El Reino Unido desplegará en 2026 el portaaviones HMS Prince of Wales en el Atlántico Norte como respuesta al aumento de la actividad militar rusa.
Operación Firecrest refuerza la disuasión en el Atlántico Norte y el Ártico
El ministerio de Defensa del Reino Unido confirmó un despliegue de portaaviones para 2026, con el HMS Prince of Wales como buque principal. La salida, denominada Operación Firecrest, prevé operaciones en el Atlántico Norte y en el Alto Norte y se presenta como una respuesta calibrada al aumento de la actividad militar rusa en el ámbito marítimo. Además, las comunicaciones oficiales sitúan la misión dentro de marcos de planificación de la OTAN.
El despliegue también se vincula a riesgos emergentes para infraestructuras submarinas críticas. Las referencias incluyen cables de fibra óptica, oleoductos y gasoductos, considerados elementos sensibles para el funcionamiento civil y la seguridad. Bajo ese enfoque, la presencia naval se asocia a vigilancia, disuasión y capacidad de respuesta en áreas marítimas disputadas. Las autoridades lo describen como una contribución relevante a la disuasión colectiva euroatlántica.
Para ejecutar el plan operativo, se espera que el grupo de ataque incorpore cazas F-35B Lightning II, destructores de defensa antiaérea Type 45, fragatas antisubmarinas Type 23 o Type 26, un submarino de ataque de propulsión nuclear de la clase Astute y buques de apoyo de la Royal Fleet Auxiliary. Aunque la composición final se confirmará más cerca de la salida, el diseño previsto apunta a operaciones prolongadas en latitudes altas.

Las autoridades británicas han señalado como elemento central los ejercicios de interoperabilidad con países nórdicos, Estados Unidos y Canadá. En ese marco, el despliegue busca alinear procedimientos, comunicaciones y mando para actuar en entornos complejos. La planificación contempla el Atlántico Norte y el Ártico, donde la infraestructura fija resulta limitada y la amplitud de las áreas oceánicas exige coordinación sostenida. Esa lógica refuerza el papel del grupo como instrumento de seguridad aliado.
Elementos previstos del grupo de ataque para el despliegue de 2026
- HMS Prince of Wales como buque principal y plataforma para operaciones aéreas sostenidas e integración de mando.
- Cazas F-35B Lightning II para ampliar detección, intercambio de información y apoyo a la defensa del grupo.
- Destructores Type 45 con Sea Viper y radar SAMPSON para defensa antiaérea y antimisiles a larga distancia.
- Fragatas Type 23 o Type 26 orientadas a guerra antisubmarina, con sonares y helicópteros ASW embarcados.
- Submarino de la clase Astute y buques de apoyo de la Royal Fleet Auxiliary para inteligencia, ataque y sostenimiento.
Capacidades del HMS Prince of Wales para mando y operaciones en áreas extensas
A partir de la estructura de fuerzas prevista, el HMS Prince of Wales actuará como plataforma para operaciones aéreas sostenidas, defensa escalonada e integración de mando. Con un desplazamiento aproximado de 65.000 toneladas, el buque dispone de una cubierta de vuelo con rampa ski-jump que incrementa la tasa de salidas para aeronaves de despegue corto y aterrizaje vertical. También cuenta con mayor capacidad de combustible de aviación y pañoles de gran tamaño.
Su volumen interno permite alojar un estado mayor conjunto de entidad, lo que habilita la dirección de operaciones marítimas distribuidas en áreas oceánicas extensas. Esa capacidad resulta pertinente en el Atlántico Norte y el Ártico, donde la infraestructura fija es limitada y el entorno impone exigencias logísticas. La combinación de mando embarcado y aviación sostenida ofrece una base para coordinar vigilancia y respuesta. El portaaviones se integra así como nodo central del grupo de ataque.

