Multitudes de sirios salieron a las calles de Damasco para rechazar los intentos de las autoridades de limitar la venta y el consumo de alcohol, en una señal de la inquietud que crece en la capital ante la posibilidad de que el nuevo gobierno islamista recorte libertades laicas arraigadas durante décadas.
Cientos de vecinos de distintas confesiones religiosas se concentraron en una plaza con césped de Bab Touma, un barrio cristiano de la ciudad, donde corearon “¡Los sirios están unidos!” y alzaron carteles con demandas para que el gobierno proteja las libertades personales y a las minorías religiosas.
“Esto no se trata de si queremos beber alcohol, se trata de la libertad personal”, dice Isa Qazah, un escultor de 45 años de la zona que participa en la protesta entre los callejones medievales de piedra próximos a la Ciudad Vieja de Damasco. “Hemos venido aquí para defender una idea”.
El despliegue de seguridad fue amplio. Efectivos fuertemente armados rodearon a los manifestantes, aunque la movilización se desarrolló sin incidentes.
La polémica comenzó la semana pasada, cuando el gobernador de Damasco emitió un decreto que prohíbe “el suministro de bebidas alcohólicas de todo tipo en restaurantes y clubes nocturnos” en toda la capital. El texto fija un plazo de tres meses para que los restaurantes retiren sus cartas de vinos y para que los propietarios de bares y clubes cambien sus licencias por permisos de cafetería.
La medida, que según las autoridades se adoptó “a petición de la comunidad local”, apareció en un momento en que el gobierno interino del exrebelde islamista y ahora presidente Ahmed al-Sharaa enfrenta más presión de los sectores más duros para imponer valores religiosos conservadores. Sharaa no se ha pronunciado en público sobre la disputa en torno al alcohol.
