El Su-25, conocido por su resistencia, sigue activo pero expone debilidades frente a sistemas modernos de defensa aérea.
Diseño del Su-25 y diferencias clave frente al A-10
El Sukhoi Su-25, identificado por la OTAN como “Frogfoot” y apodado “Grach” por los pilotos rusos, fue desarrollado con el objetivo de proporcionar apoyo aéreo cercano (CAS) a unidades terrestres. Aunque comparte esta función con el A-10 Thunderbolt II estadounidense, sus diseños reflejan enfoques militares distintos entre la Unión Soviética y Estados Unidos durante la Guerra Fría.
En Estados Unidos, el A-10 priorizó la supervivencia bajo fuego enemigo, con blindaje y sistemas redundantes. En contraste, el Su-25 se enfocó en la maniobrabilidad, velocidad y simplicidad operativa, atributos que le han permitido mantenerse en servicio durante más de cuarenta años en diversos escenarios de conflicto.
El programa de desarrollo comenzó en la década de 1960, cuando el Ministerio de Defensa soviético identificó la necesidad de un avión específico para CAS. En 1969, el equipo de Sukhoi, liderado por Oleg Samoilovich, presentó el prototipo T-8, que voló por primera vez el 22 de febrero de 1975.
Tras cinco años de pruebas, la producción comenzó en 1978 en la planta de Tbilisi. El Su-25 fue desplegado oficialmente en 1981 en Afganistán, donde fue evaluado en condiciones de combate reales.
Capacidades técnicas y resistencia estructural del Su-25
En términos de estructura, el Su-25 es más compacto que el A-10. Su peso vacío es de 10.740 kg y su peso máximo al despegue alcanza los 17.600 kg. Se impulsa con dos motores R-95Sh sin postcombustión, capaces de alcanzar 950 km/h de velocidad máxima y una tasa de ascenso de 58 m/s.

Su diseño prioriza vuelos a baja altitud. Dispone de un radio de combate de 375 km y puede llegar hasta los 7.500 km con tanques externos. Los tanques de combustible autosellantes internos suman 3.600 litros, complementados por cuatro tanques PTB-1500 externos para mayor alcance.
El Su-25 requiere pistas cortas: 750 metros para despegar y 600 metros para aterrizar, permitiéndole operar cerca del frente. Esta flexibilidad operativa ha sido crucial en escenarios de combate donde la infraestructura es limitada.
El fuselaje incluye una cabina blindada de titanio de entre 10 y 25 mm de espesor. A esto se suman sistemas redundantes que incrementan sus probabilidades de retorno tras recibir daños en misiones de apoyo cercano.
Datos operativos del Su-25 y comparativa técnica con el A-10
- Velocidad máxima: 950 km/h (Su-25) frente a 700 km/h (A-10)
- Carga útil: 3.600 kg (Su-25) frente a 7.260 kg (A-10)
- Peso máximo al despegue: 17.600 kg (Su-25) frente a 22.680 kg (A-10)
- Armamento principal: GSh-30-2 de 30 mm (Su-25) vs. GAU-8/A Avenger de 30 mm (A-10)
- Cabina blindada de titanio en ambos modelos
Experiencia en combate desde Afganistán hasta Ucrania
Durante la guerra soviética en Afganistán, entre 1981 y 1989, los Su-25 realizaron más de 60.000 salidas. El avión demostró capacidad para regresar pese a impactos por fuego terrestre y artillería antiaérea ligera.
La introducción de misiles Stinger suministrados por Estados Unidos expuso una debilidad crítica: la carencia de contramedidas efectivas contra MANPADS. Aproximadamente 23 unidades fueron derribadas, lo que obligó a modificar tácticas operativas.

Estas adaptaciones incluyeron vuelos a mayor altitud y uso intensivo de bengalas para confundir sensores infrarrojos. A pesar de estas mejoras, las limitaciones tecnológicas frente a amenazas modernas siguen presentes.
El Su-25 continuó en uso tras la disolución de la Unión Soviética y fue exportado a países como Irak, Georgia, Angola y Perú. En total, se fabricaron 1.024 unidades entre 1978 y 2017.
El rol actual del Su-25 en la guerra de Ucrania
Desde el inicio de la invasión a Ucrania en febrero de 2022, el Su-25 ha sido parte activa de las operaciones rusas. Según fuentes como Oryx, al menos 31 unidades han sido derribadas hasta la fecha.
El uso de sistemas antiaéreos occidentales como Stinger ha aumentado significativamente el riesgo operacional. Imágenes difundidas en redes sociales han documentado varias de estas bajas.
Rusia ha intentado reducir estas pérdidas mediante escoltas de cazas Su-34, que brindan cobertura frente a amenazas aéreas y terrestres. Estas formaciones buscan mejorar la supervivencia del Su-25 en entornos hostiles.
Algunos incidentes han sido especialmente relevantes, como la captura de un piloto ruso en febrero de 2022 y la muerte del mayor general retirado Kanamat Botashev en mayo del mismo año tras ser alcanzado por un Stinger mientras pilotaba un Su-25.

Comparación de modernizaciones y perspectivas futuras
En cuanto a protección, el Su-25 depende de su agilidad y velocidad para evitar impactos, a diferencia del A-10, que está diseñado para resistirlos mediante blindaje y redundancia.
El A-10 ha recibido mejoras tecnológicas significativas, incluyendo municiones guiadas JDAM y sistemas de guerra electrónica avanzados. El Su-25SM incorpora actualizaciones en aviónica y armamento, pero no alcanza el mismo nivel de modernización.
Analistas militares han puesto en cuestión la efectividad del Su-25 en escenarios contemporáneos. Su diseño visible y velocidad limitada lo convierten en un blanco fácil para misiles guiados con tecnología actual.
Pese a estas limitaciones, el Su-25 sigue operativo y ha sido empleado también en tareas no combativas, como demostraciones aéreas. Su permanencia dependerá de cómo se adapte su uso a un entorno militar dominado por sistemas de alta tecnología.