Keir Starmer no ha pronunciado en público una sola palabra negativa sobre Donald Trump, pero esa actitud no se refleja ahora. El presidente de Estados Unidos critica al primer ministro británico por su falta de disposición a respaldar los ataques estadounidenses-israelíes contra Irán, en una disputa que agita la relación que Starmer trabajó por consolidar.
El enfrentamiento añade presión a unos vínculos transatlánticos ya debilitados por la política exterior de “America first” de Trump y su enfoque transaccional. “Esta era la relación más sólida de todas. Y ahora tenemos relaciones muy sólidas con otros países de Europa”, dijo Trump al tabloide británico The Sun en una entrevista publicada el martes.
“Quiero decir, Francia ha estado genial. Todos han estado geniales”, añadió Trump. “El Reino Unido ha sido muy diferente de los demás”. “Es muy triste ver que la relación obviamente no es lo que era”, afirmó. Starmer bloqueó al inicio el uso de bases británicas por aviones estadounidenses para los ataques contra Irán que comenzaron el sábado.

Más tarde, Starmer aceptó que Estados Unidos use bases en Inglaterra y en Diego García, en el océano Índico, para atacar los misiles balísticos de Irán y sus lugares de almacenamiento, pero no para golpear otros objetivos. Tras el impacto de un dron fabricado por Irán en la base británica de Akrotiri, en Chipre, Starmer insistió en que el Reino Unido “no se sumará a acciones ofensivas”.
El líder británico formuló además una reprimenda poco habitual, aunque implícita, al asegurar que su gobierno no cree en un “cambio de régimen desde los cielos”. “Cualquier acción del Reino Unido debe tener siempre una base legal y un plan viable y bien pensado”, dijo Starmer a los legisladores en la Cámara de los Comunes el lunes.
“El presidente Trump ha expresado su desacuerdo con nuestra decisión de no involucrarnos en los ataques iniciales, pero es mi deber juzgar qué está en el interés nacional de Gran Bretaña”, añadió Starmer. El Financial Times describió el episodio como el “momento Love Actually” de Starmer, en alusión a una escena del filme de 2003.

La tensión entre ambos dirigentes se acumuló durante meses. A comienzos de este año, Starmer y otros líderes europeos denunciaron la amenaza de Trump de apoderarse de Groenlandia. Más recientemente, Trump criticó el acuerdo del Reino Unido para entregar las islas Chagos, donde se ubica la base de Diego García, a Mauricio, pese a que su administración había respaldado antes el pacto.
Peter Ricketts, exjefe del Ministerio de Asuntos Exteriores del Reino Unido, dijo al periódico The Observer que, bajo Trump, “los estadounidenses han renunciado de facto a cualquier esfuerzo por ser coherentes con el derecho internacional”. Esa posición marca una línea roja para Starmer, abogado y exfiscal jefe de Inglaterra y Gales, que se define por el respeto a la legalidad.

La disputa supone un golpe para la estrategia de Starmer de acercarse a Trump desde el regreso del presidente al cargo en 2025. El gobierno británico organizó una visita de Estado con honores como invitado del rey Carlos III, y Starmer elogió de forma constante los intentos de Trump —hasta ahora infructuosos— de negociar el fin de la guerra entre Rusia y Ucrania.
La guerra con Irán también fracturó a los líderes europeos, situados entre la condena y el respaldo. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, dijo que aprueba sin reservas la decisión de Trump de atacar Irán y matar a su líder supremo, y calificó la guerra de crucial para la seguridad de Europa.
El Reino Unido, Francia y Alemania declararon de forma conjunta que no participaron en los ataques, aunque dijeron estar preparados para facilitar “la acción defensiva necesaria y proporcionada para destruir la capacidad de Irán de disparar misiles y drones desde su origen”. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, condenó los ataques como “injustificables” y “peligrosos”.

Las encuestas indican que muchos británicos se muestran escépticos sobre la justificación estadounidense para la guerra. Al mismo tiempo, dirigentes situados a la derecha del Partido Laborista criticaron a Starmer por no sumarse a la ofensiva. La líder conservadora Kemi Badenoch dijo que su partido “respalda que Estados Unidos tome esta acción necesaria contra el terrorismo patrocinado por el Estado”.
El ministro de Exteriores, Stephen Doughty, rechazó que la “relación especial” entre Estados Unidos y el Reino Unido esté al borde de la ruptura. “Nuestra relación con Estados Unidos es fuerte”, dijo el martes en la Cámara de los Comunes. “Ha perdurado, sigue perdurando y perdurará en el futuro tanto en el ámbito económico como en el de la seguridad”.