Tras el impacto de un misil iraní en Soroka y la campaña aérea de junio de 2025, la red sanitaria reorganiza camas, refugios y traslados.
Del estado de emergencia de junio de 2025 a planes de continuidad bajo misiles
Ante un escenario que incluye misiles de largo alcance y una campaña prolongada con Irán, los hospitales israelíes ajustan su funcionamiento para sostener atención continua. La planificación no parte de una hipótesis: el 19 de junio de 2025, un misil iraní golpeó el Centro Médico Soroka, en Beersheba, y dañó áreas completas de un hospital que atiende a cerca de un millón de personas en el sur del país.
A partir de ese episodio, el Ministerio de Salud, los grandes centros públicos y las redes privadas priorizaron una línea de trabajo común. La estrategia apunta a mantener camas disponibles, proteger quirófanos, asegurar circuitos críticos y disponer rutas rápidas de traslado entre hospitales antes de una nueva ronda de ataques. Esa hoja de ruta también ordena el modo de sostener admisiones, cirugías y cuidados intensivos cuando la amenaza externa obliga a reducir movilidad.
La secuencia quedó definida el 13 de junio de 2025, cuando Israel inició una campaña aérea contra objetivos en Irán y el país activó un estado de emergencia. En pocas horas, los hospitales trasladaron salas enteras a estacionamientos subterráneos, reubicaron pacientes complejos y usaron transporte de cuidados intensivos para mover enfermos que no admitían demoras. Entre esos traslados figuraron recién nacidos prematuros, con circuitos internos que debieron operar sin interrupciones.

Al mismo tiempo, el gobierno elevó la alerta sanitaria al máximo con el fin de acelerar el traslado de servicios esenciales a áreas protegidas y de reducir la presión externa sobre los centros. Esa reducción se apoyó en limitar visitas y en postergar consultas no urgentes. Con el despliegue, cada institución comprobó tiempos de traslado internos, continuidad eléctrica y capacidad de operar con dotaciones reducidas dentro de espacios fortificados, bajo un criterio de prioridad asistencial.
Medidas operativas que el sistema prueba y consolida para activación rápida
- Traslado de salas completas a estacionamientos subterráneos y reubicación de pacientes complejos con transporte de cuidados intensivos.
- Limitación de visitas y postergación de consultas no urgentes para reducir presión externa y sostener recursos críticos.
- Evacuación de plantas expuestas, triaje de ingresos y priorización de casos con riesgo vital tras un impacto directo.
- Rutas rápidas de traslado entre hospitales y acuerdos de transferencia para redistribuir internaciones ante daños parciales.
- Reserva de quirófanos para trauma, neurocirugía, cirugía vascular y obstetricia de emergencia cuando aumenta el riesgo externo.
El impacto en Soroka y el uso de protocolos de evacuación y triaje

El 19 de junio de 2025 el plan pasó a una fase de ejecución forzada. El misil que alcanzó Soroka impuso un modo de trabajo que hoy se repite en simulaciones, con evacuación inmediata de plantas expuestas, cierre de sectores inutilizados, triaje de ingresos y priorización de casos con riesgo vital. El hospital trasladó pacientes a una instalación subterránea pocas horas antes del impacto, lo que redujo el número de heridos.
Aun así, la explosión destruyó salas, dispersó escombros y obligó a limitar la actividad a lo imprescindible. El Ministerio de Salud confirmó decenas de heridos, en su mayoría lesiones leves y crisis de pánico durante el desplazamiento hacia refugios. Mientras equipos de rescate inspeccionaban edificios y pasillos dañados, el hospital sostuvo admisiones acotadas y ajustó su actividad clínica a los sectores que mantuvieron condiciones seguras.
Tras doce días de ataques cruzados, la guerra terminó con un alto el fuego impulsado por Washington, pero el sistema sanitario mantuvo como norma una planificación orientada a operar bajo ataques. La campaña aérea israelí comenzó el 13 de junio y alcanzó cientos de objetivos; Irán respondió con salvas de misiles y drones. El cierre llegó cuando ambas partes aceptaron una pausa condicionada a la ausencia de nuevos ataques, con criterios operativos que no se desactivaron del todo.
Durante ese periodo, los hospitales asumieron funciones que excedieron la práctica clínica habitual. Los servicios esenciales continuaron con decisiones médicas sujetas a requisitos de protección física del personal y de los pacientes, además de un criterio que reservó capacidad para responder a eventos con múltiples víctimas. Ese aprendizaje reforzó la idea de sostener atención continua con márgenes de absorción, aun cuando la infraestructura quede bajo presión por impactos o restricciones.
Infraestructura subterránea, gases medicinales y logística para sostener atención

