El 28 de enero de 2026, al menos tres cazas F-16 de la Fuerza Aérea Turca aterrizaron en el Aeropuerto Internacional Aden Adde de Mogadiscio. En los días siguientes, vídeos en redes sociales mostraron un F-16 al despegar con poscombustión y otro aparato al volar a baja cota sobre la capital somalí. Ankara basó cazas tripulados en Somalia.
Funcionarios citados por AFP dieron contenido político al despliegue. Dos de ellos afirmaron que el contingente turco operaría los aviones y no personal somalí, y uno encuadró la decisión en “nuestra propia seguridad”. Esa fórmula conectó el gesto militar con la presencia turca en Mogadiscio desde 2017 y con Al Shabaab.
El ministerio de Defensa turco había creado el marco institucional para un componente aéreo permanente. En diciembre de 2025, el ministro Yaşar Güler declaró que Ankara había “establecido recientemente” un Air Task Command en Somalia con helicópteros utilitarios y de ataque, dentro de un paquete de entrenamiento, asesoría y apoyo. El ministerio no detalló cifras ni un orden de batalla.
Aun sin esos datos, Güler describió un mando operativo capaz de integrar plataformas distintas bajo un esquema común de control. Esa descripción encaja con la transición que reflejaron la llegada y los vuelos observados de los F-16. La señal no dependió de un anuncio formal sobre el despliegue, sino de imágenes operativas y confirmaciones atribuidas a autoridades somalíes.
El despliegue de un F-16 exige infraestructura y apoyo sostenido. La operación requiere pista apta, combustible de aviación, seguridad perimetral, depósitos para armamento, talleres de mantenimiento, repuestos y personal técnico, además de enlaces de comunicaciones para coordinar con controladores y con inteligencia de vigilancia. The War Zone afirmó que el aeropuerto habría recibido trabajos previos.
The War Zone añadió que los vuelos observados parecieron pruebas iniciales. En Mogadiscio, el aeropuerto funciona junto al perímetro donde operan misiones internacionales y donde Turquía mantiene una base de entrenamiento, lo que reduce fricción para instalar un destacamento con apoyo orgánico. Ese entorno facilita un despliegue con logística y seguridad integradas.
La ruta hacia los F-16 pasó por acuerdos firmados y por una agenda económica recogida en comunicados y declaraciones. En febrero de 2024, un funcionario del ministerio de Defensa turco comunicó un compromiso de apoyo a la seguridad marítima somalí para proteger aguas territoriales y combatir actividades “ilegales e irregulares”, según Reuters, dentro de un acuerdo de cooperación de defensa y economía.
Ese reporte de Reuters recordó que Ankara entrenaba fuerzas somalíes desde hacía más de una década y que Turquía operaba su mayor base exterior en Mogadiscio. En marzo de 2024, el Ministerio de Energía turco anunció un acuerdo intergubernamental con Somalia para exploración y producción de hidrocarburos en bloques terrestres y marítimos, y Bayraktar adelantó el envío de un buque sísmico.
En julio de 2024, Reuters informó de un paso adicional: Recep Tayyip Erdogan presentó ante el Parlamento una moción para autorizar el despliegue de fuerzas turcas, incluida la marina, en apoyo a la prospección frente a la costa somalí. Esa secuencia trazó una cadena de protección con marco legal, despliegue naval y una capa aérea con mayor reacción.
A comienzos de 2026, la agenda energética avanzó hacia la operación sobre el terreno. Reuters reportó el 2 de enero de 2026 la intención turca de enviar en febrero el buque de perforación Cagri Bey para la primera exploración en aguas profundas de Turquía en el extranjero, con Somalia como destino. Ese calendario añadió presión sobre la cadena de protección.
