Investigadores de la Universidad de Tel Aviv aseguran que los relojes inteligentes con capacidad de detectar biomarcadores podrían ser claves para prevenir la propagación de enfermedades contagiosas, e incluso para evitar futuras pandemias a nivel mundial.
“Un diagnóstico temprano puede resultar crucial para inducir cambios en el comportamiento, como la reducción de los contactos sociales en los momentos de mayor contagio”, indicaron el profesor Dan Yamin, director del Laboratorio de Epidemiología Digital y Análisis de Salud, y el profesor Erez Shmueli, director del Laboratorio de Big Data. Ambos lideraron un equipo de investigadores en Israel y la Universidad de Stanford.
El estudio, realizado durante dos años, se centró en tres enfermedades infecciosas: COVID-19, gripe y estreptococo del grupo A (GAS). Los resultados fueron publicados recientemente en la revista científica Lancet Regional Health – Europe, luego de un proceso de revisión por pares.
Además, los investigadores revelaron que las personas, aunque ya presentaban síntomas, tendían a posponer la realización de pruebas diagnósticas, lo que provocaba la transmisión de la enfermedad en ese intervalo crucial.
Los hallazgos evidencian una brecha significativa en la gestión oportuna de enfermedades infecciosas y podrían contribuir a mejorar las estrategias de salud pública, según explicaron los expertos.
Compararon el control de las enfermedades infecciosas con la detección temprana de incendios forestales, destacando que la intervención temprana es esencial en ambos casos. Las enfermedades contagiosas suelen iniciarse de manera silenciosa y no se manifiestan hasta que aparecen síntomas clínicos visibles.
En ese tiempo, las personas deben decidir cómo modificar sus interacciones sociales y cuándo acudir a las pruebas y al tratamiento.

Para el estudio, 4.795 israelíes mayores de 18 años utilizaron relojes inteligentes que monitoreaban continuamente parámetros fisiológicos clave como la frecuencia cardíaca y el pulso. Estos biomarcadores proporcionaron información valiosa sobre los sistemas más importantes del cuerpo, el corazón y el cerebro, señaló Yamin.
“En situaciones de enfermedad, el sistema inmunológico capta la mayor atención. Sin embargo, el cerebro, que consume constantemente oxígeno a través del sistema cardiovascular, refleja cambios inmediatos en la frecuencia cardíaca ante cualquier alteración en nuestro estado de salud”, explicó.
Además de los relojes inteligentes, los participantes respondieron diariamente encuestas sobre su estado físico y mental, detallando cualquier síntoma específico que pudieran estar experimentando. También se les proporcionaron kits de pruebas caseras para detectar las tres enfermedades, que podían usar a su discreción.
Durante los dos años que duró el estudio, se recopilaron 800.000 cuestionarios, cuyos datos se cruzaron con los de los relojes inteligentes. En total, se registraron 490 episodios de gripe, 2.206 de COVID-19 y 320 de estreptococo del grupo A.
A partir de estos datos, los investigadores construyeron modelos especiales para identificar tres puntos críticos en el tiempo tras la exposición a una enfermedad infecciosa.
Por ejemplo, en casos de COVID-19, se observó que la frecuencia cardíaca de los pacientes comenzó a cambiar 96 horas después de la exposición al virus.

Sin embargo, no fue hasta 34 horas después que las personas comenzaron a notar síntomas, y pasaron otras 64 horas antes de que se realizaran una prueba casera que confirmara la infección. “Durante ese periodo, las personas continuaron interactuando socialmente, propagando el virus”, explicó Shmueli.
En promedio, los individuos realizaron la prueba y cambiaron su comportamiento una vez que la enfermedad había alcanzado su punto máximo, lo que reducía significativamente las posibilidades de infectar a otros, agregó Shmueli. También se detectaron retrasos similares en la realización de pruebas para gripe (68 horas de promedio) y GAS (58 horas).
“El tiempo que transcurre entre el diagnóstico digital y la realización de la prueba es sumamente crítico”, subrayó Shmueli.
El diagnóstico digital puede reducir considerablemente la propagación de enfermedades, ya que las personas podrían modificar su comportamiento social en etapas más tempranas de la infección, afirmó Yamin. Si esto sucediera, una persona con COVID-19, que normalmente contagiaría a tres personas, podría transmitir la enfermedad a menos de una, lo que detendría la propagación y evitaría la próxima pandemia.
La detección precoz no solo es importante para prevenir contagios, sino también para garantizar un tratamiento eficaz. Los tratamientos actuales para COVID-19, por ejemplo, son más efectivos cuando se administran en las primeras fases, previniendo complicaciones graves, hospitalizaciones y muertes.
Las enfermedades infecciosas representan uno de los mayores riesgos de catástrofes globales, según Yamin. El constante desplazamiento de personas facilita la propagación de nuevas enfermedades alrededor del mundo.
“La tecnología moderna ofrece herramientas para enfrentar este riesgo y diseñar mejores estrategias de salud pública”, concluyeron los investigadores.
Los relojes inteligentes, aunque son una tecnología relativamente nueva, poseen un enorme potencial. Con el desarrollo continuo de sensores portátiles más sensibles y precisos, podrían convertirse en una herramienta fundamental para prevenir futuras pandemias, aseguró Yamin.