Hessy Levinsons Taft, judía cuya imagen infantil circuló por la Alemania nazi como modelo de bebé ario, murió la semana pasada en su domicilio de San Francisco, informó The New York Times. Tenía 91 años y su historia se convirtió en una paradoja emblemática del delirio racial nazi.
En 1934, con apenas seis meses de vida, sus padres, cantantes de ópera judíos originarios de Letonia y residentes en Berlín, encargaron un retrato profesional de su hija. El fotógrafo elegido fue Hans Ballin, conocido entonces por su trabajo artístico en la capital alemana.
Ballin inscribió la fotografía en un certamen nazi que buscaba al bebé ario ideal. Joseph Goebbels, jefe de propaganda del régimen, eligió la imagen, que apareció en la portada de la revista Sonne ins Haus, órgano afín al nacionalsocialismo y destinado al consumo familiar alemán.
La fotografía se reprodujo de forma masiva en revistas, anuncios publicitarios, postales y hogares de todo el país, convirtiendo el rostro de la niña judía en un símbolo visual del ideal racial promovido por el Tercer Reich durante aquellos años de consolidación del poder nazi.
Al enfrentar al fotógrafo, los padres de Taft recibieron una explicación inesperada. Ballin admitió conocer el origen judío de la niña y afirmó que envió la imagen como una burla destinada a revelar el carácter absurdo de las teorías raciales nazis, según recoge su obituario en The Times.
Taft contó a Reuters en 2014 que valoró el coraje del fotógrafo por desafiar a su propio gobierno sin ser judío. “Fue una ironía que necesitaba ser expuesta”. Para ella, el gesto representó un acto silencioso de desafío frente a una ideología criminal.
La experiencia aterrorizó a sus padres, que temieron una ejecución si la verdad salía a la luz. Por ello, mantuvieron a la niña casi siempre dentro de casa y evitaron exponerla en público, con la determinación absoluta de proteger el secreto detrás de la famosa fotografía.
Taft hizo pública la historia en 1987 en el libro “Muted Voices: Jewish Survivors of Latvia Remember”, de Gertrude Schneider. Con el tiempo, el episodio se transformó en motivo de orgullo personal y lo definió como una forma de “buena venganza”.
En una entrevista con la revista Tablet en 2022 declaró: “Ahora puedo reírme de ello, pero si los nazis hubieran sabido quién era yo realmente, no estaría viva”. La frase resume la fragilidad de su supervivencia bajo aquel sistema de exterminio.
Aunque la familia residía en Berlín por sus carreras operísticas, las leyes antijudías no les afectaron inicialmente al ser ciudadanos letones. Aun así, abandonaron Alemania en 1937 y pasaron por varios países antes de instalarse en Nueva York en 1949.
Taft estudió química en Barnard y Columbia y trabajó más de tres décadas en el Educational Testing Service de Princeton, donde supervisó exámenes de Advanced Placement. A los 66 años enseñó química en la Universidad St. John’s y estudió sostenibilidad hídrica.
En 1959 se casó con Earl Taft, muerto en 2021. Le sobreviven su hermana Noemi Pollack, sus hijos Nina y Alex Taft, y cuatro nietos, según informó su familia tras su muerte.
