La Fuerza Aérea de Ucrania opera cazas Su-27 de origen soviético y ha utilizado esta plataforma de forma continua desde 1991 hasta la actualidad con un enfoque estrictamente militar y técnico: defensa antiaérea, intercepción y, desde 2022, misiones de supresión de defensas antiaéreas y ataque de precisión con armamento occidental integrado ad hoc. El periodo analizado comprende desde la recepción de material soviético en 1991 hasta su empleo en la guerra a gran escala iniciada por Rusia en 2022 y su situación operativa actual.
Tras la disolución de la URSS, Ucrania recibió decenas de Su-27 en variantes de superioridad aérea Su-27S y Su-27P, además del biplaza de entrenamiento Su-27UB. Estimaciones abiertas sitúan la recepción inicial en torno a siete decenas de células. La flota disminuyó por ventas, accidentes, canibalización para repuestos y conservación prolongada con baja financiación durante las décadas de 1990 y 2000. En el recuento previo a la invasión a gran escala, el anuario World Air Forces de FlightGlobal registró 26 Su-27 en el inventario ucraniano para 2022, mientras la edición de 2025 consigna 23 aparatos activos. Otras estimaciones académicas y de fuentes abiertas habían señalado, en el periodo inmediatamente previo a la guerra, del orden de tres decenas de cazas efectivamente servibles.
El estado de operatividad quedó condicionado por el envejecimiento estructural, la restricción presupuestaria histórica y la imposibilidad de recurrir a repuestos de origen ruso desde 2014. Antes de 2022, mandos y personal citados en prensa especializada ucraniana describieron una recuperación parcial de la actividad gracias al aumento del gasto, aunque con promedios de horas de vuelo anuales por piloto significativamente inferiores a los estándares de la OTAN. Este marco explica la coexistencia de células en vuelo, unidades en mantenimiento mayor y otras almacenadas para canibalización.
Ucrania utiliza las variantes Su-27S, Su-27P y Su-27UB, junto con modernizaciones locales designadas Su-27S1M, Su-27P1M y Su-27UB1M (y evoluciones), ejecutadas principalmente por plantas nacionales de reparación. Los trabajos publicitados incluyeron la adaptación de navegación y comunicaciones a normas civiles y de la OTAN (VOR/DME, ILS/DME y transpondedor conforme a OACI), la incorporación de posicionamiento por señales GLONASS/GPS y mejoras en elementos del radar N001 y de la electrónica de misión. La recepción oficial de ejemplares modernizados quedó documentada a mediados de la década de 2010. Contratos de 2021 acreditan la restauración de módulos del N001, lo que confirma la continuidad de esfuerzos de mantenimiento mayor sobre sensores principales pese a las restricciones de suministro.

Las capacidades técnicas del Su-27 ucraniano se orientan a la defensa antiaérea de punto y de área. En sensores, el radar de impulsos Doppler N001 ofrece búsqueda y ataque contra blancos a baja cota y seguimiento de múltiples objetivos, y el sistema óptico-infrarrojo (IRST) completa el conjunto para combate a corta distancia y más allá del alcance visual. La aviónica de su generación limita el rendimiento relativo frente a cazas modernos. En armamento aire-aire, el equipamiento habitual incluye misiles de medio alcance de la familia R-27 (versiones de guiado radar semiactivo y térmico, según configuración) y misiles de corto alcance R-73, núcleo de sus opciones de intercepción. Desde 2022, esta base heredada se complementa con armamento occidental para misiones concretas.
Entre agosto y septiembre de 2022, responsables de la Fuerza Aérea de Estados Unidos confirmaron el suministro e integración de misiles antirradiación AGM-88 HARM en cazas ucranianos. Medios profesionales detallaron que la adaptación a MiG-29 y Su-27 se completó en un plazo aproximado de dos meses mediante soluciones que permitieron empleo en modos compatibles con la arquitectura original. La incorporación de HARM añadió la opción de atacar emisores de radar y forzar la degradación temporal de la defensa antiaérea rusa durante intervalos tácticos definidos.
Desde el primer trimestre de 2023, Estados Unidos confirmó el envío de conjuntos Joint Direct Attack Munition de alcance extendido (JDAM-ER) y publicaciones especializadas documentaron su uso en Ucrania. La evidencia gráfica y el reconocimiento público mostraron posteriormente Su-27 ucranianos que portaban y lanzaban JDAM-ER, con lo que se añadió capacidad de ataque de precisión con guiado GPS a distancia de seguridad frente a defensas enemigas. El empleo típico consistió en salidas a muy baja cota para reducir la detección, ascenso breve para la liberación en perfiles de lanzamiento a distancia y retirada inmediata, con coordinación con otras plataformas.
En la etapa previa a 2022 (1991–2014), los Su-27 ucranianos se concentraron en defensa antiaérea interna, intercepciones y vuelos de identificación, con limitaciones derivadas de presupuestos restringidos y escasa disponibilidad de repuestos. A partir de 2014, tras la anexión de Crimea y el inicio de la guerra en el Donbás, el aumento del gasto permitió reactivar células almacenadas y elevar la preparación, aunque sin alcanzar los niveles de adiestramiento de fuerzas de la OTAN. El promedio de 40–60 horas de vuelo anuales por piloto descrito en 2019 ilustra esa diferencia.