Para sostener la continuidad, la preparación combina infraestructura física y protocolos operativos. Cuando un hospital traslada su actividad al subsuelo, además de camas requiere redes de gases medicinales, vacío, oxígeno y aire comprimido; tableros eléctricos redundantes; y comunicaciones internas y externas con tolerancia a cortes. Ese traslado también exige control de accesos, circuitos estériles para cirugía y recuperación, e insumos que no pueden quedar expuestos.
La operación en áreas protegidas incluye imagenología y laboratorio con recorridos protegidos para muestras, además de logística para fármacos, sangre y material descartable. Ese esquema ya existía antes de la guerra con Irán: en octubre de 2023, un gran centro del norte habilitó un hospital subterráneo de varios niveles tras una solicitud del Ministerio de Salud. La instalación permitió operar durante escaladas en la frontera y recibir pacientes cuando la superficie quedaba expuesta.
Esa experiencia sirvió de base para manuales que ahora priorizan la conversión rápida de estacionamientos en plantas clínicas. Los documentos ordenan puntos de conexión preparados para monitores, ventilación y bombas de infusión, con criterios de activación que buscan reducir el tiempo entre la alerta y el funcionamiento completo. La intención consiste en sostener circuitos críticos sin improvisación, aun si una primera andanada afecta accesos, ascensores o áreas de tránsito.
En el funcionamiento cotidiano, la preparación se organiza como gestión de camas y de flujos asistenciales. Los directores hospitalarios revisan listados de pacientes que pueden continuar tratamiento en el domicilio con seguimiento ambulatorio, suspenden cirugías electivas cuando aumenta el riesgo externo y reservan quirófanos para trauma, neurocirugía, cirugía vascular y obstetricia de emergencia. Con ese orden, el sistema intenta preservar capacidad para un aumento repentino de heridos.
Camas, personal y cooperación público-privada ante un riesgo que sube en 2026

La mayor demanda se concentra en medicina interna y en unidades con alta carga de comorbilidades, porque ese grupo requiere más tiempo de enfermería y más recursos de oxigenoterapia. El hospital necesita preservar esos recursos para absorber un pico de heridos, con criterios de priorización que combinan gravedad y disponibilidad de áreas protegidas. A esa presión se suma la disponibilidad de personal, ya que la red de guardias necesita refuerzos sostenidos cuando aumentan los turnos.
Los planes incluyen alojamientos cercanos para turnos prolongados y capacidad de trasladar especialistas entre regiones cuando una periferia recibe más impactos o cuando un hospital queda parcialmente fuera de servicio. En febrero de 2026, la planificación vuelve a centrarse en ese factor limitante combinado: camas, personal y protección física dentro de un mismo cálculo. Con esa base, los centros preparan cambios rápidos de operación sin interrumpir servicios esenciales.
La preparación incorpora un componente crítico: la cooperación entre hospitales públicos y privados para absorber pacientes cuando parte de la red pública carece de protección estructural suficiente. En el norte de Tel Aviv, un centro privado habilitó un hospital subterráneo con capacidad aproximada de 200 camas para recibir hospitalizados derivados desde instituciones con menor fortificación. Además, mantuvo quirófanos protegidos en superficie para cirugías largas y complejas cuando la ciudad opere con restricciones.
Para esa puesta en marcha, el proyecto exigió instalar electricidad, gases medicinales y comunicaciones en niveles subterráneos, además de formalizar acuerdos de transferencia de pacientes orientados a activación rápida ante una orden de emergencia. Ese esquema se intensifica de nuevo en 2026 por el riesgo de represalias y de escaladas. En Washington, la administración estadounidense fijó mediados de marzo como horizonte para completar el despliegue militar en la región, mientras mantiene conversaciones indirectas con Irán sobre el expediente nuclear, un calendario que Israel sigue de cerca.
