El portaaviones nuclear USS Gerald R. Ford entró en el mar Mediterráneo en las últimas horas tras avanzar desde el Atlántico hacia el estrecho de Gibraltar, en una maniobra que coloca al mayor buque de guerra del mundo en la ruta más directa hacia Oriente Medio en medio del pulso entre Washington y Teherán. El movimiento, visible en plataformas de seguimiento marítimo, acompaña la orden presidencial de reforzar la presencia naval estadounidense mientras la Casa Blanca evalúa opciones militares contra Irán.
Donald Trump dispuso la semana pasada el envío del grupo de ataque del Ford para sumarlo al despliegue que ya opera en el área bajo el Mando Central de Estados Unidos, con el objetivo declarado de aumentar la capacidad de respuesta ante una escalada y, llegado el caso, sostener operaciones prolongadas. El presidente vinculó el incremento de fuerzas al estado de las conversaciones sobre el programa nuclear iraní y a la posibilidad de actuar con fuerza si no hay acuerdo.

El jueves, Trump endureció el mensaje público y fijó un plazo de “10 a 15 días” para alcanzar un entendimiento, bajo la advertencia de que, “de lo contrario, pasan cosas malas”. También afirmó que la capacidad nuclear iraní quedó “diezmada” tras los bombardeos del año pasado y añadió que Estados Unidos “podría tener que ir un paso más allá, o podría no hacerlo”.
Teherán respondió con una advertencia formal dirigida al secretario general de Naciones Unidas: Irán no iniciará una guerra, pero responderá “de forma decisiva y proporcional” si sufre una agresión militar, y considerará “objetivos legítimos” a bases, instalaciones y activos estadounidenses en la región. En paralelo, el pulso diplomático continuó tras una ronda de contactos indirectos en Ginebra, donde Washington y Teherán mantuvieron posiciones alejadas en asuntos clave; un alto funcionario estadounidense indicó que Irán entregará una propuesta por escrito para abordar las preocupaciones de Estados Unidos.

El despliegue naval estadounidense ya incluye al portaaviones USS Abraham Lincoln y buques de escolta que entraron en el área del Mando Central a finales de enero, ampliando la capacidad de defensa de fuerzas estadounidenses y el margen para eventuales ataques de precisión. La administración también movió aviones de combate y sistemas de defensa antiaérea, y los asesores de seguridad nacional recibieron un calendario que apunta a completar el conjunto del despliegue hacia mediados de marzo.
El Gerald R. Ford navegaba en el Caribe con sus escoltas y participó este año en operaciones vinculadas a Venezuela, en una misión que prolongó su presencia en el mar desde junio de 2025 y que alteró una planificación inicial orientada a Europa. Un responsable estadounidense calculó que el portaaviones necesita al menos una semana para llegar al teatro de operaciones de Oriente Medio desde su posición de partida, un tránsito que suele incluir escalas logísticas, reabastecimientos y coordinación con unidades ya desplegadas.

Como buque cabeza de su grupo de ataque, el Ford puede embarcar más de 75 aeronaves, incluidos cazas F/A-18 Super Hornet y aviones E-2 Hawkeye para alerta temprana y control aéreo, y opera con radares diseñados para gestionar tráfico aéreo y navegación en un entorno de alta densidad de operaciones. La escolta incorpora capacidades antiaéreas, antisuperficie y antisubmarinas, pensadas para proteger al portaaviones y sostener ataques a larga distancia con misiles y aviación embarcada.
El tránsito por el Mediterráneo abre una fase de aproximación al área de Irán en la que el grupo del Ford todavía debe completar varios días de navegación antes de situarse en condiciones de operar, mientras Washington combina el aumento de la presión militar con una ventana diplomática limitada por el plazo anunciado desde la Casa Blanca.