Con esa prioridad operativa, el ritmo de las operaciones aéreas adquiere un papel determinante. Los portaaviones de la clase Queen Elizabeth se diseñaron para sostener tasas exigentes de salidas, con hasta 72 salidas de reactores por día durante periodos de máxima intensidad. Los elevadores rápidos pueden trasladar múltiples F-35B desde el hangar hasta la cubierta de vuelo en aproximadamente un minuto. Esa arquitectura busca mantener continuidad operativa en escenarios exigentes.
En latitudes altas, donde el clima y la luz limitada reducen las ventanas de vuelo, los ciclos rápidos de lanzamiento y recuperación aportan una mejora operativa directa en la generación de salidas. Ese factor se vuelve relevante para misiones de vigilancia, defensa y presencia sostenida. La capacidad de sostener operaciones aéreas contribuye a ampliar el alcance del grupo y a reforzar la protección escalonada. En conjunto, el portaaviones actúa como multiplicador de presencia en áreas remotas.
Escolta, sensores y foco antisubmarino ante el aumento de la actividad rusa
Dentro de la escolta, los destructores Type 45 aportan defensa antiaérea y antimisiles de alto nivel mediante el sistema Sea Viper y el radar SAMPSON. Esa combinación permite detectar y enfrentar simultáneamente múltiples objetivos a larga distancia, lo que incrementa la protección del grupo. Por su parte, las fragatas se orientan a la guerra antisubmarina. En ese rol, las plataformas Type 26 se presentan como opciones optimizadas para operación silenciosa y procesamiento avanzado de sonar.
Las fragatas también incorporan helicópteros ASW embarcados, que amplían el alcance de búsqueda y seguimiento en el dominio submarino. A ello se suma el submarino de la clase Astute, que aporta obtención sigilosa de inteligencia y opciones de ataque. Además, refuerza la capacidad del grupo para disputar el dominio submarino, un ámbito donde se señala un aumento de actividad de submarinos rusos. La combinación de escoltas de superficie y submarino busca reducir aproximaciones no detectadas.

El conjunto de sensores del F-35B incrementa la capacidad de detección y de intercambio de información. El radar AN/APG-81, el sistema de apertura distribuida y los enlaces de datos seguros permiten detectar, clasificar y compartir contactos entre los dominios aéreo y submarino. Esa información se integra en un panorama operativo más amplio de la OTAN. En una configuración de grupo de ataque, esa capacidad respalda la defensa antiaérea y la conciencia situacional marítima de amplia área.
La designación oportuna de objetivos para activos de superficie y submarinos adquiere especial relevancia en entornos restringidos como la brecha Groenlandia-Islandia-Reino Unido. La presencia del grupo también se asocia a control marítimo persistente, con la intención de dificultar movimientos de submarinos y buques de superficie adversarios. El texto vincula esa prioridad a tendencias cuantificables, incluido un aumento del 30% en los movimientos navales rusos en el Atlántico Norte durante los últimos dos años.
Componente aliado, marcos OTAN y medidas británicas ligadas al Alto Norte
El despliegue incorpora un componente multinacional que incrementa la credibilidad de la disuasión. Una visita portuaria prevista en Estados Unidos y la expectativa de operaciones de aeronaves estadounidenses desde la cubierta de vuelo británica muestran interoperabilidad práctica. Firecrest también incluye actividades bajo la misión Arctic Sentry de la OTAN y junto a la Standing NATO Maritime Group 1. De ese modo, el grupo se integra en estructuras de mando de la alianza.
La integración incluye el Joint Force Command Norfolk, que el Reino Unido dirigirá por primera vez. Además del plan de navegación, el Reino Unido vincula el despliegue con ajustes más amplios orientados al Alto Norte. Entre ellos figura la promesa de duplicar los despliegues de tropas en Noruega de 1.000 a 2.000 efectivos. También se menciona el compromiso de elevar el gasto en defensa al 2,6% del PIB a partir de 2027.
Firecrest incorpora lecciones de la misión global de portaaviones de 2025, que registró más de 1.000 salidas de F-35 con más de 30 naciones asociadas. Ese antecedente se presenta como verificación de la preparación del grupo de ataque para la misión y de su alineación con la OTAN. Bajo esa continuidad, la misión de 2026 busca combinar presencia sostenida, coordinación aliada y protección de infraestructuras. El enfoque conecta disuasión marítima y resiliencia operacional.
En conjunto, las medidas integran la disuasión en el Atlántico Norte con la protección de infraestructuras submarinas, la preparación de la alianza y la coordinación multinacional del mando. Mediante aviación embarcada sostenida, integración con fuerzas aliadas y estructuras de mando de la OTAN, junto con vigilancia marítima persistente, el Reino Unido pretende mantener abiertas, supervisadas y con capacidad de defensa las rutas críticas entre América del Norte y Europa frente a coerción o agresión oportunista.
