La Justicia argentina investiga la desaparición de una pintura robada por nazis en 1940, que apareció en un anuncio inmobiliario de una casa en mar del Plata perteneciente a la hija de un exfuncionario del Tercer Reich, y que no se encontró durante un allanamiento policial el 26 de agosto de 2025. El cuadro, titulado Retrato de una dama, del pintor italiano Giuseppe Ghislandi, formó parte de la colección de un marchante judío en Ámsterdam, Jacques Goudstikker, cuya galería sufrió saqueo durante la ocupación nazi en Países Bajos.
La obra, valorada en cientos de miles de dólares, se vio en fotografías de un aviso de venta publicado por la inmobiliaria Robles Casas & Campos, pero desapareció antes de que las autoridades la recuperaran, lo que genera sospechas de ocultamiento. Los herederos de Goudstikker anunciaron un reclamo judicial para su restitución, en un caso que resalta el legado de arte expoliado por el nazismo y su refugio en América del Sur.
El fiscal federal Carlos Martínez dirige la pesquisa bajo la figura de presunto encubrimiento por contrabando, tras el allanamiento en la vivienda de Patricia Kadgien, hija del nazi Friedrich Gustave Kadgien, en el barrio Parque Luro de mar del Plata. Durante la operación, la Policía Federal secuestró bocetos, grabados con referencias alemanas, un fusil y un revólver calibre 32 sin documentación, pero la pintura no apareció en el lugar. La disposición de los muebles cambió respecto a las imágenes del anuncio, lo que sugiere un movimiento deliberado de la obra. Patricia Kadgien, profesora de yoga, no respondió a consultas de la prensa y se espera su declaración ante los tribunales.
El descubrimiento ocurrió a inicios de agosto de 2025, cuando periodistas holandeses del diario Algemeen Dagblad, Cyril Rosman y John van den Oetelaar, junto con el corresponsal Peter Schouten, rastrearon la fortuna de Kadgien en el marco de los 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. Al buscar propiedades de las hijas de Kadgien en Argentina, encontraron el anuncio de venta de un chalet de 209 metros cuadrados por 265.000 dólares, donde la pintura presidía la sala de estar en una fotografía clara.
La inmobiliaria retiró el aviso tras el reporte, pero la imagen permitió a expertos confirmar su autenticidad preliminar. Annelies Kool y Perry Schrier, de la Agencia de Patrimonio Cultural de Países Bajos, afirmaron que las dimensiones coinciden con registros de archivo y no existe razón para considerarla una copia, aunque se requiere examinar el reverso para verificar etiquetas originales.
La pintura mide 119,5 centímetros de alto por 89 de ancho, un óleo sobre lienzo que representa a una condesa italiana, según identificaciones históricas. Su último registro data de 1946, cuando se mencionó a Goudstikker como propietario y a Kadgien como comprador, en documentos de posguerra. Jacques Goudstikker poseía una galería con más de 1.100 piezas, incluidas obras de Rembrandt y Johannes Vermeer, que atrajeron la atención de los nazis tras la invasión de Países Bajos en mayo de 1940. Goudstikker intentó escapar con su familia en el barco SS Bodegraven, pero murió al caer por una escotilla durante la travesía. Dos meses después, el banquero alemán Alois Miedl y el mariscal Hermann Göring adquirieron la colección a precios inferiores al valor de mercado, en una venta forzada que historiadores clasifican como saqueo.
Friedrich Gustave Kadgien, nacido en 1907 y muerto en 1978 en Buenos Aires, integró las SS desde 1935 y actuó como experto financiero del nazismo, con vínculos directos a Göring. Se dedicó a extorsionar comerciantes judíos en Ámsterdam y acumuló diamantes y obras de arte durante la ocupación. Tras la derrota alemana, huyó a Suiza, luego a Brasil y finalmente a Argentina, donde fundó empresas como Imhauka en Río de Janeiro y Buenos Aires, que ocultaron fondos nazis estimados entre 1.000 y 3.000 millones de marcos. Documentos aliados lo describen como un “mago de las finanzas nazis” y uno de los más buscados por los aliados. En Argentina, Kadgien se estableció como empresario y transmitió bienes a sus hijas, incluida la propiedad en mar del Plata.
Marei von Saher, nuera de Goudstikker y de 81 años, lidera la búsqueda de las obras perdidas desde finales de los años noventa. En 2006, recuperó 202 piezas tras una disputa legal con el Estado neerlandés, pero piezas como esta permanecieron desaparecidas. Von Saher declaró que el objetivo familiar consiste en restaurar el legado de Goudstikker mediante la recuperación de cada pieza robada. El caso podría extenderse en tribunales si los poseedores actuales rechazan la devolución voluntaria, similar a otros reclamos de arte nazi.
Investigadores de la Agencia de Patrimonio Cultural neerlandesa identificaron otra obra potencialmente saqueada, un bodegón floral de Abraham Mignon, en perfiles de redes sociales de las hijas de Kadgien, aunque su origen exacto se examina aún. El saqueo nazi afectó miles de obras en Europa, con estimaciones de 100.000 piezas aún no restituidas, muchas en América Latina debido a la fuga de jerarcas como Kadgien. Argentina albergó a numerosos nazis tras 1945, facilitados por redes de escape como la de Juan Domingo Perón, lo que explica la presencia de bienes robados en el país.
La Convención de Washington de 1998 establece principios para la restitución de arte saqueado por nazis, que guían reclamos como este. Países Bajos y Argentina cooperan en investigaciones de patrimonio cultural, aunque procesos legales demoran años por pruebas de propiedad y buena fe de poseedores. Expertos internacionales, como los del Museo del Holocausto en Washington, monitorean el caso para documentar patrones de dispersión de arte nazi.
La desaparición de la pintura tras su exposición pública complica la recuperación, pero registros fotográficos sirven como evidencia en el expediente judicial. Periodistas involucrados destacan el rol de la tecnología digital en hallazgos inesperados, ya que anuncios en línea exponen bienes ocultos sin intención. Schouten describió el momento como surrealista, al no esperar un resultado tan directo en la investigación. La familia Kadgien mantuvo silencio sobre el pasado de su padre.
La resolución del caso dependerá de pruebas forenses si la pintura reaparece, incluidas análisis de pigmentos y marcas de galería originales. Mientras tanto, la Justicia argentina avanza con testimonios y peritajes, en coordinación con autoridades neerlandesas. Este episodio contribuye a la documentación histórica del expolio nazi, que afectó no solo bienes materiales sino legados culturales de víctimas del Holocausto. La búsqueda de justicia en arte robado persiste como recordatorio de crímenes de guerra no prescritos.