Las Fuerzas Aeroespaciales Rusas desplegaron aviones de ataque pesado MiG-31I armados con misiles balísticos Kinzhal en un ejercicio sobre el mar de Japón, donde las tripulaciones pusieron a prueba sus capacidades de reabastecimiento en vuelo. Moscú dio amplia difusión a la misión y subrayó el alcance adicional que aporta el apoyo de cisternas, una capacidad que permite a estas aeronaves mantenerse en patrulla sobre un corredor marítimo clave entre Japón, la península de Corea y el Pacífico.
El despliegue adquiere un peso estratégico mayor por la reducción de fuerzas estadounidenses en la zona, incluidos medios relevantes de defensa antimisiles. Ese movimiento ha alterado el equilibrio regional en perjuicio de los intereses del Bloque Occidental y de sus aliados, en un momento en que Rusia exhibe con más frecuencia sus sistemas de ataque de largo alcance en el extremo oriental.
El MiG-31I lleva una versión aerolanzada del misil balístico 9K720 del sistema terrestre Iskander-M. Ese armamento ya fue utilizado en combate contra distintos objetivos de alto valor en la guerra de Ucrania. El aparato que lo transporta también ocupa un lugar singular dentro de la aviación militar: el MiG-31 sigue siendo el caza con mayor velocidad y techo operativo del mundo, características que aumentan la energía del misil en el momento del lanzamiento.

Junto con el anterior MiG-25, es además el único avión de combate con velocidad de crucero superior al doble de la velocidad del sonido. Su diseño permite sostener un crucero de Mach 2,35, lo que facilita traslados rápidos a grandes distancias y refuerza su utilidad en teatros extensos como el Pacífico.
Aunque las variantes interceptoras del MiG-31 están presentes en esa región desde 1982, las configuradas como portadoras de misiles balísticos no habían mostrado antes una presencia relevante en el área. Esa diferencia marca un cambio en el perfil del despliegue ruso en el Pacífico, donde ahora aparece una plataforma asociada a ataques de largo alcance y a una capacidad de penetración más difícil de contener.
A estos MiG-31 adaptados para misiles balísticos se les atribuyó en mayo de 2023 la primera destrucción documentada de un sistema de defensa aérea MIM-104 Patriot de fabricación estadounidense. Más adelante, a comienzos de octubre de 2025, funcionarios ucranianos y occidentales citados por el Financial Times afirmaron que los ataques con misiles lanzados desde estas aeronaves se habían vuelto mucho más difíciles de interceptar.
Japón y Corea del Sur dependen en gran medida del Patriot para su defensa aérea. Sin embargo, fuerzas estadounidenses retiraron una parte importante de esos sistemas y de sus interceptores de bases regionales para responder al alto desgaste registrado en Oriente Medio desde el 28 de febrero. Esa reducción aumenta la atención sobre cualquier despliegue ruso que combine alcance, velocidad y maniobrabilidad en un entorno donde la cobertura antimisiles perdió densidad.

Los Kinzhal siguen trayectorias semibalísticas y pueden ejecutar maniobras complejas durante el vuelo, un comportamiento que complica su interceptación. A eso se suma la mejora incorporada al MiG-31I en 2023, cuando recibió capacidad de reabastecimiento en vuelo. Esa modificación amplió su radio de acción y le dio más tiempo de espera antes del lanzamiento.
En octubre de 2025 se confirmó además que estas aeronaves habían atacado objetivos ucranianos desde bases situadas en lo profundo del territorio ruso, con apoyo de aviones cisterna Il-78. Ese esquema operativo les permitió cubrir mayores distancias y permanecer más tiempo en el aire antes de disparar sus misiles.
Los MiG-31I están bajo el Mando de Aviación Estratégica junto a los bombarderos Tu-22M, Tu-95MS y Tu-160, por lo que reciben acceso prioritario al apoyo de cisternas. Esa ventaja amplía todavía más su alcance de ataque y refuerza su valor dentro de la estructura de disuasión rusa.
Se prevé que la cantidad de MiG-31 adaptados para portar misiles balísticos siga creciendo con rapidez a medida que más fuselajes almacenados sean reacondicionados y modernizados al nuevo estándar. De concretarse esa expansión, las defensas antimisiles del Bloque Occidental y de sus aliados enfrentarán una presión mayor frente a una flota rusa más numerosa y con mayor capacidad de ataque a larga distancia.
