Un grupo de expertos de la Universidad Hebrea de Jerusalén y del Ministerio de Sanidad desarrolló un procedimiento innovador que facilita la identificación de las especies de mosca de arena responsables de la leishmaniasis, una infección parasitaria que afecta tanto a personas como a animales domésticos y silvestres.
El estudio, publicado en la revista revisada por pares PLOS Neglected Tropical Diseases, fue dirigido por el profesor Gad Baneth, quien presentó una técnica capaz de distinguir especies de moscas de arena, detectar el parásito leishmania y determinar la fuente de sangre del insecto usando un único ejemplar. Baneth, titular de la Cátedra Rybak-Pearson en Medicina Veterinaria de la Universidad Hebrea, también trabaja en el Laboratorio de Entomología del Ministerio de Salud.
“Ahora podemos reemplazar los métodos tradicionales, costosos y que consumen mucho tiempo para rastrear el viaje del parásito desde animal a insecto y luego a humano, con una precisión sin precedentes”, dijo Baneth.
El nuevo método ofrece a las autoridades sanitarias y a los veterinarios una herramienta eficaz para controlar la expansión de la leishmaniasis —conocida en Israel como “Rosa de Jericó”—, cuya incidencia, según el Ministerio de Sanidad, se ha incrementado notablemente durante los últimos quince años.
La enfermedad, común en zonas áridas del país, provoca lesiones o úlceras cutáneas y ha afectado recientemente a numerosos soldados israelíes durante la guerra contra Hamás en Gaza.
La mosca de arena, transmisora del parásito, representa un problema sanitario global, explicó Baneth, pues los recursos diagnósticos siguen siendo escasos para garantizar una vigilancia efectiva. La infección proviene de parásitos del género Leishmania, transmitidos a través de la picadura de estos diminutos insectos.
Los animales como perros, jerbos y ratas de arena actúan como reservorios naturales del parásito. Al alimentarse de ellos, la mosca absorbe el microorganismo con la sangre. Si más tarde pica a un ser humano, introduce el parásito en la piel y desencadena la enfermedad.
La forma cutánea, la más frecuente en Israel, causa úlceras en zonas expuestas como cara y extremidades, señaló el Ministerio de Sanidad. Aunque los tratamientos tópicos o inyectables alivian los síntomas, las lesiones resultan dolorosas pese a no poner en riesgo la vida.
En contraste, la variante visceral, provocada por otra especie del parásito y presente en regiones de India y África, puede resultar mortal en el 95 % de los casos sin tratamiento, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), que calcula entre 700.000 y un millón de nuevos casos anuales.
“Esta es una forma mortal de la enfermedad que infecta a niños, bebés y también a personas inmunodeprimidas”, dijo Baneth.
El equipo examinó unas 2.000 moscas de arena recolectadas en Israel, identificando doce especies del insecto, cuatro de Leishmania y veinticinco fuentes distintas de sangre, entre ellas gatos, vacas, hiráxes de roca y liebres.
Para el análisis genético, los científicos aplicaron la técnica HRM-PCR (reacción en cadena de la polimerasa de fusión de alta resolución), que permite examinar el ADN del insecto. Al calentarse, las cadenas de ADN se separan a diferentes temperaturas, lo que posibilitó detectar tres elementos clave de la enfermedad, explicó Baneth.
“Podemos determinar la especie de la mosca de arena, qué animal o humano ha sido alimentado, y también la presencia del parásito leishmania, al mismo tiempo”, dijo Baneth.
Por primera vez, los investigadores lograron reunir toda esta información mediante una única prueba.
“Este ensayo cubre todo a la vez. Es bastante rápido y puede dar resultados en pocas horas”, señaló Baneth, quien destacó la utilidad práctica del método.
“Si, por ejemplo, las FDI quieren abrir una nueva base, o una industria quiere abrir una nueva planta en algún lugar del desierto, podemos indicarles dónde hay moscas de arena o parásitos de leishmania endémicos de la zona”, afirmó el investigador.
La veterinaria Eva Baixauli Algaba, de la ONG Daktari Andorra, que trabaja en Uganda en proyectos sobre leishmaniasis visceral, elogió la propuesta. En una declaración escrita aseguró que “con una sola prueba de HRM podríamos identificar la especie de mosca de arena, determinar de qué animal se alimentaba y detectar si transmite leishmanía”.
“Es un enfoque muy prometedor”, añadió, señalando que espera aplicarlo en África para acelerar la detección y proteger a las comunidades más expuestas.
La identificación precisa y rápida de los vectores infectados y de los animales portadores, concluyó Baneth, permite “anticipar” las zonas de riesgo y “proteger tanto a las poblaciones animales como humanas”.
