Eli Sharabi, recientemente liberado tras meses de cautiverio en Gaza, forjó un fuerte vínculo con Alon Ohel, de 24 años, mientras ambos y otros dos israelíes soportaban condiciones inhumanas de hacinamiento.
“Desde el primer momento lo adopté”, declaró Sharabi en una entrevista con el programa “Uvda” del Canal 12. “Pasábamos cada minuto juntos. Conozco todo sobre él y su familia”.
Durante su encierro, los rehenes se apoyaron mutuamente, pero la separación fue devastadora. Ohel quedó profundamente afectado al enterarse de que Sharabi y otros dos compañeros, Or Levy y Eliya Cohen, serían liberados.
El 8 de febrero, cuando Sharabi y Levy fueron liberados, Ohel se aferró desesperadamente a su amigo, negándose a soltarlo hasta que un guardia intervino por la fuerza. “Hubo momentos de histeria”, relató Sharabi, agregando que tardó quince minutos en calmarse. “Me dijo que estaba feliz por mí. Le prometí que no lo dejaría allí. Lucharé por él”. Dos semanas después, Cohen fue liberado, dejando a Ohel solo en cautiverio.
Sharabi, quien perdió más de 30 kilogramos durante su reclusión, describió la brutalidad de sus captores. Los rehenes permanecían encadenados con hierro, eran golpeados y humillados, y sobrevivían con una única ración diaria de pasta. El hambre era insoportable, y recibir un dátil seco o un pequeño trozo de pan se sentía como una victoria.
Según su testimonio, los rehenes percibían lo que ocurría en el exterior por la actitud de sus secuestradores. “Las declaraciones de los líderes israelíes tienen mucho poder”, explicó. “Cualquier comentario irresponsable, los primeros en recibirlo éramos nosotros. Si decían que no alimentaban a sus prisioneros, nosotros no comíamos. Si decían que los golpeaban, nos golpeaban. Si no se duchaban, nosotros tampoco”.
El 7 de octubre de 2023, Sharabi fue secuestrado en su hogar en el kibutz Be’eri. No tuvo acceso a información hasta después de su liberación, cuando supo que su esposa, Lianne, sus hijas, Noiya y Yahel, y su hermano habían sido asesinados en el ataque de Hamás.
A pesar del dolor, expresa gratitud por los años que pasó con su familia. “No estoy enojado”, afirmó. “Tuve suerte de tener a Lianne durante 30 años y a mis hijas increíbles durante años”.