En paralelo, Erdogan anunció el 30 de diciembre de 2025 planes para iniciar perforación costa afuera en 2026 y añadió un “puerto espacial” en Somalia, sin detalles técnicos. Ese conjunto colocó activos de alto valor —plataformas marítimas, infraestructura portuaria, instalaciones de mando— en un país donde el Estado somalí depende de socios externos para sostener capacidades militares sostenidas.
El entorno regional también cambió. Reuters atribuyó a Erdogan la calificación de “ilegal e inaceptable” para el reconocimiento formal de Somalilandia por Israel, durante una comparecencia junto al presidente somalí Hassan Sheikh Mohamud. La región ya acumulaba tensiones por el memorando que Etiopía firmó con Somalilandia en 2024 para acceder al mar y establecer una base naval.
Somalia denunció ese proceso como violación de soberanía. Associated Press informó que Turquía medió entre Etiopía y Somalia mediante rondas de conversaciones técnicas en Ankara para encauzar la disputa. En ese tablero, la llegada de cazas turcos a Mogadiscio coincidió con mediación diplomática, proyectos estratégicos y una presencia militar en crecimiento.
La trayectoria somalí de Turquía comenzó antes de los acuerdos energéticos. En 2017, Turquía abrió en Mogadiscio una base valorada en $50 millones, con capacidad para entrenar y alojar en torno a 1.000 soldados a la vez y con un objetivo declarado de formar a más de 10.000 militares somalíes, según Reuters. Al Jazeera citó 1.500 plazas de entrenamiento.
Esa infraestructura, conocida como TURKSOM, consolidó un vínculo operacional que arrancó con asistencia civil y formación y terminó por crear unidades somalíes adiestradas bajo estándares turcos, además de un contingente turco permanente en la capital. En años posteriores, Ankara amplió el repertorio con sistemas no tripulados y con apoyo directo en distintas tareas.
Un análisis del Atlantic Council situó la cooperación militar con Somalia como un eje central y consignó el uso de drones contra Al Shabaab junto a otros socios, con un recuento de ataques confirmados desde 2022. En 2025, The Washington Post señaló que la reducción de apoyo estadounidense abrió espacio para que Turquía incrementara suministro de drones, presencia y asistencia.
La entrada del F-16 no sustituyó esa capa; el despliegue añadió un escalón de potencia y disuasión que permite patrullas, alertas rápidas y respuesta más inmediata desde una pista controlada por el aliado. El movimiento también encaja con una pauta más amplia de despliegues exteriores citada por Reuters y por análisis especializados.
Reuters recordó que Turquía anunció en 2015 un plan para establecer una base en Qatar, dentro de un acuerdo de defensa firmado en 2014, con un contingente previsto y componentes de entrenamiento. Reuters también indicó que Turquía sostuvo la presencia en Libia como misión prolongada y que en diciembre de 2025 la Gran Asamblea extendió el mandato por dos años.
Reuters consignó en 2023 el envío de comandos turcos a Kosovo a petición de la OTAN para reforzar KFOR. Un análisis de CSIS, publicado en diciembre de 2025, enumeró despliegues turcos en Qatar, Libia y Somalia como parte de un perfil global en expansión. Esa proyección combina presencia bajo acuerdos bilaterales y decisiones parlamentarias.
En Irak y Siria, Ankara mantuvo además un patrón de operaciones transfronterizas como telón de fondo doctrinal. Reuters indicó en enero de 2024 la existencia de una franja tampón de 15 a 30 kilómetros en la frontera con Irak y la continuidad de campañas aéreas y terrestres contra el PKK. Ese marco integra bases, mandos avanzados y logística propia.
A comienzos de febrero de 2026, la evidencia pública permaneció en lo observable: vuelos de prueba, presencia confirmada por funcionarios y un aeropuerto civil-militar donde Turquía instaló un componente aéreo que ya incluía helicópteros bajo un mando anunciado semanas antes. La cuestión operativa inmediata apunta al sostenimiento: duración, rotación, repuestos y coordinación con drones y fuerzas terrestres somalíes.
