O’Hanlon añadió que, si el objetivo consistiera únicamente en atacar lo que queda del programa nuclear de Irán, EE. UU. podría utilizar bombarderos B-2 de largo alcance, como lo hizo en junio. En su lectura, las fuerzas desplegadas ahora se orientan a golpear objetivos en Irán y a protegerse ante represalias. También dijo que muchos esperan que Irán continúe con drones y misiles de crucero contra Israel y bases estadounidenses.
Sin embargo, O’Hanlon advirtió que Teherán podría intensificar y ampliar sus acciones, sobre todo si su liderazgo siente que se encuentra bajo ataque. Irán respondió a los ataques de Israel el pasado junio con el lanzamiento de más de 500 misiles balísticos y alrededor de 1.100 drones contra Israel. Según funcionarios de salud y hospitales, esos ataques causaron 32 muertos y más de 3.000 heridos en Israel.
Escalada posible y antecedentes de ataques, advertencias y cálculo disuasorio

Vaez sostuvo que es poco probable que Irán limite su respuesta como lo hizo tras el ataque estadounidense contra instalaciones nucleares en junio. Entonces, Irán indicó con antelación cuándo y cómo respondería al atacar una base militar en Qatar, lo que permitió que la defensa antiaérea estadounidense y qatarí se preparara y redujera los daños. En su análisis, ahora Teherán concluyó que solo detendría el ciclo si inflige daño significativo a EE. UU. e Israel, aun con alto costo.
Behnam Ben Taleblu, analista de la Foundation for Defense of Democracies, afirmó que se cree que Irán todavía dispone de misiles balísticos capaces de alcanzar a sus enemigos en la región. Señaló que la República Islámica puede ver esa capacidad como elemento disuasorio para Trump, aunque, en su lectura, también podría convertirse en incentivo para que el presidente pase de una operación limitada a una de mayor envergadura, según su argumento.