Desde febrero de 2022, el desempeño operacional de los Su-27 ha quedado condicionado por la densidad y el alcance del despliegue de sistemas de misiles tierra-aire (SAM) rusos —S-300, S-400 y otros—, y por la presencia de cazas con misiles aire-aire de largo alcance. Este entorno obliga a perfiles de vuelo conservadores. Estudios técnicos describen un marco de prohibición mutua que limita las salidas de ambos bandos y penaliza en especial a plataformas con aviónica y misiles para combate más allá del alcance visual de generaciones anteriores. En ese contexto, los Su-27 ucranianos alternan patrullas aéreas de combate, intercepción defensiva y salidas puntuales de ataque a distancia.
Entre los hitos operacionales figura el ataque a baja cota de Su-27 ucranianos contra la Isla de las Serpientes en mayo de 2022, documentado por medios visuales y seguimiento especializado. El episodio demostró la posibilidad de ejecutar bombardeos de oportunidad cuando la situación táctica y la supresión previa lo permitían. Desde 2022, la táctica de empleo ha priorizado la penetración a muy baja altura, la liberación de armamento en perfiles de mínima exposición y la coordinación con aeronaves no tripuladas para reconocimiento y evaluación de daños, con ajustes de procedimientos conforme la defensa rusa incrementó el uso de munición deslizante y sus capacidades de detección.
La exposición a amenazas de largo alcance y la proximidad al frente han producido pérdidas a lo largo de la guerra y también accidentes en misiones de defensa antiaérea. En mayo de 2024, la Fuerza Aérea ucraniana informó de la muerte del teniente coronel Denys Vasyliuk tras la caída de un Su-27 durante la ofensiva rusa en Járkov, hecho recogido por medios ucranianos y fuentes oficiales. Estas incidencias afectaron tanto a células modernizadas como a aparatos en estándares previos.
El balance con otros cazas ucranianos y con los aviones occidentales en proceso de incorporación muestra un reparto de funciones. Frente al MiG-29 —más ligero y con menor radio de combate y carga útil—, el Su-27 aporta mayor autonomía y alcance para patrullas y salidas a distancia, a costa de un mayor esfuerzo logístico. Entre 2023 y 2025, las entregas y promesas de cazas occidentales abrieron una transición en la que el Su-27 mantiene una función transitoria en defensa antiaérea, intercepción y, cuando el entorno lo permite, ataque de precisión con munición guiada de origen occidental. Los anuarios de flota reflejan esa convivencia y FlightGlobal mantiene al Su-27 en el cuadro de 2025.

La evaluación de su desempeño frente a la defensa antiaérea rusa presenta patrones constantes en estudios y crónicas de la guerra aérea: empleo contenido por la densidad de sistemas de largo y medio alcance, adopción de perfiles de vuelo muy bajos, aumento de lanzamientos a distancia y coordinación estrecha con inteligencia de señales para habilitar intervalos de ataque. En ese marco, la integración de HARM en 2022 y de JDAM-ER en 2023 aportó a los Su-27 ucranianos opciones practicables para supresión de defensas y ataque de precisión sin ingresar en zonas de letalidad de S-300 y S-400.
En el ámbito logístico y de mantenimiento, los Su-27 han requerido canibalización de células y fabricaciones locales de componentes tras el corte de suministros rusos. Contratos públicos documentan la reparación de elementos del radar y la sustitución de equipos de comunicaciones y navegación. Los límites de vida de célula y la fatiga estructural obligaron a priorizar células con margen remanente, en paralelo al sostén de aparatos biplaza para conversión operativa. La disponibilidad real de la flota depende de la rotación entre mantenimiento mayor, actividad operativa y reserva técnica.
La dimensión humana y cultural del arma también forma parte del historial del Su-27 en Ucrania. Unidades de demostración y pilotos de referencia asociaron la imagen pública del caza a exhibiciones y desfiles en la década previa, mientras que durante la guerra a gran escala los comunicados oficiales informaron de forma nominal sobre pérdidas y misiones defensivas. En 2024, el caso del teniente coronel Vasyliuk figuró entre los episodios reseñados por medios generalistas y especializados, con referencias a su experiencia previa y a la aeronavalidad de la unidad.
En el plano internacional, análisis de institutos especializados coinciden en que la guerra ha quedado marcada por la restricción operativa de la aviación tripulada debido a la densidad de defensas, y en que la adaptación de municiones occidentales a cazas de diseño soviético permitió a Ucrania compensar de forma parcial esa limitación. La documentación accesible sobre la integración de HARM y la disponibilidad de JDAM-ER confirma que el Su-27 ucraniano se emplea hoy como interceptor y como plataforma para supresión de defensas y ataque de precisión a distancia, dentro de un marco de riesgos elevados y en una transición más amplia hacia flotas occidentales.
